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El mundo en el que vivimos

18/08/2013 06:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Resulta casi apoteósico nuestro diario vivir. Una incontenible vorágine nos arrolla sin que siquiera nos percatemos, haciéndonos librar una espectacular batalla, muchas veces en contra de nosotros mismos

 

¡Qué mundo tan loco!. Lamentablemente no se trata de una simple frase o de una apreciación realizada a la ligera.  Si nos detenemos a observar detenidamente el mundo que nos rodea, nos percataremos de que efectivamente el mundo ha enloquecido totalmente.

Cuando pequeña solía reírme al oír a mis mayores vaticinar acontecimientos apocalípticos para los años venideros. De hecho se hablaba del fin del mundo como algo inminente.

Pase muchas noches en vela pensando en que joven acabaría mi vida al llegar el año 2000. En mis fantasías de entonces, el temor dominaba mi futuro un tanto incierto.

Pero hemos sobrevivido al año 2000 y también al 2012, y seguramente la humanidad seguirá sobreviviendo por los siglos de los siglos. Aunque dado el presente que vivimos no sé exactamente en las condiciones que lo hará.

No hemos tenido ningún tipo de escrúpulos en cargarnos la naturaleza. Hemos sido capaces de lograr un cambio climático como consecuencia directa de los despropósitos que impunemente hemos llevado a cabo. Hemos agrandado el agujero de ozono, el planeta se ha ido calentando y estamos logrando que los grandes iceberg vayan derritiéndose, aumentando de esta forma el caudal de los océanos y ríos, exponiéndonos a que en un futuro ciudades enteras puedan quedar bajo agua. La naturaleza no cesa de enviarnos telegramas urgentes solicitando socorro. Muchas especies de animales han sido casi extinguidas de la faz de la tierra gracias también a la mano del hombre. Vivimos respirando  aire contaminado y sin embargo seguimos contaminándolo.

Hasta nuestra propia anatomía hemos sido capaces de estropearla… Tabaco, drogas, alcohol o todo mezclado  para pasarlo mejor.

Los jóvenes de hoy en día sufren de una enfermedad muchas veces letal, se llama “aburrimiento o hastío”. Algunos se auto proclaman generación “ni – ni”. Ni trabajan ni estudian. Muchos lo hacen obligados por una realidad calamitosa que ha sumergido a la gran mayoría de la población mundial empobreciéndola y haciéndola más vulnerable.

Pero también existen aunque en menor volumen, jóvenes que estudian, que intentan construirse un porvenir sólido, pero que sin embargo la realidad mundial los está obligando o a emigrar en busca de  oportunidades en el extranjero, o quienes han acabado una carrera exitosamente y se ven obligados a aceptar  trabajos mediocres, mal pagados y por lo general que no corresponden a su perfil.

Si bien esta realidad no es la peor, la más cruda es la que viven millones de personas diseminadas por todo el globo terráqueo que “mal viven” sufriendo hambruna, desnutrición, enfermedades, pobreza extrema… ¡qué triste comprobar que la especie humana se ha hecho inmune al dolor ajeno!. Sabemos a ciencia cierta que existen en la India, en África, en America Latina… pero nos cruzamos de brazos como si estuviéramos viendo una aburrida película. Es la realidad de otros, no nos llega ¿porque?. Sinceramente se me ocurren muchas respuestas, pero ninguna me gusta.

Como tampoco me gusta la violencia que se está gestando en países como Egipto, Israel, Pakistán, Irak, etc. Etc. Seguramente esté pensando que esto no es ninguna novedad, que llevan decenios enteros conviviendo con el fantasma de la guerra, la destrucción, el terrorismo, la guerrilla o el fanatismo religioso. Así es efectivamente, pero ¿Por qué no se puede frenar tanto dolor, tanta desolación?. Estamos hablando de seres humanos de carne y hueso al igual que nosotros mismos. Personas que también tienen sueños y esperanzas, que poseen familia, ilusiones… Sin embargo despiertan cada día con la inestabilidad cubriendo su piel. No saben se sobrevivirán, si saldrán a la calle y regresaran a sus casas, Los que la tienen. Desconocen si sus hijos tendrán un plato de comida para alimentarse, o si contraerán alguna epidemia incontrolable, de esas que en el mundo occidental ya está controlada, pero que sin embargo para millones de personas aún es una quimera.

En pleno siglo XXI aún podemos ver pasajes del antiguo testamento representado en determinados sectores de la población que aún viven en el pasado más recóndito. Conservando costumbres ancestrales rigurosas e injustas. Relegando a las mujeres no a un segundo plano, sino al último lugar tras los hombres, los dioses o diferentes hábitos fuera de la realidad. Mujeres que viven “proscriptas” tapadas de pies a cabeza, servidoras fieles de sus “amos – maridos – padres o hermanos”, sumisas y anuladas.

Un vivo collage de sucesos extraños a nuestra propia esencia humana logra desvirtuarnos y asolarnos abusivamente,

Escarnecidas y lapidadas muchas veces, intimidándolas con violencia psicológica y física. Sufren calladamente sus frustraciones, sus fracasos, sus infortunios. Ellas también están expuestas a la guerra, perdiendo a sus hijos, madres, maridos, y sin embargo sobreviven en la mediocridad que las rodea, sin poder aspirar a nada más que soñar con vivir un día más. Ven como sus vidas van extinguiéndose, apagándose como una vela consumida.

La humanidad esta eclipsada por los destellos cegadores de los avances tecnológicos, la sofisticación, los lujos superfluos, comodidades a las que ya no es capaz de renunciar. Un consumismo desmesurado  está arrastrando a nuestros hijos a la vorágine de una fortísima corriente, seduciéndolos y creando en ellos un fuerte sentimiento materialista y un inconformismo demasiado peligroso.

No obstante esto hay millones de personas en el mundo entero que carecen de lo más elemental, seres humanos idénticos a nosotros que ni siquiera conocen lo que es un “grifo” para beber un poco de agua pura y cristalina.

Desde la terraza de mi casa, veo cada día a más personas hurgando en los contenedores en busca de algo aprovechable. Ropa, comida, papel o carton o quizás metal o lo cualquier cosa que se pueda vender y ganar unas pocas monedas.

 Los basureros de los supermercados al caer la tarde,  están más concurridos que  el mismo comercio en sí. Igualmente seguimos inmunes a esta cruel realidad, relegando el momento de proclamar “basta”. Una realidad que nadie  está vacunado contra ella. Un día a día en estrecha comunión con el resultado de una malísima gestión económica llevada a la práctica por rimbombantes personajes políticos de la escena mundial que han dilapidado el capital de los países, nuestros trabajos, nuestros hogares, nuestras vidas, sin dejarnos alternativa alguna.

Este caótico mundo nos está devorando como respuesta a tantos agravios sufridos. Huracanes, terremotos, inundaciones, tsumanis, volcanes están aniquilando vidas y  devastando poblaciones, es un callado mensaje que aún no llegamos a descifrar. Poco o nada podemos hacer contra la fuerza de la naturaleza. Pero ¿es posible hacer algo respecto a la nefasta realidad que el hombre ha creado?. ¿Es posible acabar de raíz con el hambre en el mundo, con el menoscabo de los derechos humanos, con la pobreza extrema?. Yo creo fehacientemente que si es posible, si logramos sensibilizarnos, si dejamos de mirar hacia otro lado, si deponemos el egoísmo y la banalidad, otro mundo es posible.

Lo que no es posible es que se siga permitiendo el desmembramiento de la humanidad toda, en pos de los privilegios de unos pocos, del bienestar de otros, de la sed de poder y la avaricia de muchos.

La prepotencia, la soberbia, la ambición, la petulancia son  males letales que padecen quienes gobiernan muchas regiones del planeta. Algunos son reyes o sultanes, otros son dictadores de izquierda o de derecha y otros son simplemente “políticos” que han creado un nuevo status social para sus propios beneficios. La mayoría se han enriquecido,  malgastado los impuestos que debían ser utilizados en beneficio de todos y no para el usufructo de sus lujos, súper dietas, coches, viajes, ropa, fiestas, gastos de representación…

Estos políticos de nuestro siglo van  abanderados con el emblema de la “democracia”,  gobiernan a masas enteras, destruyendo empleos, creando mediocridad, generando ignorancia y resucitando la abolida esclavitud. Así como los médicos deben realizar el juramento “Hipocrático” previo a sus prácticas, los políticos deberían jurar dignamente “honorabilidad, lealtad, humildad, pobreza y vocación de servicio”.

Todos los seres humanos tenemos derecho a la vida, a una vida digna, decorosa. A poseer un techo, un trabajo digno, salud y educación, es hora que prevalezca el interés de las mayorías y no de una minoría absolutista.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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