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El extraño culto a Santa Hipocresía

07/03/2014 21:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mientras permanezcamos "anestesiados" ante tanto oprobio, abuso y adversidad, la humanidad seguirá condenada a vivir en el infortunio en que se ha hundido. Es imperioso rectificar o seremos devorados por la "bestia" de la esclavitud

 

Desde tiempos inmemoriales la sociedad ha destacado por profesar un culto muy especial a la hipocresía. Nuestra sociedad actual ha sido seducida y deslumbrada de manera tal que se ha catequizado rindiendo culto absoluto y unánime a “Santa Hipocresía”.

En función de obtener beneficios, réditos o simplemente representar y aprobar con nota el papel de una reputación intachable o buena persona, el ser humano es capaz de cualquier quijotada osada en pro de obtener sus propósitos.

Tras una amable sonrisa o una cálida palmadita en el hombro, se esconde un fingido y sospechoso adulador. El hipócrita ser humano que ufanamente cree ser triunfador y vencedor absoluto de su cometido.

Desde la cúspide más elevada de la espera social, el peculiar personaje da cátedra sobre el tema, aprobando con notable y en cuadro de honor.

Desde estos parámetros somos testigos involuntarios observando atónitos a la clase política representar a diario la reiterada y gastada farsa de la crítica. Se han convertido en “maestros” de la mentira soez, la grosería o gestar el nido letal del desprestigio hacia el adversario. Nadie está libre de esta tan peculiar devoción, no importa los colores con que se arropen.

Cuando escuchamos el tan bien ensayado discursillo, cuyo contenido intenta enviarnos un desesperado y disfrazado  mensaje netamente oportunista; en la trastienda se gestan vínculos que aúnan los dos bandos convirtiéndolos en colegas y compañeros de juergas, cacerías y saraos.

Hasta podríamos decir que la hipocresía hoy en día se ha convertido en una de las únicas industrias que escapa a la crisis. Insistentemente crea un circo mediático a efectos de distraer la atención de los ciudadanos en direcciones opuestas a las que realmente importan. A pesar de los siglos y siglos que nos separan con la civilización romana, los métodos empleados siguen siendo los mismos. Circo para el pueblo, mientras se avanza en pro de los propios intereses, sin desplegar la vocación de servicio que beneficie a toda la humanidad.

Algo similar sucede en el frívolo mundo de la moda, del jet set nacional e internacional; entre empresarios con sus pares o subordinados, sindicatos con sus afiliados, o en el “denominado” cuarto poder donde la selva mediática devora el respeto, la ética, la moral abanderados con el libertinaje y no con la gloriosa libertad. La fogosa presencia de esta “Santa Hipocresía” entre compañeros de trabajo, amigos o colegas o familia aniquila lo poco de agradable, cordial, decente o cívico que va quedándonos.

Nuestra perfecta sociedad ha perdido la huella de la cortesía, afabilidad, educación, las buenas costumbres y sobre todo el respeto hacia el prójimo. El respeto hacia los derechos propios o ajenos ha sido arrasado cual tsunami. Ni hablar siquiera podríamos de la solidaridad, un fenómeno al parecer obsoleto, pasado de moda que yace probablemente sumergido en el museo del tiempo.

La mala educación, otra de las realidades actuales  ha pasado a formar parte de las filas de la pluralidad del día a día, manifestándose en todos las circunstancias. Cuando subimos al autobús o al metro intentando “arrasar” al resto de los viajeros que intentan infructuosamente de descender. No prima la lógica… Permitir el descenso para luego subir… Pero va a más alla porque muchos quedan bailando al son del “bamboleo” en las escaleras, sin saber que ha sido la ráfaga que ha pasado a la velocidad de la luz, por su lado. Y nada de pedir disculpas… ¡para que! Otra costumbre  archivada en el trastero. Si es posible aventajar a alguien en la cola del supermercado, pues mejor y aun nos vamos intentando disimular la sonrisita socarrona. Antiguamente esto era arena de otro costal, achacándoselo a la “juventud” que está perdida, hoy en día pocos son lo que escapan a ello.

Muchos funcionarios o empleados inclusive nos dan un trato “nada empático”, hasta se permiten el lujo de “llamarnos la atención”, de regañarnos como si fuéramos sus vástagos.

Las cadena de televisión nos proporcionan imágenes dignas del séptimo arte, insultos, tacos, peleas, discusiones, falta de respeto hacia los derechos ajenos, etc. etc. ¿En qué mundo estamos viviendo?. Los niños no les ceden el asiento a los mayores, ni a las señoras embarazadas, y la gran mayoría de los adultos de hoy sucumben a un sueño profundo en cuanto ven amenazado su cómodo asiento. Si no pregonamos con el ejemplo, poco podemos esperar de los futuros dueños del mundo, que crecen mirándose en el espejo turbio del despropósito.

La humanidad camina entre “minas” ocultas que al menor descuido estallarán sin pre-aviso

Entre los representantes que democráticamente hemos elegidos lo máximo que podemos ver es la calumnia, la ofensa, el descredito, y la burlesca pantomima de una preocupación por el bienestar ciudadano INEXISTENTE.

Humanamente poco hemos aprendido de los errores del pasado. El tema más candente de la actualidad sobre la parrilla se llama “crisis” y ocupa el primer lugar desde hace ya demasiados años. Se ha convertido en una especie de epidemia mundial, tras la cual existen ocultos y nefastos titiriteros moviendo los hilos de la vida de todos los seres humanos. Saltimbanquis que mecen en su particular mar de crack financiero, al que nos han llevado el capitalismo y la globalización. Esconden tras su comedida sonrisa, sus impresionantes arcas de dinero en incesante crecimiento, incalculables capitales, amasados mayoritariamente de forma ilícita o a costa de la desgracia de muchos.

¡Crisis!... Mágica palabra “creada” a propósito para obtener ganancias,   enriquecerse inescrupulosamente, consecuencia de la insaciable ambición material, económica y de poder.

Grupos financieros  rigen ocultamente los derroteros a seguir, idean las directivas solapadas que solo conducen a la desolación, la angustia y la pobreza a la gran mayoría de la población mundial.  Millones de seres humanos anónimos carecen de lo más elemental, millones de niños fallecen a diario de hambre, o con gravísimas carencias sanitarias, mientras “los grandes señores” viven cómodamente en sus palacetes rodeados de todo tipo de lujos.

¿Eso es JUSTICIA?... Justicia… Otro tema candente y tenebroso… ¿Dónde se ha escondido esta insigne “Dama”?. Quizás vague desterrada en medio de la nada más absoluta.

Convivimos con la infamia del despropósito, siendo testigos de “casos” absurdos de corrupción, inmoralidad, libertinaje y hedor. Una intrincada trama en la que navegan “ilustres personajes” junto a la hoguera de las vanidades. La lista de implicados es tan extensa como lo son las ramificaciones de cada caso. El final… quizás demore tanto en llegar al meollo del asunto que acabe olvidado en algún archivo. ¿Insospechado? No lo creo, seguramente de no aparecer la “Dama Justicia”, fenecerán impunes todos los cargos, imputaciones, etc. etc. Hay demasiadas implicaciones rimbombantes procedentes de todas las esferas, demasiados intereses creados e inconvenientes. Mientras   vamos presenciando los diferentes episodios de esta gran comedia, escrita por algún celebre y retorcido guionista, se cometen injusticias por un escandaloso tráfico de “favores o influencias”  van derribando cabezas y escondiendo testimonios, alegaciones y evidencias. ¿Qué quiere decir esto?, que quienes verdaderamente intentan sacar de la “galera” la JUSTICIA y ejecutarla, son apartados de los cargos o destituidos. ¡En fin…! Es la decadencia de nuestra sociedad que está consumiéndose y autodestruyéndose una vez más, sin que nadie mueva un solo dedo para impedirlo.

La mayoría desde nuestra posición, también  nos hemos convertido en devotos de Santa Hipocresía y soslayamos la responsabilidad de aportar nuestro granito de arena para modificar el ocaso de quienes viven en su muy particular dantesco infierno. Nos hemos acostumbrado a mirar en sentido opuesto y con ello somos testigos pasivos y cómplices de su desamparo.

El tan mentado y encumbrado “capitalismo”  nos ha llevado a donde estamos. Hemos enfermado de consumismo y materialismo, olvidándonos de que en otras latitudes más o menos lejanas existe una realidad adversa y diferente que asola vidas humanas, cual espeluznante peste. Implacable va devorando a hombres, mujeres, niños y ancianos en una vorágine imparable de pobreza y mezquindad convirtiéndolos al mismo tiempo en víctimas y rehenes; y al resto de la humanidad en verdugos de su presente y de su futuro.

¿Qué fue del buen samaritano? Otro gran ausente del mundo actual, somos participes impasibles de actos violentos, agresiones y del dolor ajeno, sin que se nos mueva ni un solo musculo. Estamos tan preocupados por nosotros mismos que nos olvidamos que no estamos solos, cerramos deliberadamente los ojos ante los infortunios y la adversidad del prójimo. Olvidamos que es más bonito dar que recibir, dejamos de disfrutar de la maravillosa sensación que nos proporciona la generosidad, la solidaridad y la grandeza de la fraternidad.  Somos especialistas de la indiferencia, la frivolidad y la insensibilidad ante los infortunios ajenos: “mientras no nos llegue”… ¡para que preocuparnos!.

Lo único que sé es que si no damos vuelta la “pisada” acabaremos ardiendo en nuestra propia hoguera. Sino unimos nuestro esfuerzo difícilmente logremos torcer el inevitable final hacia la esclavitud, el desamparo y la desesperanza. Es hora de hacer gala del avance de la humanidad y no de la decadencia de nuestra civilización.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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