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El urogallo, desamparado

10/05/2009 16:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Actualmente no existe una política de conservación del urogallo cantábrico y se desconoce el estado actual de su población, a la que se prevé sustraer huevos para un programa de cría en cautividad que los expertos desaconsejan.

El urogallo cantábrico es un emblema de la naturaleza asturiana y, como tal, y en su condición de especie en peligro de extinción, objeto de una atención preferente. Eso es así sobre el papel, de cara a la galería. La realidad es bien distinta. Los últimos urogallos están abandonados a su suerte. No se sabe cómo ha evolucionado su población desde el año 2001, cuando se realizó el último censo general en los cantaderos (y el cambio ha podido ser sustancial, dada la rápida pérdida demográfica, superior al 50 por ciento, en las dos décadas previas), y tampoco se ha hecho nada por su conservación. Más aún, la Consejería de Medio Ambiente prevé sustraer huevos de hembras marcadas con radioemisores (una en Degaña y otra en Muniellos) para iniciar un programa de reproducción en cautividad que todos los expertos desaconsejan por su demostrada ineficacia (las aves nacidas en condiciones artificiales sobreviven poco tiempo en libertad, de modo que no contribuyen al incremento de la población silvestre), en un centro de cría (en el parque natural de Redes) que, además, está sin testar.

Esa es la situación, en un escenario crítico -sólo unos 100 machos en 2001 en Asturias-, con un horizonte de extinción a corto plazo (quizá en una década). Cabe añadir que se sabe poco sobre la biología y la ecología de la especie (y apenas se investiga en este aspecto con fines aplicados a la conservación), lo cual complica aún más las cosas.

También se conoce mal qué factores y, sobre todo, en qué medida está contribuyendo cada uno de ellos a la disminución sostenida del urogallo; en esta circunstancia (una problemática compleja, en la que intervienen tanto elementos naturales como de origen humano) se ampara la Administración regional para justificar su dejadez. Pero no hay excusa. Todos los expertos coinciden en una premisa: la existencia de un hábitat forestal de calidad (masas amplias, de estructura diversa, con claros herbáceos y con manchas arbustivas -principalmente de arándano- en sus contornos) es esencial para la supervivencia de la especie. Sin embargo, la gestión forestal permanece impermeable a los criterios de conservación y el Principado tampoco aplica ninguna medida de mantenimiento y mejora del hábitat forestal, ni siquiera en los espacios protegidos.

La crisis del urogallo cantábrico, una subespecie endémica de la cordillera Cantábrica -algunos estudios genéticos sugieren que podría tener entidad de especie, lo cual le convertiría en una de las aves más amenazadas del mundo-, trasluce, en última instancia, los desequilibrios introducidos por el hombre en los ecosistemas forestales. Así, recientes investigaciones correlacionan la ocupación o el abandono de cantaderos (los lugares que las aves ocupan durante el celo) con la calidad del hábitat y demuestran que la pérdida de territorios se ha producido en las zonas donde el bosque aparece más fragmentado. El urogallo necesita manchas extensas, de no menos de 200 hectáreas, y conectadas entre sí. Los cantaderos que acaban aislados no tardan en quedar desiertos.

El urogallo requiere, además, bosques maduros, con arbolado de buen porte y de diversas especies, y con abundantes claros herbáceos y amplias matas de arándanos. Dentro de ese hábitat se delimitan parcelas de uso estacional: los cantaderos, en la parte alta del bosque, en zonas con espacios abiertos; los «polleros», áreas herbáceas y arbustivas ricas en insectos donde la urogallina pasa el verano con sus pollos; los lugares de residencia otoñal, situados en los bordes del bosque y en otros sectores abundantes en arbustos productores de bayas (no obstante, en esta época el urogallo aprovecha las montaneras de hayucos y de bellotas, por lo que la selección de hábitat es más flexible); y los refugios de invierno, localizados en puntos escarpados y poco accesibles del bosque y en las acebedas. Estas exigencias chocan con el modelo de gestión silvícola vigente, que tiende a formar masas uniformes, empobrecidas y rejuvenecidas.

Mantener bosques de calidad debería ser la prioridad de acción de la Administración, junto con un seguimiento demográfico riguroso, año a año y de todos los cantaderos (desechar los que estaban vacíos en temporadas anteriores puede inducir a error porque es posible que en el momento de la visita no hubiese aves y éstas también pueden desplazarse de unos cantaderos a otros). Ambas acciones deberían complementarse y coordinarse con una línea de investigación orientada a frenar la pérdida de población. El plan de cría en cautividad sólo es un sumidero de recursos que podrían emplearse en otras medidas realmente útiles y una distracción para hacer ver que se hace, sin entrar en el problema. Lo mismo que disparar a los cormoranes grandes para «conservar» al salmón atlántico, obviando sus auténticos problemas y fomentando una política de repoblaciones que, al igual que la cría de urogallos en cautividad, poco o nada hace por las poblaciones silvestres porque produce animales inadaptados de baja supervivencia.


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Acogelos (46 noticias)
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Nota de prensa
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