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Enseñanzas yendo a Lourdes (I)

23/11/2009 15:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vais a leer una serie de artículos que se producen en un peregrinar a Lourdes y, todos ellos, sobre la ética socio - política

La traición es barata.

Cualquiera, por lo que cuestan dos polvos de anuncios de contactos, cuenta de ti de diez de la noche a las tres de la mañana, la Biblia en verso a cualquiera que se lo pague por necesidad de control, o quizá se desinhiba por completo si se le invita a una comida en un asador de la provincia global. Por eso yo procuro que mi verso sea retorcido, difícil de silabear, y que sólo se consiga recitar delante de mí, es decir, con mi manifiesto refuerzo – es pretencioso, ya lo sé, pero es que me conduzco como el pijo de Ford Fearlane y pretendo que la industria fonográfica “lama mi minga Dominga”…

Y a quien no le guste, que me olvide.

Todos transmitimos al mundo mientras lo transitamos nuestra huella. Unos, su buena huellas y hasta digna; y algunos acarrean una mala huella indeleble, e, ineluctablemente, siempre son aquellos que se arrastran como un caracol y sueltan su baba, su malababa. Sí, ya sabéis y nada nuevo os descubro, que hay quien trabaja de “arrastrado” para la voluntad de otros, y, así provocan en los demás, como estúpidos, todo el mal posible, así se queden ellos tuertos si despojan de la vista al otro. Su malababa los delata, aunque adoren al Señor o se lo antepongan como nombre, pero gracias a Dios ni permanezco en su camino ni lo practico, aunque bien quisieran éstos toparme en cualquier esquina recitando cantares de ciego.

Hay quien trabaja de “arrastrado” para la voluntad de otros, y, así provocan en los demás, como estúpidos, todo el mal posible

Y si no les place que rastree otros derroteros, que me olviden.

En mi peregrinar a Lourdes, me sentía demasiado pequeño para que ningún ángel se apropiara de mí, demasiado pequeño para que el diablo me arrastrara de su mano, cuando un ángel diabólico me aguardaba en La Guardia para explicarme que no hay mares en calma y todos los cielos están sucios.

Y aunque preciso que me olviden, todos me buscan. No sé si portaré un chip insertado en mi cerebro. ¿GPS de sombras que se alargan porque sobre ellas ya se pone el sol?

No me arredro, sigo a Lourdes, y toda enseñanza, ya la aprendo.

Por eso yo procuro que mi verso sea retorcido, difícil de silabear, y que sólo se consiga recitar delante de mí


Sobre esta noticia

Autor:
Brais De Besteire (3 noticias)
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