La entropía creciente de nuestro sistema económico

Podríamos considerar las crisis económicas como un reflejo de la entropía de los sistemas tendentes al desorden, tal y como se expresa en la segunda ley de la termodinámica. Según Minsky "Una característica fundamental de nuestra economía es que el sistema financiero oscila entre la robustez y la fragilidad, y esa oscilación es parte integrante del proceso que genera los ciclos económicos.". Ciclos que se mueven en una playa de la entropía en cuyos extremos se encuentran el orden más estricto y el caos más absoluto, o dicho en otras palabras, sin una adecuada regulación que evite la tendencia al desorden de un sistema económico este entrará en crisis, ya que estos como cualquier otro sistema dentro de la naturaleza, tienden a una creciente entropía, y según la terminología de los sistemas, el desorden lleva a la muerte o desintegración del sistema ya que sin mecanismos eficaces de retroalimentación, el sistema va degenerándose y consumiéndose, hasta que muere.
Esta degeneración que precede al colapso, según Hyman Minsky la podemos encontrar en un sistema financiero que transforma la inversión en especulación, tal y como ha acontecido con la actual crisis actual.
La idea “laissez faire, laissez passer” expresión francesa que significa "dejad hacer, dejad pasar", que defiende la completa libertad en la economía es por tanto acorde con la idea de dejar actuar a la naturaleza sin la intervención del hombre. Sin embargo es la intervención del hombre la que adaptando la naturaleza a sus necesidades nos ha permitido convertirnos en la especie hegemónica de nuestro planeta.
Dicho más claramente, la falta de una regulación y unas normas que limiten el capitalismo especulativo, es como permitir a los leones andar libres por nuestras ciudades.
Y ha sido esta falta de regulación la que ha permitido que estos leones campen a sus anchas por nuestras economías, engordando con la especulación inmobiliaria y financiera, para una vez agotada esta fuente de alimento, alimentarse de las arcas públicas. Y es que como dice el Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid, Jesús Lizcano Alvarez en su “propuesta de análisis económico en clave de entropía”, sin la intervención del ser humano, la Naturaleza tiende de forma espontánea a evolucionar sin una finalidad, sólo con una dirección, la de una creciente entropía.
Otro ejemplo que se me ocurre de desorden creciente, es en la educación de los niños. La idea de "dejad hacer, dejad pasar" aplicada a la educación de los niños los convierte en pequeños tiranos que maltratan a sus padres, así Javier Urra, autor del libro “El pequeño dictador” y psicólogo de la Fiscalía de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, afirma: "La herencia marca tendencia, pero lo que cambia el ser humano es totalmente la educación”, pero en España "algunos psicólogos y pedagogos han transmitido el criterio de que no se le puede decir no a un niño, cuando lo que les neurotiza es no saber cuáles son sus límites, no saber lo que está bien y está mal. Ésa es la razón de que tengamos niños caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista".
Y es que ya Pitágoras decía: “sólo si educáis a los niños evitareis castigar a los hombres”
Pero volvamos a nuestra economía y pensemos en ella, ¿cuales son los límites del libre mercado? ¿Esta neurotizada la economía mundial como si se tratase de un niño criado sin límites? ¿Se puede reeducar a la economía? El sociólogo y filósofo francés Edgar Morin nos habla de una metamorfosis, idea más rica que la de revolución, que aunque contiene la radicalidad transformadora de ésta, la vincula con la conservación (de la vida o de la herencia de las culturas).
Pensemos en el ciclo de vida de los productos, la mayoría de los productos acaban entrando en una fase de decadencia, principalmente por cambios en la tecnología, la competencia, o la pérdida de interés por parte del cliente. Con frecuencia los precios bajan y los beneficios se reducen.
¿Podríamos extrapolar el ciclo de vida de los productos a nuestro sistema económico? ¿Si así fuera en que fase lo situaríamos?
En noviembre de 2009, escribía lo siguiente sobre la decadencia de los sistemas económicos:
"Quizás nuestro sistema económico sufra una catarsis o una metamorfosis, pero debemos ir buscando un epitafio para enterrar un pasado que no debería repetirse"
“La idea de que las culturas ofrecen una evolución similar a la de los seres vivos, siendo la decadencia su fase final, me hace pensar en que fase se encuentra nuestro sistema económico. Quizás si dejamos la puerta abierta a una tercera gran crisis el sistema se desmorone tal y como predijo Schumpeter, como antes cayeron otros grandes imperios y civilizaciones.”
Podríamos decir, sin equivocarnos demasiado, que con la actual crisis nuestro sistema económico ha entrado en decadencia, habiendo sobrevivido gracias a la intervención en masa de los estados que evitaron su colapso, endosándonos una factura que no solo pagaremos nosotros, sino las generaciones venideras. El espeluznante relato del congresista demócrata por Pensilvania y presidente de Subcomité de Mercados de Capitales, Paul Kanjorski repitiendo el relato de los acontecimientos que le habían hecho el secretario estadounidense del tesoro, Henry Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Bernard Bernanke así lo confirman.
“El jueves 18 de septiembre, a las 11 de la mañana, la Reserva Federal advirtió una enorme disminución de las cuentas del mercado monetario en Estados Unidos; dinero por valor de 550.000 millones de dólares fue retirado en cuestión de una hora o dos. El Tesoro abrió su ventanilla para ayudar e inyectó unos 105.000 millones de dólares en el sistema, pero pronto se dio cuenta de que no podía detener la marea. Estábamos teniendo una afluencia masiva electrónica a los bancos. Las autoridades decidieron suspender las operaciones, cerrar las cuentas monetarias y anunciar una garantía de 250.000 dólares por cuenta, de manera que no se produjera más pánico.
Si no lo hubieran hecho, estimaban que a las 2 de esa tarde habrían sido retirados 5, 5 billones de dólares del sistema del mercado monetario de Estados Unidos, y esto habría colapsado toda la economía de Estados Unidos, y en veinticuatro horas se habría desplomado la economía mundial. Habría sido el fin de nuestro sistema económico y de nuestro sistema político tal y como lo conocemos.”
Ban Bernanke, presidente de la Reserva Federal, afirmo el jueves 18 de septiembre. “Sin un plan completo de rescate puede que el lunes no tengamos economía” y Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, declaró que “desde el inicio de la primera guerra mundial nuestro sistema bancario no había estado tan cerca del colapso.
Aunque John Maynard Keynes ya había escrito sobre la inestabilidad de los mercados financieros, fue Minsky el primero que mostró cómo evoluciona esa inestabilidad y cómo interacciona con la economía. En síntesis, Minsky descubrió que en tiempos de prosperidad se desarrolla una euforia especulativa mientras aumenta el volumen de crédito, hasta que los beneficios producidos no pueden pagarlo, momento en que los impagos producen la crisis. El resultado es una contracción del préstamo, incluso para aquellas compañías que sí pueden pagarlo, momento en que la economía entra en recesión. Y para evitar la recesión se han inyectado ingentes cantidades de dinero público incrementando los déficits de tal manera que el endeudamiento público esta sustituyendo la caída del endeudamiento privado, para así endosarnos a todos la deuda que pagaremos con incrementos de impuestos para reducir los déficits públicos.
Sin embargo, aunque la intervención estatal y la inyección en masa de capitales públicos en el sistema financiero, redujeron la entropía del sistema, ésta vuelve a acelerarse y ahora son los mercados financieros los que juzgan la deuda de los estados que financiaron sus rescates, y algunos estados como Islandia han dado un paso más y mediante referéndum sus ciudadanos han decidido no asumir las deudas de sus quebrados bancos. Por otra parte, el gobierno de Grecia culpa de la situación financiera de su país a los nazis que se llevaron el oro del banco central, y quien sabe si en España acabaremos culpando a los corsarios ingleses que saqueaban nuestros barcos y costas.
Tenemos pues una fosa abierta, una entropía creciente, un sistema económico en decadencia, y un neoliberalismo económico que ha creado una nueva clase social de piratas económicos, los cuales han forjado enormes fortunas especulando a mansalva, y entre los cuales apenas se han depurado responsabilidades. Quizás nuestro sistema económico sufra una catarsis o una metamorfosis, pero debemos ir buscando un epitafio para enterrar un pasado que no debería repetirse.
“La idea de que las culturas ofrecen una evolución similar a la de los seres vivos, siendo la decadencia su fase final, me hace pensar en que fase se encuentra nuestro sistema económico"
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Sobre esta noticia
Autor: José Ramón Fernández De La Cigoña Fraga (54 noticias)
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Tipo: Reportaje
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