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El misterio de los sueños

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04/12/2022 07:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo sustancial de los sueños es el fondo emocional que los motiva, y el posible mensaje que conllevan

Meses después de haber fallecido mi padre era frecuente que apareciera en mis sueños. Se trataba de sueños en los que nos encontrábamos como charlando agradablemente. Él solía aparecer en la escena con indumentaria deportiva y elegante. Y aunque siempre cuidaba muy bien la presencia antes de salir a la calle, me llamó la atención que se me presentara vestido tan de sport. Todo de blanco, pareciendo el potentado propietario de un yate atracado en el puerto de la ciudad en días de un hermoso tiempo veraniego. Como si, haciendo una travesía de placer, hubiera parado un rato a visitarme. Y luego nos veíamos, yo sentado en la bancada de cubierta y él acomodado en un sillón blanco, sereno, transmitiendo sensación de seguridad. Nadie dudaría al verle que era el dueño y capitán del barco.

Pero lo sustancial de los sueños es el fondo emocional que los motiva, y el que se percibe. En este caso, con mi padre, la gran tranquilidad que él parecía tener y la relajada e íntima satisfacción que ambos sentíamos en nuestros encuentros y aparentes charlas. Y digo aparentes porque me daba la impresión de que no se producían de forma verdadera; aunque movíamos los labios y gesticulábamos acordemente dando esa inequívoca apariencia de diálogo. Lo que en realidad perseguía el sueño era la satisfacción emocional de fondo, y para ello los sueños no siempre necesitan de las palabras. Bastaba con generar la imagen circunstancial del encuentro para que nuestros respectivos sentimientos se me proyectaran. Y a mí, que soy el creador inconsciente de mis sueños, a la vez que espectador y actor, me invadían emotivas sensaciones de un encuentro imposible ya en la realidad.

Aunque tampoco es precisamente el escaso tiempo transcurrido causa fundamental para el desarrollo de un sueño de este tipo. A día de hoy sigo soñando con personas que fallecieron o que no veo desde hace años; familiares, amigos o simples compañeros de trabajo o aficiones. Es suficiente que, de alguna manera y a través de vivencias conjuntas, se generé alguna conexión emocional, simpatía, cariño… Cierta sensación que se escribe de forma química en algún compartimiento de nuestro cerebro subconsciente. Esto es sobre lo que parece que tenemos más certeza en cuanto al misterioso proceso de los sueños, que están relacionados con aspectos emocionales de nuestra existencia.

Muchas experiencias nos hablan también de sueños premonitorios que son avisos de acontecimientos, o bien indicaciones, tanto de personas queridas como desconocidas, y que parecen advertirnos de un peligro para nosotros o para ellas mismas. Yo mismo he vivido varias experiencias de este tipo.

Un extraordinario sueño premonitorio nos lo cuenta Charles Berlittz en El mundo de lo insólito. La protagonista fue la esposa de un comerciante, la señora Ruth Ammer, que durante el sueño de una siesta tuvo la pesadilla de ver cómo un ladrón asesinaba a su marido en la tienda de su propiedad, y luego lo encontró efectivamente muerto por unos atracadores.

También sabemos de sueños que son mensajes, unas veces clarísimos y otras encerrados en más o menos complicados jeroglíficos, para la solución de problemas que nos preocupan intensamente; esto es lo más trascendental y maravilloso. Tal intensidad empuja la cuestión al ámbito de lo emocional en nuestra mente y de alguna mágica manera, el subconsciente encuentra y nos transmite, bien una pista hacia su solución o bien la solución completa. Einstein, por ejemplo, hablaba de cierto sueño que le inspiró en el desarrollo de la teoría de la relatividad, en el cual se vio cabalgando sobre un rayo (velocidad de la luz) por el espacio.

Particularmente tengo sueños de casi todo tipo, y creo poder confirmar que estos misterios del subconsciente siempre están enraizados de alguna manera con nuestras emociones, entre las que se encuentran lógicamente las preocupaciones por amores, familia, circunstancias económicas o de salud.

Los sueños son una de las técnicas más sofisticadas de nuestra herramienta fundamental de supervivencia: el cerebro, cuyas amplias posibilidades son todavía, en buena parte, un gran misterio

A veces la interpretación de un sueño es fácil, pero frecuentemente resulta complicado desentrañar su mensaje. Y en el caso de sueños premonitorios, lo que resulta difícil es distinguir si realmente se trata de eso o solo es el reflejo de alguna de nuestras internas emociones. Yo he llegado a cancelar un viaje que tenía programado tras soñar con ser víctima de un accidente. Sin embargo, la señora Ammer, como la mayoría de las personas cuando tienen pesadillas similares, no fue inmediatamente después de despertarse a visitar a su marido y apercibirle, se dirigió a la tienda horas después al comprobar su tardanza. ¿Qué habría pasado si, confiando en la posibilidad de que el sueño fuera un aviso, se hubiera dirigido a la tienda a advertirle? ¿Le habría hecho caso él?... Suponiendo que la creyera, ¿qué podían hacer?, ¿cerrar el local o avisar a la policía para prevenir el asalto? ¿Y la policía tomaría en serio la alerta de un sueño?... Seguramente no, incluso quizá su marido tampoco, permitiendo inevitablemente que así sucediera y la posibilidad de que ella también fuera asesinada. 

La señora Ammer y yo nos equivocamos en la interpretación de sueños similares. Yo actué impulsivamente ante lo que se trataba tan solo del reflejo de un temor y ella no hizo caso del suyo, que fue un aviso verdadero… ¿Cómo saber con certeza a qué atenerse tras el próximo sueño que nos envuelva en algún peligro? Esto es lo complicado, los sueños no se presentan con etiqueta de autenticidad.

Ciertamente existen los sueños premonitorios, pero es más frecuente que nuestros sueños representen ilusiones, deseos contenidos, temores o conflictos emocionales de cualquier tipo. El subconsciente, entre otras y misteriosas cosas, parece ser un guardián de nuestro equilibrio emocional permitiendo, con su extraña inventiva y curiosas historias, ayudarnos a sobrevivir eliminando ansiedades que consigue desahogar con particular destreza. Veamos un curioso ejemplo de la habilidad del subconsciente para resolver conflictos internos.

Un caballero de gran educación y formación moral sueña que su secretaria mantiene relaciones con un íntimo amigo de él. Se trata de una historia aparentemente ajena, pues aunque se construya en su mente con personajes cercanos, él parece que no forma parte de la misma. ¿Qué sentido y necesidad puede tener para sí mismo la representación de este curioso romance?

La realidad es que es él quien internamente desea la relación con su secretaria. Pero está casado, y la conciencia no le permite esa licencia. Diariamente domina su deseo y obedece a su moral, supera la tentación y el comportamiento con su secretaria es impecable. No sucede nada de particular entre ellos, la relación profesional transcurre con respeto y normalidad, pero ese deseo subyace y supone un riesgo potencial de futuros desequilibrios. Entonces el subconsciente, alarmado, actúa. Crea una película cuya intima vivencia a través del sueño supone un desahogo de la ansiedad: vuelca ese deseo contenido, peligroso para su moral y su vida, en la persona de su íntimo amigo, y el romance se consuma en la vivencia emocional del sueño sin perturbar la propia conciencia, liberando en alguna medida al soñador de esa ansiedad que, de mantenerse mucho tiempo, podría serle dañina. Aquí, el subconsciente usa su particularísima habilidad para calmar ambas cosas, la conciencia y el deseo.

En el caso de los sueños con mi padre tras su fallecimiento, este se me presentaba impecablemente vestido, disfrutando de la lujosa y tranquila vida que reflejaba su aspecto y actitud, en escala de una navegación que es el eterno viaje de placer de su nueva existencia. Y se me aparecía así porque esa era la forma más acorde que el subconsciente encontró entre los recursos de mi mente para, de alguna manera, hacer realidad mi deseo de que él, allá donde esté, en esa otra desconocida dimensión, se encuentre bien y feliz.

Los sueños son una de las técnicas más sofisticadas de nuestra herramienta fundamental de supervivencia: el cerebro, cuyas amplias posibilidades son todavía, en buena parte, un gran misterio, una rica selva de recursos para la vida; en la cual, los sueños intentan compensar la angustia de una realidad imperfecta, la desazón por nuestras carencias, errores, ilusiones y esperanzas. Y de vez en cuando, ayudarnos en la resolución de problemas o avisarnos de algún peligro; aunque no siempre nos percatamos de ello.

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  Imagen, gpointstudio, Freepik


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