Fray Bartolomé de las Casas (II)
Sus puntos de vista fueron públicamente conocidos en la sesión real del 11 de diciembre de 1517, donde se exponían las doctrinas fundamentales sobre la humanidad de los indígenas, su posible cristianización y civilización, la organización de sus comunidades y la represión de los abusos de los colonos. Por otra parte, Las Casas sugirió que, mientras se mantuviesen los sistemas de explotación de mano de obra servil, se llevasen a las Indias esclavos negros, más resistentes y aptos para los trabajos pesados, aliviándose de este modo las penurias de los indígenas. Esta idea alcanzó un éxito insospechado. Muy poco tiempo después, unos comerciantes genoveses consiguieron que la corona les otorgase una concesión para transportar 4.000 negros de Africa a América, siendo éste el comienzo de uno de los negocios más lucrativos de la época colonial, la trata negrera. No obstante, Las Casas comprendió su error, afirmando en sus Memorias que tan injusto era el cautiverio y la explotación de indígenas como de los negros africanos. En todo caso, pese a la aceptación de sus argumentos, las medidas tomadas por Sauvage quedaron prácticamente sin resultados positivos por su fallecimiento en Zaragoza en 1518. Tras la rápida extinción de los taínos de La Española, Las Casas emprendió la defensa de los indígenas de Tierra Firme, por lo que se trasladó a Barcelona en marzo de 1519 para tratar de obtener en la corte una capitulación que le autorizara a intentar la evangelización y población de la costa de Tierra Firme.

El 19 de mayo de 1520, Carlos I firma en La Coruña la "Capitulación para poblar la costa de Paria concedida a su capellán Bartolomé de Las Casas", mediante la cual se comprometía a colonizar y evangelizar una franja de costa de 300 leguas desde Paria en Venezuela hasta Santa Marta en Colombia y a fundar tres ciudades con privilegios para sus pobladores sin excluir el tráfico de otros españoles. En esa capitulación se declaró la libertad personal de los indígenas. Las Casas zarpó de Sevilla en diciembre de 1520, pasando a Puerto Rico en enero de 1521 y luego a Santo Domingo. Allí tuvo conocimiento de los sucesos acaecidos en Cumaná, en el oriente venezolano, donde los indígenas habían destruido dos misiones y habían dado muerte a religiosos y españoles en venganza por una expedición esclavista realizada en septiembre del año anterior. Dadas las circunstancias se vio obligado a asociarse con Diego Colón y los miembros de la Audiencia de Santo Domingo, permitir la esclavización de los indígenas caníbales que se encontraran y ceder parte de los beneficios de la colonización a cambio de que le dieran el apoyo militar de la hueste de Gonzalo de Ocampo y le mantuvieran en el mando de la expedición. Su intento de colonización pacífica fracasará, tanto por la poca receptividad de los indígenas como por las incursiones esclavistas hechas en su ausencia, que provocaron el ataque y destrucción de la misión en enero de 1522. Las Casas, muy abatido, decidió ingresar en la orden de los predicadores en diciembre de 1522, acogiéndose al convento de la capital de La Española, donde profesó al año siguiente. Durante tres años permaneció en silencio dedicado al estudio de la teología y al perfeccionamiento de sus conocimientos jurídicos. A fines de 1526, ante su indignación por la tolerancia de las autoridades de La Española con los armadores, captores y traficantes de indígenas esclavos, formuló una reclamación ante el nuevo presidente de la Audiencia, el arzobispo D. Alonso de Fuenmayor, sin otro resultado que el ser alejado con el encargo de fundar un nuevo convento al norte de La Española, en Puerto Plata. Allí daría comienzo en 1527 a su gran obra, Historia de Indias, que 25 años después, en 1552, sería dividida en General y Apologética o natural. En 1529 fue llamado por el obispo de México, fray Juan de Zumárraga, y el de Tlaxcala, fray Julián Garcés, como posible reformador de los dominicos de México.
Mal recibido, tuvo que regresar a La Española sin realizar su misión. No obstante, los años y los fracasos, lejos de desmoralizar a Las Casas, le fortalecieron en sus creencias y lo llevaron a posiciones cada vez más radicales. Sostenía la ilegitimidad de toda forma de violencia en la relación con los indígenas, y comenzó a predicar la obligatoriedad moral de devolver a los indígenas todo lo que se les había arrebatado. Esto lo convirtió en una grave amenaza para las autoridades españolas comprometidas en la explotación de los indígenas. Tras lograr de un encomendero que en su lecho de muerte libertara a sus indígenas y restituyera sus extorsiones, el sobrino de aquel, Pedro de Vadillo, consiguió que la Audiencia de La Española, de la que era oidor, le recluyera en el convento de Santo Domingo, con aprobación del Consejo de Indias. No obstante, su actuación en el sometimiento pacífico del cacique indio Enriquillo, sublevado desde 1519, movió a la Audiencia a relajar su reclusión.
Fuente MCNBiografías
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Mari (31-01-2012 23:26)
Paula (01-02-2012 14:33)
Usuario anónimo (02-02-2012 01:10)
Sobre esta noticia
Autor: Álvar Núñez Cabeza De Vaca (113 noticias)
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Tipo: Reportaje
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