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Envejecer al volante

12/05/2009 12:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

“El 80% de los atropellados en vías urbanas son personas mayores”. “Las personas mayores presentan los índices mas altos de siniestralidad vial junto con los conductores de entre 16 y 25 años”.

ENVEJECER AL VOLANTE

 

“El 80% de los atropellados en vías urbanas son personas mayores”.

“Las personas mayores presentan los índices mas altos de siniestralidad vial junto con los conductores de entre 16 y 25 años”.

 

Así concluye INTRAS (Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial) un estudio realizado sobre seguridad vial y grupos de riesgo.

Teniendo en cuenta estos datos vemos que nuestros mayores merecen una especial atención  y comprender las causas de esta siniestralidad  es el primer paso para convertirlos en usuarios más seguros.

En la actualidad uno de cada diez conductores tiene más de 65 años y las previsiones indican que en el 2020 estás cifras se duplicarán. Para muchos automovilistas, las personas de más edad representan un peligro al volante. Sin embargo, cada uno envejece de una manera diferente y la vejez no es incompatible con la seguridad vial. De hecho, ni España ni los países de la UE establecen límites a la conducción por edad. Las razones que llevan a los mayores a sufrir accidentes están asociadas a una disminución de la capacidad psicofísica normal en el proceso de envejecimiento.

De un estudio estadístico, realizado por la Dirección General de Tráfico (DGT), entre 700 peatones y conductores mayores de 55 años se constató la existencia de las siguientes carencias, en opinión de los encuestados: “problemas de naturaleza sensorio motora, como por ejemplo los problemas motores (58%), distinguir el color de los semáforos (42%) y percibir la velocidad de los vehículos (44%).” A estas limitaciones hay que añadir “otras de naturaleza más cognitiva como distraerse cuando van caminando por la calle (entre un 20% y un 30% de los mayores de 70 años). Los problemas de orientación al caminar comienzan a ser importantes a partir de los 80 años (25%). También aparecen los problemas de memoria para recordar las calles, que afectan a más del 25% a partir de los 65 años, junto con los problemas de comprensión de las señales de tráfico (25%).” Todo lo cual nos afianza en la necesidad de ayudar a asumir dichas limitaciones y promover el auto cuidado saludable en los comportamientos viales adecuados de los mayores.

Además el (67%) consideraba que la velocidad de los vehículos era excesiva sobre todo en los cruces, un (64%)  reconocía dificultades debido a la escasa duración de los semáforos y su movilidad reducida, el (36%) encontraba exagerada la cercanía de los vehículos en los pasos de peatones y un (27%) se lamentaba del poco respeto con que tratan los conductores a los peatones.

Ante estas dificultades los mayores acostumbran a poner en práctica estrategias de compensación tales como: caminar por zonas donde predominan los semáforos (94%) y los pasos de peatones (76%). En los cruces “utilizan el camino más recto (78%), están atentos (75%) y procuran no distraerse (70%). Con menor frecuencia procuran cruzar rápidamente (59%)”.

La Educación Vial es, sin duda, una asignatura pendiente para muchos de nuestros mayores, ya sea en su comportamiento como peatón, pasajero o conductor.

Otros problemas de atención, visibilidad y audición, se solucionan usando gafas, audífonos, preguntando si se ha desorientado y descansando cuando fallan las fuerzas. También se sirven de los dispositivos especialmente diseñados para personas con discapacidades visuales como las señales auditivas de los semáforos; suelen esperar para atravesar la calle a que los coches se hayan detenido e intercambian sus ideas y problemas, con otras personas mayores. Como se puede observar se trata de unas habilidades adquiridas, normalmente mediante un aprendizaje informal que deberíamos potenciar y reforzar desde la educación no formal.

El fenómeno del envejecimiento de la población hace que nos planteemos, cada vez con más firmeza, la necesidad de la educación a lo largo la vida. La educación permanente es algo más que el necesario reciclaje profesional de los adultos, significa la necesidad y el derecho de “aprender a aprender” para desarrollar todas las potencialidades y mantener la inquietud por adquirir y perfeccionar los conocimientos, las destrezas y las aptitudes, más allá de la finalización de la carrera profesional.

En la actualidad muchos de los mayores, también llamados de la Tercera Edad o adultos mayores, una vez jubilados, han descubierto el placer de retomar una afición, de emprender aquellos estudios que nunca pudieron cursar o completar e incluso comenzar estudios que les permitan alcanzar conocimientos que les parecían imposibles de lograr.

La Educación Vial es, sin duda, una asignatura pendiente para muchos de nuestros mayores, ya sea en su comportamiento como peatón, pasajero o conductor. Este colectivo, que se agrupa bajo el criterio de la edad, presenta algunas carencias asociados a su edad; en otros casos, la adaptación a las nuevas normativas, el uso de los dispositivos de seguridad, el conocimiento del adecuado tipo de vía, etc. Consecuencia de estas evoluciones en el uso de la vía, de los transportes públicos o de sus vehículos constituyen un grupo especialmente vulnerable, como se constata, cada año, por las cifras de siniestralidad vial. Estos datos evidencian la necesidad de educar y/o reeducar a las personas mayores en los aspectos viales y fomentar el interés por el tema vial.

Un alto porcentaje de personas mayores reconocen estar limitados por diversos impedimentos intrínsecos y extrínsecos, directamente relacionados con el sistema vial. Además, de las barreras arquitectónicas, deben asumir que necesitan enfrentarse, en muchos casos, a la disminución de sus facultades sensoriales y de psicomotricidad, junto con una menor capacidad de reacción ante situaciones inesperadas.

Frente a esta realidad comprobamos que hace falta enseñar a envejecer para asumir las limitaciones propias del paso del tiempo, de la edad, y consciente o inconscientemente, algunos ponen en práctica diversas estrategias para tratar de disimular los efectos de la problemática descrita que limitan su autonomía personal.

Para muchos automovilistas, las personas de más edad representan un peligro al volante. Sin embargo, cada uno envejece de una manera diferente y la vejez no es incompatible con la seguridad vial

 

 

 


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