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Europa, debe respetar nuestra dignidad territorial y Venezuela debe detener la corrupción

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25/02/2021 21:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es tarde, los falsos socialistas junto a los testigos de jheová y el pentecostalismo se llevaron el dinero de Venezuela y vienen altos impuestos y no hay sancionados por la corrupción, así cualquiera viola los DDHH de la ciudadanía

Tecla Fértil.

 

Ernesto, Che, Guevara De La Serna y Hugo Chávez Frías ambos comandantes de la revolución fueron traicionados por agentes de su misma cofradía política e ideológica. Lo importante, es que dejaron una documentación completa del impacto de las guerras civiles y de guerrillas en su corto tiempo de vida y, como Europa, más incisivamente España, dejaron en La Cordillera Andina y el altiplano andino que contemplaba a Perú y Bolivia, rasgos muy peculiares de las manifestaciones de apoyo de los ciudadanos nativos hacia los republicanos españoles. Las otras publicaciones subterráneas dieron cuenta de recopilaciones históricas de aquellos que huyeron del Perú hacia Venezuela y Colombia, (La Nueva Granada), para desarrollar actividades comerciales como exiliados y cuyo proyecto de salidas de esos países andinos se inicio entre los años de 1936- 1939, cuando recrudeció un conjunto de procesos militares contra la población que tuvieran respaldando las agrupaciones de izquierda.

Pese a todas las dificultades derivadas de la peculiar situación política del Perú entonces, la investigación en la Biblioteca La Cruz de Valencia, me permitió trazar un mapa de la época apasionante, pues la guerra civil española se vivió allá como un acontecimiento propio. El hallazgo de ciertos materiales clandestinos de difícil ubicación, como revistas aludidas del acontecer cultural de ese pueblo andino, facilitó completar el panorama cultural e ideológico de los intelectuales peruanos en los años treinta y sesenta. A través de la guerra civil muchos autores del Perú indagaron en su propia identidad nacional y, tanto para unos como para otros, el conflicto español supuso una reconciliación verdadera con España, una reconciliación marcada por la herida de la guerra. Luego vino el período de Alberto Fujimori y sus continuas charlas en La Habana con Fidel Alejandro Castro Ruz.

Hispanoamérica y Latinoamérica, generaron un fuerte diálogo sobre el carácter de la guerra civil española y  el papel de los escritores e intelectuales ante el papel de ser testigos y su impacto en la experiencia y visión de la guerra. El campo intelectual se dinamiza y empieza a plasmar sus criterios acerca de esa realidad.

Empezó el florecimiento de la política católica y evangélica entre la gente humilde después de la II Guerra Mundial y ya el individualismo atomizante del capitalismo liberal hace mella en su hostilidad al poder del Estado y a la despersonalización de la burocracia, el socialismo marxista se infiltra mediante la Acción Católica en los nervios del estatismo logrando abordar a los partidos políticos y desde esa visión se desarrollan los objetivos espirituales.

Perú guarda simpatías con la revolución mexicana y se crean escenarios de violencia civiles y anticlericales, pero logra congeniar con los vascos españoles que logran residenciarse en Venezuela, Perú y Chile. El fin era detener el avance del franquismo que ya se gestaba y quitarle poder a las fuerzas que propiciaban poder desde la monarquía de los borbones.

Los milicianos republicanos quemaron imágenes y estatuillas del Sagrado Corazón de Jesús y cerca de Madrid, Barcelona, Lérida y Tarragona fueron los lugares donde se asesinaron un mayor número de clérigos y protestantes. Llegándose a profanar tumbas para levantar ritos y actos brujeicos para espantar los espantos de la religiosidad y de jóvenes comunistas que eran en un momento dado, simples seminaristas. Los sueños utópicos quedaron atrás y los partos históricos veían a cumplir un nuevo ciclo.

La historia, es la gran bóveda del pensamiento marxista y los complejos de inferioridad avanzaban. Rápidamente.

Hoy, esos iconos sobreviven al pasado.

En el caso de Iberoamérica, hogar de la mitad de los más de mil millones de católicos del mundo y de las dos mayores iglesias nacionales –Brasil y México-, el Concilio Vaticano II tuvo repercusiones muy significativas por qué parte del clero consideraba con escepticismo, como muchos intelectuales seculares, que los problemas de Hispanoamérica se pudiesen resolver sólo mediante el desarrollo. Por otra parte, la Revolución cubana parecía ofrecer una mayor perspectiva de éxito que las cautas reformas de los pocos cristianodemócratas latinoamericanos. Y aquí debe insertarse el papel de tantos y tantos sacerdotes individuales, que avanzaron por la Teología de la Liberación y compartieron la vía guerrillera del Che Guevara. No olvidemos que la problemática Teología de la Liberación fue desarrollada por teólogos católicos y protestantes –Clodovis, Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez y Rubén Alves- que con una formación mayoritariamente europea repudiaron el eurocentrismo para centrarse en una reducción de la ortodoxia doctrinal favorable a la que denominaron ortopraxis, o necesidades prácticas de las sociedades jóvenes; lo que el marxismo-leninismo denominaba propaganda por los hechos. Dicho interés teológico por la práctica, terminó degenerando en una noción ahistórica de Jesucristo como imagen del revolucionario protomarxista, que combatía la extraña concepción del pecado estructural devenida por el cambio de los evangelios, por las concepciones económicas y sociológicas marxistas en las mentes de estos teólogos, que desacralizaron el mensaje de la Iglesia católica para traer el cielo a la tierra.

Venezuela exige un giro político

El Che se equivocó con el altiplano andino y Chávez con Venezuela, al igual que Simón Bolívar decidió bajar al Perú y Bolivia, pasando por el Ecuador, su límite era Colombia, somos neogranadinos y formamos una sola columna con La Gran Colombia y Guyana Esequiba que se extendía hasta el nacimiento del Orinoco, muy cerca de la triple frontera integrada por Brasil, Colombia y Venezuela, hay otra, la formada por la vieja Mesopotamia que es Siria, Irán y Libia. Fueron traicionados.

El Marxismo y el nacional-socialismo eran una forma de tribalismo emocional que representaba una respuesta a la inmadurez que permitía al hombre permanecer inmaduro con la sanción del grupo. Y este, al acabar con la moral cristiana, ya no tuvo nada que le impidiese utilizar cualquier medio para lograr su objetivo, desde la mentira propagandística hasta el asesinato masivo, de poder traer el cielo a la tierra. Sabemos que el Perú y Bolivia, la madre tierra tiene su significado espiritual.

América no fue descubierta, sino inventada. En Tawantinsuyu, Anáhuac o Abya Yala, nadie había escuchado jamás la voz “Indias Occidentales”, o la voz América; semejantes nombres, tan autoevidentes para nuestras conciencias, no significaban nada para aquellos seres humanos. “Lo confuso del asunto es que una vez que el continente recibió el nombre de América en el siglo XVI y que América Latina fue denominada así en el siglo XIX, fue como si esos nombres siempre hubiesen existido. Ese espejismo, no obstante, es sinónimo de violencia. La apropiación material del territorio fue acompañada de un bautismo: cuando Américo Vespucio, navegando por las costas del actual Brasil, “tomó conciencia” de que aquello no era la India, sino un “Nuevo Mundo”, comenzó de veras la reconfiguración colonial de aquellas tierras; los viejos nombres fueron quedando, paulatinamente, sepultados a consecuencia de un obligado e impuesto desuso.

  1. Mignolo recalca que “descubrimiento” e “invención” no son dos interpretaciones de un mismo acontecimiento; son, muy al contrario, dos paradigmas distintos dentro de los cuales “ocurren” cosas disímiles. Y la línea que separa dichos paradigmas es determinante, toda vez que el descubrimiento se incardina en la perspectiva imperialista de la historia mundial adoptada por la triunfante Europa, mientras que el paradigma de la “invención” refleja el punto de vista de los derrotados por la apisonadora colonial . La modernidad europea arranca en ese preciso instante, esto es, con la instauración del “paradigma del descubrimiento”. A partir de ese momento, como bien señaló Immanuel Wallerstein, se afianzó dentro del sistema-mundo moderno un discurso secularmente reproducido y modulado, que transitó desde la “misión evangelizadora” del siglo XVI hasta la “labor civilizatoria” del siglo XIX, y concluyó con las ideologías del desarrollo y la modernización, ya en los siglos XX y XXI (Wallerstein 2007). Y es ahí, precisamente, donde empieza a quedar articulado el “sistema-mundo moderno/colonial”, para usar la expresión más amplia de Walter Mignolo, que a su vez se apuntalaba con la construcción de un cierto imaginario atlántico. Lo que se sostiene es que una matriz colonial de poder ha venido replicándose y metamorfoseándose en todos los episodios de la “modernidad”, y al mismo tiempo se configuraba una “geopolítica del conocimiento” por medio de la cual Europa quedaba erigida en el locus privilegiado de la enunciación racional; desde ese lugar los europeos podían clasificar a todos los demás, otorgándoles un grado mayor o menor de humanidad. La historiografía occidental, de una manera notable y casi fundacional, ha estado atravesada por relaciones de colinealidad, pues, como bien ha señalado el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot (1995), las narrativas históricas hegemónicas “silenciaron” una multitud doliente de otras historias. Mignolo (1995) apuntó que ese locus privilegiado de la enunciación y de la construcción de sentido, que de manera implacable condenó a otros saberes no europeos al ostracismo más vilipendiado, surgió en el proceso mismo de la articulación expansiva del poder colonial ya desde el Renacimiento.

Es cierto que las élites criollas y mestizas decidieron en muchas ocasiones asimilarse a los modelos foráneos impuestos, aceptando (e incluso celebrando) una existencia instalada en la colonialidad del ser, “adormeciendo la herida colonial, anulando el dolor con toda clase de analgésicos” . El siglo XIX, justo cuando las jovencísimas repúblicas sudamericanas comenzaban su singladura independiente, fue testigo de una dinámica culturalmente asimilacionista; una vez alcanzada la autonomía política, en efecto, las mencionadas élites pretendían emular a Europa en todo lo importante. Pretendían, en suma, europeizar —lo cual, en este caso, era sinónimo de desespañolizar— América. Pero Kant había adjudicado a cada continente una coloración racial: la raza amarilla pertenecía a Asia; la negra, a África; la roja, a América, y la blanca, a Europa (Lepe-Carrión 2014); sin embargo, la “latinidad” quedaba sumida en una ambigüedad problemática, porque los latinoamericanos nunca fueron “lo suficientemente blancos”). De hecho, la conciencia criolla (y mestiza) latinoamericana siempre se movió en una indeterminación trágica: la de no terminar de ser lo que se suponía que debían ser (es decir, europeos), esto es, la conciencia lacerante de permanecer anclados en un cierto “no-ser”. Afrodescendientes y nativos, sin embargo, no tenían ese problema de ambigüedad, toda vez que ellos se movían en un plano de completa exterioridad subhumana; ellos sí llevan el estigma colonial bien grabado, sin ambages (Mignolo 2007, 87).

 

La “latinidad” es un concepto complejo, y muy problemático. No sólo la idea de “América” fue una invención colonial-imperial; también lo fue la idea de “América Latina”. Para empezar, hemos de recalcar que lo de América Latina fue una noción acuñada y difundida por la intelectualidad francesa del siglo XIX, en un contexto de pugna geopolítica con Inglaterra. Es por eso que la idea de Hispanoamérica, y el sueño de Bolívar de una “confederación de naciones hispanoamericanas”, sucumbió ante el empuje de esta nueva concepción: construir una América Latina, y no ya “hispana” o “ibérica” . Pero más allá de la lucha entre las distintas potencias coloniales, lo cierto es que esa “latinidad” (que se convirtió en hegemónica en el siglo XIX) no incluía ni a los pueblos afrodescendientes ni a los pueblos aborígenes. La “latinidad” es una categoría con la que muchos seres humanos que habitan el territorio “americano” no se terminan de identificar; tal es el caso de los afrocaribeños o los afroandinos. Este último segmento de población, el de la población negra nacida en los Andes, es una más de esas historias completamente invisibilizadas, y, sin embargo, hablamos de millones de seres humanos. Y qué decir de los pueblos indígenas, señala Mignolo, cuando ellos no son “latinos” y, en cierto sentido, ni siquiera son “americanos” . Todos ellos no pueden ser identificados, en sentido estricto, ni como latinoamericanos ni como angloamericanos, aunque muchos quisieron reducir el drama americano a la confrontación cultural de lo Anglo y lo Latino (Rodó 1985). Es posible que las comunidades indígenas y negras de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, en muchos momentos, objetiven su lucha contra el “imperialismo angloamericano” procedente del Norte, plasmado en la recurrente y aparatosa injerencia estadounidense; pero que coyunturalmente compartan un enemigo no implica necesariamente que dichas comunidades se sientan “latinas” o se autoperciban como tales . Porque la “latinidad” —que como ya habíamos comentado ocupa un lugar ambiguo en la escala racial del mundo moderno/colonial, toda vez que los “latinos” no parecen alcanzar un nivel óptimo de “blanquitud”—, esa “latinidad”, decíamos, constituye, a pesar de todo, un imaginario de las élites criollas y de las capas mestizas asimiladas al eurocentrismo y al eurofetichismo.

El “mestizaje”, además, fue un espejismo. La mezcla biológica de sangres no llevó aparejada una mezcla equivalente en lo que a cosmovisiones y epistemologías se refiere; los mestizos, mayoritariamente, reclamaron y enfatizaron su raigambre europea, avergonzándose de lo que pudiera haber en ellos de indígena y afro. Por muy remota que fuese la ascendencia europea, los mestizos (también los mulatos, en algunos contextos) preferían hacer valer lo que de europeos había en ellos, reprimiendo u ocultando todo aquello que pudiera recordar que en ellos latía algún elemento nativo/originario o afrodescendiente. “Los mestizos tenían la sangre mixta pero el espíritu puro”

Así que Europa, debe respetarnos, porque somos dignos de esta tierra, la traición a los héroes del pasado, no refleja nuestro presente.

 

 

 

 


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1728 noticias)
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