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Eyaculación precoz

08/07/2009 07:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ya tenemos circulando por aquí un fármaco contra la eyaculación precoz. Y muchas personas piadosas, o no piadosas, se peguntarán: ¿Y eso qué es...?

Ya tenemos circulando por aquí un fármaco contra la eyaculación precoz. Y muchas personas piadosas, o no piadosas, se peguntarán: ¿Y eso qué es? Para tales personas, a beneficio de inventario, vamos a hacer una dramatización del asunto, con objeto de que sea más didáctica la circunstancia. Escenario: alcoba de matrimonio, o de relación sentimental, a las 24 horas aproximadamente de un sábado. Personajes: Rosenda y Nemesio. Pareja de desecho de tienta, de edades indefinidas y declaración de Hacienda con derecho a devolver 3 euros más la voluntad. Empieza el folklore, digo la acción:

–Qué buena estás, Rosenda, ven pacá… –Voy, Nemesio mío. –¡Oh, oh, ahhh! –¿Ya está, Nemesio…? –Pues sí, prenda. –Pues no me he enterado. –Hija, es que no soy el Telediario, si te quieres enterar, pon la tele. –Ahora están dando la Teletienda. –Pues te aguantas. (Y en este momento interrumpimos la conexión, porque ya está claro que el Nemesio tiene un problema de eyaculación precoz. (–¡Sí, claro, porque usted lo diga! –Que sí, Neme, no seas pesado.)

Ante un problema de este tipo, si el protagonista masculino se niega a reconocerlo, e incluso llega a ignorarlo hasta extremos planetarios como diría Pajín, la protagonista femenina puede perfectamente cambiar de partenaire sexual. (¿Se han fijado qué fino? Pues eso.) La Rosenda nuestra, por ejemplo, se echó de partenaire sexual al cuerpo de bomberos de su ciudad; pero reconoce que le hubiera bastado con el Orfeón Donostiarra, con quienes había apalabrado unos conciertos y tal, de cuyos resultados nos negamos a informarles porque no somos unos cotillas. (Cuéntenos, cuéntenos los resultados de los conciertos. Que no, que puede haber criaturas delante.)

Sin embargo, llegados a este punto y coma, que es punto y aparte, pues no me resisto a relatarles lo que pasó después con Rosenda y Neme: –Rosenda, ¿quieres que tengamos hoy un encuentro sexual? –Pues no, hoy me duele la cabeza. –O sea que te has cepillado a los bomberos. –Pues sí, digo yes; y con resultados satisfactorios ya ves tú. –¿Qué tienen los bomberos esos, que no tenga yo, amada mía? –Pues, para empezar, tienen la manguera más larga. –¡Huy lo que me ha dicho! –Y además, sus mangueras mantienen la presión de servicio, unas 20 atmósferas, mucho más tiempo que tú. ¡Hala, para que te empapes! (…)

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Rosendo, a raíz cuadrada de esto, pues acudió a la clínica sexual de don Agapito Pons; donde le dieron la tabarra, digo un curso de entrenamiento de 300 horas, por apenas 3.000 euros de nada, en el que –supuestamente– consiguió: Ejercer total control sobre el proceso eyaculatorio y el índice de precios al consumo. Resultados permanentes con certificado de garantía anticorrosión de las partes implicadas. Una erección mucho más dura, segura, fina, con alas e inamovible. Reducir el tiempo de recuperación entre orgasmos a un mes y medio. Orgasmos más intensos, hasta del grado 7 en la escala de Richter, y duraderos unas tres horas y dos segundos. Un amplio conocimiento en técnicas sexuales avanzadas del Tantra y del Mambo. (–¿De verdad consiguió todo eso? –Pues no, mi niña. En absoluto. El Agapito es un farsante que incluso, y esto que quede entre nosotros, redacta los programas electorales del PSOE.)

Afortunadamente para Rosendo, ha aparecido en el mercado farmacéutico un producto, la dapoxetina, que según sus detractores, digo tractores, digo aficionados, multiplica “por cuatro el tiempo que tarda un hombre en eyacular tras la penetración”. (¿Qué penetración, pollo…? La penetración del jamón serrano, y del chorizo de Cantimpalo, en el vasto mercado chino, por ejemplo y sin ir más lejos, doña Virtudes.) La dapoxetina esta “pertenece al grupo de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina…” Algo que seguramente mucha gente ignora, porque hay mucha incultura en el País. (Ése país se escribe con minúscula, ignorante. Sí claro, porque usted lo diga. ¡Si sabré yo a qué País me refiero! ¡Huy lo que ha dicho!)

Total, que Nemesio se compró su dapoxetina con receta médica, se la tomó de una a tres horas antes de la relación sexual, se acicaló y se presentó ante el dormitorio de Rosenda: –¿Se puede cariño?, me he tomado hace dos horas la dapoxetina. –Pues ahora no puedo atenderte, vida mía, porque el sargento Peláez también se la tomó, y lleva cuatro horas manteniendo su “tiempo de latencia eyaculadora”. ¡Consio con el Peláez! (…)


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Padron Sabina (56 noticias)
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Opinión
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