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El consenso que quiere Zapatero

22/02/2010 13:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

José Luis Valladares

En la mañana del pasado miércoles, día 17 de febrero, Zapatero se vio obligado a someterse en el Congreso a una sesión de control por parte de los otros grupos políticos. La sesión, al menos en el mano a mano con Mariano Rajoy, fue extremadamente dura y puso de manifiesto que tenemos crisis para rato.

Comenzó su discurso Zapatero con las mismas vaguedades que ha venido utilizando desde que, en 2008, reconoció que nuestra economía estaba en crisis. Trató de quitar hierro a la preocupante situación de nuestras cuentas públicas, con frases como esta: "La evolución de la crisis en España no difiere mucho, hasta el momento, de la del conjunto de la zona euro". En todo su discurso, dulcificó en exceso los problemas que nos acucian y procuró mostrar siempre la botella medio llena.

Pasó revista a varios datos negativos de nuestra economía, pero siempre disimulando los perfiles más duros de los datos estadísticos. En el año 2009, dijo, tuvimos un crecimiento negativo de 3, 6%. Sin embargo, añadió, en el último trimestre de ese año, en términos inter trimestrales, ese crecimiento solamente fue del -0, 1%, dato que, según dijo, entra dentro de las previsiones del Gobierno. Es aquí, donde aparece de nuevo el optimismo antropológico de Zapatero, y señala que esto es una señal clara de que la situación evoluciona lentamente hacia un menor deterioro. Esto le lleva a pensar, según manifiesta, que estamos dando pasos seguros, de manera muy clara hacía la recuperación definitiva.

Hasta en cuestión de deuda pública, afirmó, no estamos tan mal. La deuda pública de España en 2009 alcanzó la cifra, según Zapatero, del 54, 3% del PIB. Cantidad notable, pero inferior a la media europea en unos 20 puntos. Para el presidente del Gobierno, esta es una cifra bastante asumible a la que podemos hacer frente sin grandes complicaciones. Y aduce como argumento que solamente vence el 21% en el presente año y que apenas llega al 30% la deuda que está en manos extranjeras.

Los únicos datos que han superado a las previsiones del Gobierno, es el déficit público y el paro. El déficit público en 2009 alcanzó el 11, 4% del PIB, dos puntos por encima de lo que había previsto el Gobierno. Pero esto tiene fácil explicación y se debe, según Zapatero, a tres causas muy concretas y perfectamente planeadas. La primera se debe al "esfuerzo extraordinario y deliberado de inversión pública que hemos hecho para contener la recesión". La segunda, "en el esfuerzo no menos extraordinario y deliberado de gasto social para preservar la cohesión". Y la tercera, por último, "en la caída superior a la prevista de los ingresos".

En cuanto a la tasa de desempleo, utilizó la última Encuesta de Población Activa y reconoce la diferencia notable de nuestra situación con los demás países de la zona euro. Ese 18, 8% de parados a finales de 2009 –la realidad es muy diferente-, confesó Zapatero, representa ya el doble de la media europea. Este quiere decir, continuó el jefe del Ejecutivo, que en los dos últimos años se han perdido 1.800.000 puestos de trabajo. Claro que, para este preocupante dato, también encuentra Zapatero una causa lógica que disculparía al Gobierno: el alto índice de temporalidad del mercado de trabajo, por un lado y, por otro, el brusco ajuste del sector de la construcción.

Está muy claro que José Luis Rodríguez Zapatero, más que analizar nuestra situación económica real, trató de lavar la cara del Gobierno, huyendo de toda responsabilidad personal. La realidad es muy distinta a como la pintó Zapatero el pasado día 17 de febrero. Ahí están, para demostrarlo, las últimas estimaciones del Banco de España, mucho más pesimistas y más acordes con la realidad que las que ofrece nuestro Gobierno. Según el Banco de España, de modo un tanto optimista, señala una contracción del 0, 5% del PIB para el año 2010, frente al 0, 3% que pronostica el ejecutivo. El Fondo Monetario Internacional es aún más pesimista que el Banco de España. El FMI augura para 2010 un descenso de la economía española del 0, 6%. España, según estas previsiones, será la única de las economías desarrolladas que registrará una caída notable del PIB.

La evolución de la deuda pública en España tiene también muy mal pronóstico. Como mínimo, según el Banco de España, nuestra deuda crecerá, durante 2010, por encima de los 12 puntos situándose, al menos, en el 67% del PIB. Con independencia de las manos en que esté, cada vez será más complicado hacer frente a los vencimientos. Nos esperan años mucho más duros que lo que supone Zapatero. Pues debemos tener en cuenta que en España, además del Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, están con enormes deudas las familias, las empresas y hasta los bancos. Las alegrías de la época de las vacas gordas nos pasan ahora esta complicada y costosa factura.

La situación provocada por la insensatez de quien nos gobierna ha inducido a que las empresas reduzcan costes y cargas financieras, con lo que no queda margen para crear empleo. A finales de enero, según la EPA, teníamos 4.048.493 de desocupados. Esta cifra de paro representa el 18, 8% de la población activa. Y Zapatero da por buenas estas cifras de desocupados. Pero una cosa son los datos oficiales, fijados de acuerdo con unos criterios interesados y muy poco fiables, y otra cosa muy distinta es la realidad.

La cifra oficial, por sí sola, es ya para echarse a temblar, pero la realidad es mucho más preocupante. A los 4.048.493 de trabajadores inscritos en las listas del INEM, habría que sumar, al menos, 455.845 parados más que Trabajo oculta en sus estadísticas. Son los trabajadores que participan en los cursillos del INEM y los Trabajadores Eventuales Agrarios. Esto nos daría un total de 4.504.338 personas que se han quedado sin trabajo, con lo que tendríamos una tasa de paro superior al 19, 5%. Está claro que Celestino Corbacho aprovecha muy bien las genialidades de su antecesor Jesús Caldera para camuflar parados.

A estas cifras mareantes habría que añadir los demandantes de primer empleo, que no cuentan como parados, los autónomos que se han visto obligados a cerrar sus empresas, que son excluidos de esas listas y todos aquellos que, desmoralizados por la dificultad para encontrar un empleo, ya no se molestan en inscribirse en las oficinas del INEM. Es revelador el hecho de que en enero pasado solamente se inscribieran en las listas del paro 124.890 personas y, sin embargo, en ese mismo mes, causaron baja en la Seguridad Social 250.000 afiliados. Todo esto nos lleva a pensar que los parados reales sobrepasan abundantemente los 5 millones, lo que es para echarse a temblar.

De poco nos vale que, a estas alturas, Zapatero venga pidiendo árnica. Es un rehén de su propia ineptitud y son muy pocos los que le consideran capacitado para sacarnos de la recesión. La inmensa mayoría piensa que Zapatero, ante todo, es un pesado lastre para nuestra economía. Su mismo anuncio reiterado, desde hace más de año y medio, de que la recuperación económica es inminente, lo único que consigue es decepcionar aún más a los ciudadanos españoles. Son ya muchas las personas que han perdido la fe en las anodinas recetas de un Zapatero sin talante, sin sonrisas y sin credibilidad. "El tren del crecimiento está muy próximo", según dijo al hacer el balance económico de 2009. Y se permitió agregar: "Si hacemos lo que debemos y se aplican con rigor todas las reformas en marcha, este tren aumentará su velocidad hasta adquirir la necesaria para recuperar la creación de empleo".

Cuando Zapatero pronunció esta frase, aún creía en los milagros aunque no creyera en Dios. Ahora da a entender que dejó también de creer en los milagros y busca desesperadamente un pacto o un consenso para tener con quien compartir responsabilidades y salir de ésta lo menos tocado posible. Le agobia verse culpado en exclusiva por los males de nuestra economía. Hasta ahora pensaba que, de la noche a la mañana, cambiarían las tornas sin mayor esfuerzo y sin coste político alguno y entraríamos en la senda de la recuperación. Mientras pensaba esto, según decía, era imposible pactar nada con Rajoy por cuestiones puramente ideológicas. La gloria de la recuperación la quería para él solito. Ahora, sin embargo, cargado de desesperanza, la forma de pensar ya no le impide pactar con el líder del Partido Popular, ya que atisba que se acerca el tiempo de rendir cuentas y exigir responsabilidades. De forma dramática, pide la colaboración de Rajoy, más que para ayudar al Gobierno, para "ayudar al país".

Ni que nos hubieran caído encima, todas juntas, las diez plagas de Egipto, con la llegada de Zapatero a la Moncloa. Su inoperancia y su espera a que le den resuelto el problema, nos ha hundido en lo más profundo de la recesión. Sus medidas anti crisis han sido meramente cosméticas y sin el calado necesario para poner freno a la destrucción de nuestro tejido industrial. De buscar corresponsables que lo haga entre los líderes sindicales que le acompañan en el desaguisado económico montado, y entre los responsables de su propio partido que lo único que sabe hacer es socializar pobreza y miseria.

De nada vale que Zapatero culpe de nuestros males a "aquellos que pusieron en el mercado créditos que no se podían sostener para especular y enriquecerse". Y que llame irresponsable a Mariano Rajoy por que no "arrime el hombro". No sirven de nada sus quejas de que se dude de "la solvencia de las cuentas públicas de España". El único irresponsable aquí es Zapatero, ya que el deterioro de nuestra economía es tan monumental, que solamente tiene arreglo dando la palabra al pueblo. Si quiere poner la primera piedra a la recuperación, que deje a un lado su empecinamiento culpable y que, de una vez, adelante las elecciones generales. Cuanto más tarde en hacerlo, mas tardaremos después en restañar las heridas abiertas y siempre a costa de un mayor dolor.

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