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El tsunami de los mp3

14/02/2010 23:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Les he visto soliviantados esta semana con el asunto de la SGAE... ¡Y eso que sólo la mencioné una vez! Sin ánimo de crear polémica, si releen el blog de la semana pasada verán que sólo me limité a mostrarme en contra de adquirir música sin pagar por ella. Por varios motivos: los músicos necesitan remuneración por su trabajo igual que todos nosotros, la música necesita una industria sobre la que apoyarse y eso es incompatible con las descargas ilegales (técnicamente, no permitidas por su propietario) y, por último, que el formato mp3 es volver a la época de las cavernas musicales.

Y al ver que es algo que casi nunca se menciona, mi indómito carácter me impulsa a indagar entre mis melófilos. El debate casi siempre es sobre la legalidad y la propiedad, lo cual varía en función de los que se diga qué es legal y propio. Pero nunca hablamos de la calidad. Parece que en estos debates musicales nos hemos olvidado de oír la música.

Nostálgicos tiempos

Desde los nostálgicos tiempos de los discos de pizarra, parte de los atributos de un disco era la calidad de audición, de la grabación, en mono, en estéreo, cuadrafónico... ¿se acuerdan? Los más jóvenes no, pero en aquellos tiempos en blanco y negro y vinilos sus padres decidían qué disco comprar en función de esas cosas. Los casetes, las cintas, y con ellas todas sus variedades: Normal, Cromo, Metal, ¿se acuerdan?

Esas grabaciones domésticas de "Varios" que inundaban los coches en viajes y noches románticas. Nuestros padres y nosotros, según quien lea, ahorraban para comprar las de cromo en lugar de las normales cuando iban a grabar una cinta para "él" o "ella" para que... ¡se oyese mejor! Qué inocentes, ¿verdad? Y cuando llegaron los discos compactos todos recordamos cuando nos enteramos de que si le dábamos la vuelta a la carcasa y comprobábamos las casillas ya casi desaparecidas de AAD, ADD y las más apreciadas DDD ("¡y está en DDD!", decíamos) el resultado era que aquello sonaba mejor o peor. No contentos con eso, queríamos más y aparecieron los SACD (Super Audio CD). ¡Toma!

Y encantados, además, de ir comprando los nuevos aparatos y adecuando nuestros equipos de música para poder disfrutar de todas esas nuevas tecnologías que nos permitían sentir la música más real, más limpia, más como-si-estuviésemos-allí. Los gramófonos, los primeros tocadiscos, las agujas de diamante, el primer reproductor de compact disc, el segundo, el último-con-la-mejor-óptica. Y los amplificadores de válvulas, y los de transistores, y de nuevo los de válvulas. Y los altavoces. Y los cables de oro. Innovación se llama todo eso.

¿Qué fue de la calidad?

Y de repente, stop, se acabó: para qué, si total, qué pereza fijarse, paso... Un día los de la manzana apostaron por un formato que hasta entonces se utilizaba para grabar música en baja calidad, de esa que usaban algunos de ustedes cuando iban al gimnasio. Y la liamos... La tecnología era simple: destrozaban un CD comprimiéndolo como concentrado de carne (Starlux, para lo no iniciados) para almacenar mucho en muy poco espacio. Los primeros eran realmente para eso, para ir al gimnasio y poco más. Era algo así como ver Las Meninas en una colección de cromos.

Después, han mejorado, claro. Y mejorarán. Pero hoy no pueden hacer la competencia a la calidad de un humilde CD de los que se compran escarbando en los saldos de los grandes almacenes. Ya nadie habla de calidad, sólo de cuántos mp3 caben en un disco duro. Ahora, la tecnología que más se valora es la que nos permite almacenar más canciones, acceder a ellas de forma más cómoda y enviarlas y recibirlas más rápidamente. ¿Alguien se lo explica? Psssss... a medias. Hemos puesto la comodidad por delante de la calidad. No es tan raro, lo hacemos a menudo en distintas facetas de nuestra vida. Al menos seamos conscientes de ello.

Pero en Melofilia no estamos en contra de casi nada. Y mucho menos en contra de lo nuevo. Lo usamos todo: el mp3, el aac, iTunes, Spotify, Deezer, Shazam, Sonos. Por eso apostamos por un mpX que mantenga la manejabilidad y nos permita llevarlos, traerlos, grabarlos, enviarlos, recibirlos, descargarlos de la mejor forma posible, y que continúe la senda de búsqueda de la calidad emprendida por nuestros bisabuelos. Hasta aquí supongo que puede estar prácticamente todo el mundo de acuerdo. Lo malo, queridos polémicos melófilos, es que para que alguien nos ofrezca ese ansiado mpX... habrá que pagarlo.

Memoria musical

Por ser justo, los mp3 no sólo son más cómodos, también han conseguido acabar con los top manta y esas lamentables imágenes de subsaharianos (me acojo a lo políticamente correcto) corriendo por la calle con un saco-sábana al hombro cargado de malas copias de CD grabados la noche anterior en un bajo sin ventanas ocupado por treinta y cinco inmigrantes orientales (continúo acogiéndome) y cincuenta equipos de copia que echan humo.

También nos ha servido –y ese era el objetivo- para hilvanar en este blog nuestra memoria musical, estrechamente unida a nuestra vida, a nuestros recuerdos. El primer disco que nos compramos, aquella cinta que grabamos para aquella chica, aquella cinta que les regaló algún chico, el walkman que le trajeron los Reyes, esos vinilos que guardan como si fuesen algo más que música impresa en surcos de plástico, el CD que llevamos a todas las fiestas, aquel viaje en el que estrenamos el autoreverse de la radio del coche escuchando la misma cinta una y otra vez, esa canción que les hace pensar en esa persona o, claro, su lista de reproducción preferida. Les animo a ponerse sentimentales y compartir en este blog esos recuerdos.

Empiezo diciéndoles que los primeros discos que compré fueron sendos vinilos de Bruce Springsteen y Stevie Wonder, en pleno amanecer adolescente, creyéndome así parte del mundo. Aquella tarde en Discoplay empecé a sentirme mayor. Un poco menos adolescente y con algún que otro disco más, la música me sigue sirviendo para enmarcar sentimientos y sensaciones.

Y tras esta reflexión tecnológica-sentimental, pasemos al apartado de recomendaciones. Sigo poniéndoles deberes y les invito a que me hagan sugerencias para las distintas secciones, incluso enviando alguna reseña que quieran compartir con todos. Las publicaré encantado. El menú de hoy es variado y apetitoso, combinando recetas de toda la vida y algún que otro plato creativo. A ver si les gusta:

Entre cajones

William Gallison & Madeleine Peyroux

Got You in My Mind

Waking Up Music, 2004

¡Ah, que perla! La voz años 20 suavemente ahumada de la canadiense acompañada de la ágil armónica y guitarra de Gallison y un repertorio perfecto, mezcla de culturas y estilos. Solos, dúos, exhibiciones de ambos en un ambiente relajado que transmite optimismo a quien lo escucha. A su lado, una pléyade de estrellas virtuosas que prestan su música a esta, entonces, pareja de enamorados. El Jealous Guy de John Lennon, que estremece hasta al más seguro, y el J'ai Deux Amours de Josephine Baker, que nos presenta la versión chanteuse de Madeleine Peyroux, sobresalen en un disco casi desconocido que no debe faltar en la discoteca de los seguidores de la Peyroux.

Paolo Nuttini

These Streets

Atlantic Records, 2007

Chaval joven, muy joven, superventas en Reino Unido, nombre de tienda italiana de imitación, todo apunta a que no se ajusta al recién creado perfil de las recomendaciones de este blog. Pero las apariencias engañan. Algo debió de encontrar Atlantic Records para ficharle con 19 años y grabar este disco maduro, propio de un músico con mucha carretera, y con letras profundas y directas. Last Request, Rewind, These Streets son canciones que no se encuentran fácilmente, de las que sólo aparecen en las series de TV de culto y siempre nos preguntamos de quién son, de las que sirven para enamorar y para pensar. Todo un descubrimiento, sí señor.

Lisa Ekdahl

Back To Earth

RCA, 1999

Esta sueca que canta pop en sueco y jazz en inglés es conocida por algunos de ustedes pero para los que no, ¿se imaginan dar caricias con un disco? Pues cada compás de éste es una caricia. Los críticos americanos de jazz le recomendaron que siguiese con el pop en sueco pero no soy crítico, ni americano, así que les invito a que disfruten de esta voz hipnótica, de su Now Or Never o su It Had To Be You, regálense un pase privado de dulzura y delicadeza. Búsquenlo, seguro que les inspira... Ya discutiremos sobre quién la descubrió antes cuando me digan que se han comprado hasta los discos en sueco.

De sofá y copa de vino

Allen Toussaint

The Bright Mississippi

Nonesuch, 2009

¿Cómo está la agenda de la madre de su pareja esta semana? ¿Y las actividades extraescolares de sus hijos? Pues empiecen a organizarse porque este disco lo merece. Hay discos malos, normales, buenos, muy buenos y obras de arte como éste. Allen Toussaint, de 72 años, es compositor, productor y, sobre todo, un pianista excepcional nacido en Nueva Orleans, ciudad a la que ha aportado gran parte de su identidad musical. Ha tocado swing, rock, blues, jazz, sólo y acompañando a todos los grandes. En este disco se permite el lujo de rejuvenecer a grandes como Duke Ellington, Django Reinhardt, Thelonius Monk o Louis Armstrong con versiones realmente excepcionales. Ya verán cómo les acabo cayendo bien a su pareja.

El pasado también existe

Bill Evans

Waltz For Debby

OJC, 1961, 1990

Y tanto que existe. Bill Evans es uno de los mejores músicos de jazz de la historia, por composiciones, por intepretaciones, por influencia, por discos grabados y vendidos, y por colaboraciones. Hoy les recomiendo este Waltz For Debby por ser el que incluye su pieza más conocida y versionada. Introspectivo, impresionista del piano, delicado y con un marcado gusto por la armonía, acompañó a Miles Davis en una de sus épocas más celebradas. De esta colaboración surgió Kind Of Blue, el disco más vendido de la historia del jazz. Gran artista, gran álbum, uno de esos que no pueden faltar.

¿Clásicos? ¿Qué clásicos?

Ludwig Van Beethoven

Triple Concierto – Fantasía Coral

Baremboim – Perlman – Yo-Yo Ma

Berliner Philarmoniker

EMI Classics, 1995

Mi compañero de partidas de ajedrez y ya activo melófilo me sugiere que recomiende este pedazo de disco. No es nuevo ni rebuscado, pero forma parte de la historia reciente de la música clásica. El programa es extraordinario: el concierto Triple para piano, violín y chelo, también llamado Archiduque y uno de los mejores de la historia. Como curiosidad, fue la última pieza que Beethoven tocó al piano. La Fantasía Coral, pieza poco habitual en los auditorios, se estrenó junto con las sinfonías 5 y 6, y muchos aseguran que es un ensayo para su gloriosa novena sinfonía. A los instrumentos, tres figuras: al piano y la batuta, Daniel Baremboim, sucesor de Karajan en ponerse a la cabeza de la divulgación de la música clásica. Ninguno de los dos son los mejores directores pero nadie le puede negar que han contribuido de forma decisiva a que la música clásica siga siendo atractiva para las compañías discográficas. Al violín, el virtuoso Itzhak Perlman, y al chelo, el fulgurante Yo-Yo Ma. Tras ellos, la mejor orquesta del mundo, la Berliner Philarmoniker. El resultado: apabullante. Un Triple vigoroso y rotundo fiel al espíritu beethoveniano nos impacta y la Fantasía Coral nos noquea, con el espectáculo de Baremboim dirigiendo e interpretando a la vez. No se cansarán de oírlo, ni de verlo si lo disfrutan en DVD.

Antes de despedirme, permítanme llamar su atención sobre la ilustración que acompaña la entrada de hoy. Se trata de una obra de un joven ilustrador llamado Iván Solbes, con una amplia trayectoria a sus espaldas y que amablemente nos cederá sus dibujos cada semana para enriquecer nuestras opiniones. En su diario en Facebook regala a sus numerosos seguidores un dibujo cada día, una pequeña obra de arte que juega con la actualidad, con sus sensaciones y con su inspiración. Gracias, Iván.

Hasta el próximo lunes. Que tengan una semana estupenda.

Buzón de sugerencias

Muchas gracias por su participación en el blog. Critiquen, animen y propongan, seguro que tienen mucho que compartir. Ya saben, aquí debajo o en mi casa: melofilia@hotmail.com


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