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Victor Virgós
Publicada el 15-11-2011 07:28 4 2

El cazador cazado

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Arnold se convierte en esta historia en el cazador cazado por su profesora de inglés

MARION VÖLLER ES UNA PROFESORA DE ALEMÁN EN LA ESCUELA OFICIAL DE IDIOMAS DE MADRID

Arnold extendío las fotografías grotescas de sus diecinueve víctimas en la impecable mesa de mármol de su provisional estudio de Madrid, ubicado en la céntrica calle Leganitos.

La estela del horror perpetrado era tan difusa como una burbuja de jabón que desaparece a los pocos segundos de su avistamiento. Era la suya una huella abstrusa, deslavazada, que desvinculaba a las víctimas, las aleaba en un galimatías sin sentido, sin ensambles ni trabazón.

Contempló sus rostros exánimes: cuatro varones negros de Rhodesia, Burundi y Costa de Marfil, tres venezolanas viudas que habían dejado la senectud a la vuelta de la esquina, dos alemanes jubilados oriundos de la ciudad de Essen, 5 camareras gallegas y cuatro asistentas del hogar lusas.

Poco importaban esas víctimas, u otras, lo único que hacía aletear su proclividad a cometer asesinatos era la incontenible la adrenalina eyectada, el juego macabro de la persecución, el acoso y el acto final con resultado de deceso para la víctima.

Elegidas al azar, diferentes, irrelevantes, inconexas, como una jerga callejera y grosera y un vocablo operístico, cantado sobre un escenario de París, las víctimas formaban parte de los desvaríos de megalomanía de un estudiante británico sin residencia fija ni pasado rastreable llamado Arnold Hasselhoff.

Mientras sorbía un humeante té de jazmín frente al televisor, donde Errol Flynn evocaba tiempos mejores con su primera interpretación cinematográfica en "El Capitán Blood", tomó entre sus manos la fotografía que le había hecho días atrás a su madura y hermosa profesora de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas, Marion Völler.

"Tu eres la siguiente... ¿Preparada para morir?

La fotografía se combó ligeramente, como si asumiese, el rostro plasmado en el papel, su cruel destino inaplazable.

Arnold Había seguido sus pasos desde hacía ya dos semanas. Vivía sola, a las afueras de El Escorial, en una inmensa casa de piedra con una extensa área ajardinada y un invernadero.

Apenas recibía visitas y se pasaba las horas y los días, después de sus clases, trabajando afanosamente en su invernadero.

"Marion Völler era una fanática de la jardinería y la botánica, probablemente, pensó Arnold con socarronería, del mismo modo que yo lo soy del homicidio..."

Guardó las fotografías en una carpeta que había llamado irónicamente "Eventos de difuntos y asuntos póstumos" y salió con las llaves de su Toyota Yaris.

Dió un portazo y tomó el ascensor para dirigirse a su coche. No había ni un alma en el garaje; eran las 06:00 de la mañana de un Domingo primaveral y glorioso.

Condujo deprisa, cambiando de carril, por el mero hecho de adelantar a otros vehículos y tocar el claxon repetidas veces mientras observaba el rostro airado o estupefacto de los conductores que iba dejando atrás como si fuesen hormigas haraganas.

A lo lejos venía a toda velocidad una brigada de la policía nacional. Redujo momentáneamente y fingió que miraba a la carretera con toda atención, como si le fuese la vida en ello. Cuando desaparecieron de su campo visual volvió a acelerar y encendió la radio.

"Un debate sobre la pecaminosa decisión gratuita e impune del aborto.... dos clérigos carcamales condenaban abiertamente su repulsa, mientras una adolescente quinceañera narraba entre llantos incontenibles cómo había sido atacada por un desconocido en los baños de una discoteca. Como resultado de semejante atrocidad quedó encinta...."

Arnold se sintió tentado de cambiar de sintonía, pero a los pocos segundos se dibujó en su rostro una sonrisa malévola. Escucharía a aquella cuadrilla singular, no tenía nada mejor que hacer... hasta que llegara a su destino para trocear en pedacitos a la hiperbólica Marion Völler...

Más sobre

La muchacha había abortado, aquel suceso la había dejado marcada, destrozada, hundida como una montaña de azúcar fina que se desploma cuando la azota el vendaval.

A menos de 800 metros vió la respingona figura cónica de una chimenea gris encajada sobre un pulcro tejado a dos aguas de reluciente teja negra.

Arnold redujo la velocidad y apagó la radio, dejando a uno de los retrógrados servidores del Todopoderoso con la palabra en la boca.

La casa, fabulosa, enorme, emanaba un cierto aire de mansedumbre, como si el tiempo se hubiera detenido al otro lado de una verja verde, donde se agolpaban plantas enredaderas de tonos anaranjados y ocres.

Arnold maldijo su suerte. La verja estaba "fortificada" con un buen surtido de candados y cerrojos. No había manera de franquearla ni de aproximarse a la mansión.

"¿Cuándo demonios has instalado este inesperado sistema de seguridad, Marion?". "Siempre dejabas la verja abierta... hasta hoy... ¿Qué demonios te traes entre manos...?"

Aquella era una contrariedad del todo inesperada... Arnold detestaba las sorpresas, los contratiempos... los reveses de la adversidad sin previo aviso....

Emitió un bufido gatuno que revelaba una furia vehemente y hostil.

Por unos instantes permaneció ante la muralla, impotente, irresoluto... entonces se abalanzó sobre las rejas y trepó hasta la cúspide como una gineta. La verja protestó con un estruendoso crujido.

Arnold Miró en todas direcciones, asustado, fatigado por el esfuerzo... aquella era la peor intrusión de toda su vida en una propiedad ajena.

Comprobó que ningún testigo chismoso casual se hubiera percatado de su ilegal incursión. Entonces, se apresuró hasta el invernadero. No había ni rastro de la profesora....

Alzó la mirada, en su busca. Vio una luz encendida que vomitaba su ténue fulgor a través de las ventanas inferiores, que daban a la cocina.

El dormitorio, justo encima, estaba apagado. Las cortinas, amarillas, estaban echadas. No se veía nada. Se preguntó si Marion se encontraría ahora mismo allí, desnuda, durmiendo plácidamente, bajo suaves sábanas de raso platedas...

CÓLEOS EN EL INVERNADERO DE MARION VÖLLER.

Por unos instantes se sintío tentado de comprobarlo, profanar su cuerpo y su mente, antes de acabar con su vida...

"No... todavía no.... luego, luego profanaré su cuerpo... sin prisas, sin interrupciones ni sobresaltos. Después lo haré pedazos..."

Arnold entró en el invernadero. En seguida le envolvió el penetrante aroma floral de cóleos, rosas, azucenas, camelias, jazmines...

"Pero.... ¡un momento! ¿Qué demonios es estoooo....? "

Arnold se puso en cuclillas y leyó las etiquetas, clavadas en la tierra, junto a los tallos de las distintas especies de plantas.

Donde debía poner "cóleos", decía Eusebio Gaitán, las azucenas eran Amancio Buonarotti, rosas que se llamaban Vicente Bellver, camelias y jazmines... Esteban Muñóz, Alejandro Xalaberría...

"Pero... ¿qué demonios significa esto...?"

Arnold se giró, amedrentado... algo no iba bien en este lugar... la tierra... parecía rebosante, abultada como el vientre de una parturienta...

Entonces la vio, sensual, insinunate, provocativa... había entrado muy despacio, como un fantasma incorpóreo.

No tuvo apenas tiempo de reparar en la amenazante daga...

Su mirada, clavada en el pronunciadísimo escote de su blusa abotonada de color gris, ni siquiera reaccionó ni envió ninguna señal de alarma cuando el brazo de ella se movió con inverosímil rapidez y eficiencia, hundiéndose, con la daga, en su vientre...

ARNOLD HASSELHOFF ES UN ESTUDIANTE BRITÁNICO QUE ESTUDIA ALEMÁN EN LA ESCUELA OFICIAL DE IDIOMAS DE MADRID.

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Comentarios de El cazador cazado

Victor Virgós (15-11-2011 07:34)

Por motivos ajenos a mi voluntad, el texto ha quedado desordenado como un puzzle y, algunos fragmentos del relato se han desplazado, haciéndo más complicada la lectura. Disculpad las molestias. NOTA DEL AUTOR.

Victor Virgós (15-11-2011 07:43)

Y es una pena... de verdad que este relato me había quedado muy aterrador e interesante, si se me permite la humilde observación. Saludos a todos los amigos de Globedia.

SOFÍA (23-11-2011 09:00)

Esta no la había visto... no sé donde estaría me habrá pillado en uno de mis vuelos lástima porque es fabulosoooo que historia tan original. no te preocupes se entiende bien

Victor Virgós (23-11-2011 10:43)

La publiqué hace ya unos días. Me alegro que te haya gustado esta historia del cazador que cae cazado. Saludos
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Autor: Victor Virgós (557 noticias)

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