Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Con La I De Ignasi escriba una noticia?

El partidazo

08/11/2009 19:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crónica de un partido que nadie vio

Era el momento decisivo, más allá del cual la suerte estaba echada. En el túnel de vestuarios, a punto de que sus jugadores saltaran al terreno de juego, todas las miradas se dirigían hacia él. Minutos antes, había quedado todo dicho: tácticas, estrategias, posiciones, marcajes. Ahora los chicos esperaban las arengas, los ánimos, las palmaditas en los hombros y el vamos, vamos, vamos que esta la ganamos. Así lo hizo, como tantas veces. Salieron todos brincando, santiguándose o besando el terreno de juego.

El se demoró un momento a pie de la escalera que conducía al césped. Disponía de apenas dos minutos para relajarse. Escuchó el bullicio de los miles de aficionados en el estadio. Vio las cámaras de televisión, los objetivos de las cámaras fotográficas, los micrófonos de los corresponsales de radio. Todos apuntando hacia el pasillo y esperando el momento en que los dos entrenadores saliesen y se saludasen. Un guión escrito de antemano, siempre el mismo en cualquier retransmisión de un partido de fútbol de primera división. Sabía a quién se enfrentaba. Ricardo Soto, el que había sido su pupilo durante dos años, ahora se sentaría en el banquillo contrario ufano y orgulloso por los títulos que había conseguido la temporada anterior. Sabía que toda la admiración recaería sobre ese joven entrenador que había maravillado y sorprendido a todo el continente futbolístico. Frente a eso se sintió como si él fuese ya agua pasada. Respiró profundamente, sacudió sus hombros y salió al terreno de juego.

Se encontraron los dos entrenadores en terreno neutral. Justo a mitad de sus respectivas áreas técnicas, ni un milímetro más aquí o más allá. Vino sonriente Ricardo Soto, con la mano tendida. Se acercó Damián, con cara de estar encantado de verlo de nuevo. Pero no le estrechó la mano. El veterano entrenador le hizo un pellizco seguido de dos cachetes en la mejilla. Las cámaras registraron el momento, pero ni los presentes a pie de campo, ni los millones de espectadores que presenciaban el encuentro se apercibieron de que ese cariñoso y gentil gesto, sentó fatal a Ricardo Soto. Tampoco supieron que eso precisamente era lo que pretendía Damían. Astucias de técnico experimentado que da por bueno cualquier ardid que contribuya a rebajar la confianza del contrario.

Ya estaba todo el interés en lo que se dilucidaba en el terreno de juego. Y pronto se empezó a ver que el temido equipo de Ricardo Soto, no lo era tanto. Comentaristas, locutores y entendidos se debatían por el desconcierto que imperaba en sus jugadores. Pero tampoco atinaban a ver otro partido que a expensas de ellos se estaba jugando soterradamente. Y es que los jugadores de Damián se dedicaban a minar la confianza de sus contrarios con un amplio repertorio de disimulados gestos: pellizcos en las nalgas, guiños concupiscentes de ojos, arrimadas extra deportivas pero no merecedoras de falta, manoseo y despeinado de cabellos, toqueteos extraños, apretados revolcones en el suelo, suaves soplidos en las orejas. Un recital que desconcertaba a esas estrellas, acostumbradas a todo, menos a eso. !Pandilla de maricones!, les gritaba Ricardo Soto a sus jugadores. Pero ellos no podían contestarle que los maricones eran los otros. Los nervios los tenían atenazados. No jugaban sueltos. Reclamaban al árbitro por las chanzas de los contrarios. Pero el árbitro no tenía argumento ni reglamento que sancionase un comportamiento tan simpático como el que estaban demostrando esos jugadores. Y así fue durante los noventa minutos.

El partido acabó en tablas. Los jugadores se retiraron, manteniéndose los de Soto a prudencial distancia de las manos de los de Damián. Cámaras y micrófonos apuntaron de nuevo a los dos entrenadores. Fue Ricardo Soto quien entró en el área de Damian señalándole con un dedo acusador. Y todos se preguntaron por qué estaría tan enfadado el joven técnico. Sólo Damián lo sabía. ¿Agua pasada él?


Sobre esta noticia

Autor:
Con La I De Ignasi (3 noticias)
Visitas:
545
Tipo:
Opinión
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.