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Nuevas especies del siglo XXI: Gafapastas

07/09/2009 20:59 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un estudio llevado a cabo en las principales ópticas de Madrid y Barcelona desvela que un 15% de las gafas de pasta que se venden no llevan graduación alguna en sus cristales

gafpastasHasta los trece años fui considerado un adefesio tímido y empollón. De los trece en adelante un guaperas canalla y vacilón. El «cambio radical» no se produjo gracias al paso por el programa de televisión homónimo, sino a una operación. Y no me refiero a una operación estética, no, sino a una operación mediante un láser que fulminaría las quince dioptrías y aquel aspecto intelectualoide que tan poco se llevaba en los ochenta y los noventa. Durante la pasada década, muchas ópticas se vieron obligadas a cerrar sus puertas ante el auge de una técnica que en diez minutos, y sin anestesia, acababa para siempre con los complejos de todos aquellos que habían recibido cientos de collejas por llevar gafas.

Hoy la situación es muy distinta y las ópticas viven un momento dulce gracias a la proliferación de un nuevo fenómeno: el gafapastismo.

Estrábico Dioptrías, gerente de Pasta Ópticas, declara que «desde hace un par de años, recibimos un nuevo tipo de cliente que demanda gafas cada vez más vistosas, e incluso nos piden que les montemos cristales sin graduación, ya que no padecen ningún trastorno visual; las quieren sólo por estética, por moda» y continúa «se les reconoce en cuanto cruzan la puerta porque suelen portar libros de más de mil páginas bajo el brazo, y porque una de cada tres palabras que pronuncian suelen ser términos como ‘ecléctico’, ‘esencia’ o ‘concepto’».

Para profundizar en el fenómeno me calcé unas zapatillas Converse, me enrollé un fular en el cuello, me dejé perillita, me hice con unas escandalosas gafas de pasta y disimulé mi exceso de pelo con una boina cheguevariana. Unas entraditas ya hubiesen sido la polla porque ellos achacan la pérdida de cabello a una kafkiana actividad mental; pero soy peludo, qué se le va a hacer. Con ese aspecto de escritor checoslovaco maldito e incomprendido ya estaba listo para frecuentar sus zonas sin levantar sospechas.

Pero, claro, perdería toda la credibilidad si se ponían a disertar sobre las sutiles reminiscencias Lovecraftianas subyacentes en el trasfondo de la obra de Houellebecq, y yo no podía aportar nada. Así que me armé con un número de Babelia y escondí entre sus páginas una chuleta con frases comodín para situaciones extremas: «Evidente, evidente, eso lo tienen claro hasta los de Círculo de lectores», «pues no he podido leerlo porque estoy liadísimo aprendiendo polaco para poder leer los originales del gran Kochanowski, que con las traducciones ya se sabe la de matices que se pierden» o «últimamente estoy muy volcado en el cine iraní, y es tan grande el impacto de la crudeza de su mensaje que ando un poco despistado; refréscame la memoria» y similares. Ahora sí estaba preparado para la inmersión.

otra fantaPasé tres durísimos meses entre Madrid y Barcelona pululando por las facultades de Bellas Artes y Filología. Entablé tertulias sobre la obra de Homero en El café de l’Òpera, me tragué ciclos de cine experimental croata -en versión original, claro- en el Maumau, exposiciones de fotografía conceptual en La casa encendida, una muestra sobre la evolución del pergamino hasta convertirse en papel en el MACBA y talleres de poesía eslava en el CCCB. También me cagué mil trescientas cuarenta y seis veces en la puta madre de Spielberg e idolatré a Hirukazu Koreeda. Quemé fotos de Ruiz Zafón y serigrafié un retrato de Faulkner en la boina. Teoricé sobre las pretensiones de la obra de Pollock y tildé a Velázquez de invertido. Incluso me lié con una gafapastilla que al primer meneo se enamoró y me dedicaba poemas aliterados en sánscrito y me invitaba a pasar tests del tipo «¿Qué celebre escritor te podría haber tomado como personaje literario?» en el Facebook. Un infierno.

Pero al fin, y tras ese esfuerzo descomunal, hoy puedo confirmar lo que me temía: los gafapastas existen. Pero que no cunda el pánico: no son peligrosos. Si hemos sobrevivido a heavys, punkies, skins y bakalas, esta nueva tribu no afectará nuestra integridad. Sólo se alteran si dices que no has leído el Ulises o que Isabel Coixet no es miope. De todas formas, si se ponen violentos no es necesario atizarles; se les calma fácilmente sentándolos delante de una tele apagada y diciéndoles que están dando la última de Lars Von Trier. Con esta técnica los tendrás apaciguados hasta que les dé por enchufar la tele y aparezca María Teresa Campos. También les puedes pasar el diario de tu sobrino de ocho años y decirles que es el libro menos leído del universo. Y ahí los tendrás fascinados hasta que se lo acaben. Pero… vamos al lío: ¿Qué es un gafapasta?

Has visto, hs leídoPues a grandes rasgos son aquellos chavales que nunca triunfaron en la discoteca, se les daba mal el fútbol y eran demasiado enclenques como para meterse en tribus violentas. Entonces se compran unas gafas de pasta, se matriculan en alguna Filología o Bellas artes y empiezan a tener muchas inquietudes muy profundas y se ponen a idolatrar a todos los marginados de los siete artes. A todos los artistas minoritarios. Y cuanto más impronunciable sea el nombre del artista mejor, sobre todo para impresionar a los nuevos. Si un gafapastillita de primero habla de Isabel Allende, los de tercero para arriba contraatacan con Lucyna Ć wierczakiewiczowa, que sólo escribía libros de cocina, pero para impresionar a un pardillo va que chuta. Los hay que se decantan más por la música y suelen mutar convirtiéndose en gafapastas modernillos. El gafapasta puro y duro es más de literatura. El cine, la fotografía, la pintura y la escultura se las reparten a partes iguales. Pero siempre el artista admirado debe ser minoritario y alternativo.

Se han escrito muchos artículos sobre los modernillos, así que yo me centraré en el gafapasta más intelectual. El verdadero.

Éstos desean con todas sus fuerzas ser escritores, pero no quieren que sus libros se lean mucho. Lo justico para aparecer como escritores en Wikipedia. Es decir: ser considerados escritores. Redundo otra vez para que quede claro: es-cri-to-res. Pero jamás, por nada del mundo, quieren aparecer en la revista del Círculo de lectores o en la sección de libros de El corte inglés. Jamás. Antes bakalas que vendidos. Prefieren, incluso, ser negro de Mary Higgins Clark antes que vender al nivel de J.K Rowling. Para ellos, si un escritor vende es que no sabe escribir. A Gabo -ellos llaman así a G.G. Márquez, como si lo conocieran- lo consideran la excepción que confirma la regla. A Pérez-Reverte lo perdonan porque tiene muy mala follá y le gustan las espadas. También porque tiene el poder de efectuar cambios en la ortografía hasta conseguir agrietarles los cristales de las gafas. Pero ni uno más.

gafpastasMientras esperan ser descubiertos, escriben en bitácoras -el palabro «blog» es un extranjerismo que no usan- donde exponen en la columna lateral sus obras autopublicadas y autocosteadas, para así tener la sensación de que ya han sido publicados y para que algún idiota que no se fije mucho piense que son escritores reconocidos.

Es muy común ver un aviso de que la página está protegida contra el plagio. No vaya a ser que algún pillín coja un texto de su autoría y se vaya por ahí a ganar Nobeles y Planetas sin su permiso. También suelen ciber-rodearse de otros escritores frustrados -madre mía los que hay por la red- e intercambian halagos, se dan premios cutres, se dedican entradas, se agradecen mogollón de cosas y se animan mucho. Incluso se quieren mucho. Lo que oyes. Pero mucho mucho. Todo esto sin dejar ni un solo instante de criticar a Boyne, a Larsson o a cualquiera que haya vendido más de cien libros.

Adoran la poesía. Pero es imprescindible que sea de métrica libre y que no se entienda una puta mierda de lo que quiere decir el autor. Porque, en lugar de pensar que «el poeta» es gilipollas perdido y no sabe articular una frase coherente, creen que tiene un basto mundo interior repleto de conflictos y profundidad que sólo algunos elegidos sabrán interpretar. Así en «palabras pez/rugen martillos/de/nada/ra ta t ata/llega el invierno/peces y palabras», donde los singafas vemos una chorrada escrita por un imbécil -desde luego, porque es mío e improvisado en dos segundos-, ellos ven mensaje, alma azotada, juegos de palabras y mucha, muchísima metáfora. Anda que no.

gafpastasLes gusta más el invierno que el verano. Principalmente porque en verano las facultades están cerradas y porque les salen sarpullidos en el cuello y la frente por no quitarse las boinas y los fulares. No suelen ir a la playa porque no les gusta mezclarse con incultos e ignorantes. Prefieren ir a París a echarle fotos a La Sorbona y a pagar doce euros por un café en Les deux magots, donde hablarán de la esencia del local y de lo fantástico que hubiese sido compartir época y tertulia con Hemingway, Camus, Stein, Sartre y otros artistas que seguro que sólo hablaban de cosas interesantísimas. Si no les llega el presupuesto para ir a París, Salamanca les sirve de consuelo y se comen un marrano hablando de lo maravilloso que hubiese sido compartir mesa con Unamuno, Martín Gaite, Torrente Ballester y gente así muy culta que seguro que sólo hablaban de cosas genialísimas. También hacen otras actividades súper chanantes como visitar tumbas de poetas muertos y estatuas de escritores. Como veis, son unos cachondos y unos juerguistas del copón.

Ellas no suelen maquillarse mucho, pero sí le dan mucha importancia a la estética de su nombre. Les encantaría llamarse Nakja Pinris, Leoyor Guayling o Clarisa Introspector. Pero si tienen la desgracia -para ellas- de llamarse Jessica, Vanessa, Yolanda o cualquier otro nombre que suene a peluquera, pues lo modifican o, simplemente, lo abrevian haciéndose llamar por su inicial. Es decir: Jess, Uve o Y griega. Algunas lo trasforman por completo y utilizan un nombre que no tenga ni una sola letra en común con el verdadero. Si una se llama, por ejemplo, Antonia, se hace llamar Camille u otro con el que ni siquiera coincida la i.

Ellos no suelen cuidar su aspecto físico porque para ellas no es importante. Es más, relacionan un cuerpo atlético y bonito con la superficialidad, el ego, los cánones que impone la sociedad de consumo y una escasa capacidad intelectual. Así que las horas que se ahorran de gimnasio -y todas las que pueden- las dedican a intentar ganar concursillos de poesía o relato breve. Eso sí, si lo consiguen contarán con cientos de gafapastillas a sus pies. Para ellas, un tipo que ha ganado un concurso es como un Nacho Vidal para una ninfómana o el cantante de Los planetas para una modernilla. Y si el susodicho consigue publicar un libro ya es que le dan el alma, la esencia, la vida terrenal, espiritual y doscientas cuarenta y cinco reencarnaciones hasta el infinito y más allá. Ya puede ser calvito, bajito, gordito, jorobadito, pies planitos y tener menos sex appeal que Buenafuente cortándose las uñas de los pies; si le han publicado algo triunfa más que David Bisbal en una reunión de adolescentes retrasaditas.

gafpastasLos atributos de los machos que más valoran las hembras son: mirada profunda (bizco y con más de diez dioptrías), interesante (cruza las piernas y se acaricia la barba mientras mira al infinito), culto (recita una lista de escritores malditos al revés y con acento ruso), inteligente (calvo), bohemio (lleva boina y fular), viajado (ha visitado todas las tumbas de novelistas muertos del sistema solar y parte del extranjero) y experimentado (le dobla la edad). Ellos hacen ver que valoran lo mismo que ellas, pero en realidad lo que les gusta es que arreen buenas mamadas y se dejen penetrar por el ojo de las mil arrugas. Que además de gafapastas son hombres. ¿Qué esperabais?

En la cama ellas son bastante guarrillas -al menos la que yo probé- y funcionan bastante bien. Les gusta sacarle tinta a la pluma. Pero tienen algunas manías, por ejemplo: si estás dale que te pego y te da por decir «sigue, sigue, sigue» ella se detiene de inmediato y te da la bronca porque redundas. Así que es mejor decir «sigue, prosigue, continúa, no te detengas, avanza, prolonga, prospera…» y seguir hasta que demuestres todo tu vocabulario y un gran dominio de la sinonimia. Eso las excita y se corren en un decir «silepsis». También hay que ser original con las posturas porque El Kamasutra es un libro y, en consecuencia, se lo han leído veinte veces. Al finalizar, si eres fumador, prefieren que fumes en pipa que da un aire más a Joyce.

gafpastasPara finalizar, y por si aún no os ha quedado claro lo que es un auténtico gafapasta, os digo un truquito infalible para detectarlos: si os cruzáis con uno que reúne algunas de las características que he citado, pero no estáis seguros de su autenticidad, le gritáis «Dan Brown» al oído, y si revienta desparramando todos sus órganos por la vía pública y edificios colindantes es que, en efecto, era un gafapasta. Descanse en paz.

Si no queréis fulminarlo y sólo pretendéis que se largue porque os está dando la vara, podéis echarlo fácilmente, rápidamente y pacíficamente diciendo alguna frase con tres adverbios terminados en -mente. Y sale cagando hostias como si se le hubiese aparecido Ken Follett o más. No falla.

Y esto es todo amigos. Espero que ningún aludido se moleste porque esto es sólo una caricatura hecha por un tipo que también lleva gafas.

Me voy a leer Los pilares de la tierra que lo tengo en el punto en que están a punto de violar a Aliena. Ups, he redundado con el punto… si es que leyendo a Follett no se me puede pedir más.


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gafasmetal (08/09/2009)

la cultura y el saber están muy bien, pero lo que me molesta de esta gente es el aire de superioridad que me llevan, además la mayoría son de postín y se limitan a repetir lo que dicen los críticos
genial el artículo, los vídeos, las viñetas... y... te quedan bien las gafas. Un buen trabajo
pd: como me he reido con el ojo de las mil arrugas

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Sil (09/09/2009)

Soy de Barcelona y estudié Filología inglesa hace ya unos cuantos años. Solía ir a los cines Verdi a ver películas en VO para mejorar con el idioma. Y seguí yendo por costumbre. Dejé de ir hará un año años por el asco que me provocaban todos estos personajes que tan bien has descrito. Y puedo confirmar que es una moda y me atrevo a decir que el 90% en la intimidad de su cuarto chupan Spielberg.