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El príncipe sin principado

22/11/2012 17:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image No tuvo una infancia sencilla porque los recuerdos de su niñez aún huelen a balón prestado y lámpara de carburo. Desde muy joven sabe lo que es el dolor; con solo 4 años se destrozó el fémur y con 29 se fracturó la tibia. De pequeño le diagnosticaron cojera permanente, de mayor mil veces el final de su carrera . Cambió el candil por la pelota y la mina por el césped, encontró oro sin ni siquiera buscar carbón. El minero sin mina, el futbolista errante de mirada hierática, de sonrisa triste y alma asturiana. David Villa no necesitó nacer en Cataluña ni Madrid para convertirse en uno de los mejores futbolistas de la historia del fútbol español. Simplemente nació un buen año en un buen sitio, no pertenece a ninguna quinta, nunca ganó el premio bravo ni tampoco un mundial juvenil. No pernoctó en la masía ni conoce al utillero de la fábrica . Su padre no sabe bailar sardanas ni tampoco juega al mús. Villa no explotó en el Bernabéu ni selló su debut en Old Trafford. El jugador de Tuilla trazó su carrera con la misma paciencia que el sedimento vegetal se convierte en carbón. U.P. Langreo, Sporting, Zaragoza, Valencia ha sido el lento y progresivo camino que Villa ha tenido que recorrer hasta la cima: FC Barcelona. Escalón tras escalón, en mitad del camino el premio de la selección. Ningún entrenador de turno le regaló una sola convocatoria, el fútbol ni un solo gol. He aquí el caso de un jugador que se enriquece ahorrando y ahorra trabajando, mientras el resto del mundo le ha ahorrado demasiados elogios . Villa convive permanentemente con el problema de no pertenecer a nadie, de ser huérfano de categorías inferiores y de compañeros superiores. No es producto de ningún estilo definido y codea su pasado con un club de segunda división. Al guaje nadie le espera para cenar . No se identifica con nada y pocos se identifican con él. Dejó la bandera de sus equipos a media asta y aún no ha logrado izar la del Barça. Tiene tiempo pero ha de darse prisa. Su juego de expectativa le mueve por una fina línea que delimita el éxito del fracaso por cuestión de milímetros. Siempre al límite de un trazado geométrico recto que o bien destroza tus propias jugadas o bien las facilita. Sus errores son más frustrantes porque nunca falla con el balón, su guerra es con la posición. Oculto junto a la línea de banda, siempre al acecho de un central despistado o un lateral malherido, de un centrocampista lento y de un pase preciso . El precipicio del fuera de juego que marca el arte del desmarque y ensalza la virtud del pase. La quintaesencia del fútbol colectivo basado en un juego de miradas, de amagos, precisión y sincronía. La simbiosis del balón, pase y desmarque que emergen al mismo tiempo. Villa practica un juego de entendimiento que paradójicamente le ha transformado en un incomprendido. No tiene estilo porque su estilo es el fútbol, tan práctico, tan permanente y universal que le ha permitido demostrar su talento puro en cualquier equipo y en cualquier ciudad. El estilo de Villa es Villa y se resume en gol y profundidad, en toque y velocidad. Ganó una Eurocopa que ganó Torres, ganó un mundial que ganó Iniesta y ganó una Champions que ganó Messi. Villa nunca gana pero siempre está. Villa siempre marca sin marcar, nunca gana sin ganar. Reputación limada por la prensa y carcomida por carecer de excentricidades. Historial futbolístico cocido a fuego lento y olvidado rápidamente en la carta de menús . El guaje no vende porque ha cambiado estética por practicidad, olfato por pase, autobombo por privacidad. El entrenador ordena, Messi deslumbra y Villa ejecuta; otros critican. Cazador de fallos e infatigable acosador, vivió en el área y ahora lo hace de las líneas de cal. Se sube las medias, mira hacia atrás, escupe y marca . Se vuelve a subir las medias, mira hacia atrás, escupe y pasa. Un asturiano de triste mirada, que necesita enmarcar de nuevo sus sonrisas cuando vuelva a ser señalado por el gol. Villa es un príncipe sin principio ni pasado, sin destino ni principado. Hay futbolistas que brillan por sí mismos en sus efímeros ocasos. Reyes errantes sin domicilio permanente que solo moran en el santuario del juego. Sin patria futbolística solo buscan mirar hacia adelante y volver a sonreír. No es una historia de fútbol, es una historia asturiana. image

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Sobre esta noticia

Autor:
José Carlos Del Coso (104 noticias)
Fuente:
blogeltestigo.blogspot.com.es
Visitas:
2160
Tipo:
Reportaje
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