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La nueva financiación autonómica, un proceso denso y fatigoso

15/07/2009 16:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A trompicones, Catalunya ha determinado sin cesar los cambios del ordenamiento español

Como otras veces en la historia, una iniciativa catalana tiende a modificar el statu quo español. El gran periodista Agustí Calvet Gaziel dejó escrito en sus Meditacions al desert (1946-53) que Catalunya trajo la República y fue la propia Catalunya quien la puso en crisis (6 de Octubre de 1934).

Catalunya condicionó poderosamente el tardofranquismo, de manera que el actual Estado de las Autonomías no existiría sin la fortísima reclamación de una pronta restauración de la Generalitat.

El café para todos no figuraba en el programa catalanista, pero la taza catalana inspiró el diseño de la vajilla entera. Decidida la colectivización del café, había que proceder a su reparto. Las sucesivas reclamaciones para una mejor financiación de la Generalitat acabarían proporcionando notables mejoras a todas las autonomías.

La primera vez que el president Jordi Pujol reclamó la cesión del 15% de la recaudación del IRPF (año 1992, siendo ministro de Economía Carlos Solchaga), media España se le echó encima calificándole de egoísta e insolidario. El presidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, voluntarioso trompetista del apocalipsis español, entonó el Réquiem.

Manuel Fraga Iribarne, a la sazón presidente de la Xunta de Galicia, lo calificó de inconstitucional. Dos años más tarde, en 1994, el Gobierno de Felipe González aceptaba incluir en la Lofca (Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas) la cesión del citado 15%.

El PP encabezó el frente de rechazo –la unidad de España, evidentemente, estaba en peligro–, pero en 1996, sentado en uno de los elegantes comedores del hotel Majestic de Barcelona, José María Aznar pactaba con Convergència i Unió la cesión del 30% del IRPF a las autonomías.

España ya no se rompía. (España está fabricada con un material de alta tecnología: se rompe y se recompone a conveniencia). Aznar tuvo una investidura tranquila. Fue el cénit del PP, que en Bilbao también hizo muy buenas migas con el nacionalismo vasco. Catalunya –de nuevo– fue la palanca con la que José Luis Rodríguez Zapatero, elegido líder del PSOE en 2000, se propuso desbancar al aznarismo hegemónico.

Zapatero prometió en Barcelona apoyar la reforma del Estatut de 1978 y por consiguiente proceder a una nueva y profunda revisión del modelo de financiación autonómica. La inesperada victoria del PSOE en las elecciones generales de 2004, le obligó a ponerse manos a la obra. A partir de aquí, el relato se hace mucho más denso y conocido.

En agosto de 2008, dos años después de la entrada en vigor del nuevo Estatut, el Gobierno estaba obligado a presentar el nuevo modelo. Recién estrenada su segunda legislatura, Zapatero quiso entablar una larga y confusa negociación que evitase una imagen de sumisión a los catalanes. Y en el ínterin estalló la crisis económica, complicando extraordinariamente el juego de la oca. ¿Estamos, de verdad, en la última casilla? ¿Se han lanzado todos los dados?

Fuente:La Vanguardia


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Autor:
Rudelschwartz (2 noticias)
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Reportaje
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