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Futbolitis

14/07/2010 18:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque parezca mentira hay personas a quienes no les gusta el fútbol

¡Ya era hora!. Ya ha terminado el Mundial de Fútbol. La histeria colectiva está dejando paso a la resaca post-victoria, con todo lo que ello supone de relajo y mala leche- ¡Si, si. Mala leche!. Cualquier psicólogo de medio pelo nos diría que después de la tensión provocada por la energia desatada, y la consiguiente dosis de adrenalina, viene la caída que conlleva al mono posterior por la falta de estímulos nerviosos que llevarse a la consciencia. Eso provoca, como todos sabemos, una mala leche que ni siquiera los vídeos mil veces repetidos de los goles patrios ni las conversaciones entre copas con los amiguetes ni el sexo pueden mitigar. Es así y así debe ser para equilibrar la balanza de los hemisferios cerebrales que anda loca con tanto subidón. Como siempre sucede en acontecimientos de gran poder de convocatoria, quienes rigen nuestros destinos lo ven como una plataforma excepcional para reivindicar su popularidad, cuando no para lanzar mítines mas o menos soterrados, o(en el caso del partido en el poder) para “aplazar” unas semanas la presión social y distraer la atención de los cabreados, que cada vez son más. Sin hablar del espectáculo de los abrazos, lágrimas y salidas de madre de quienes no acostumbran a estas efusiones mas que en momentos muy contados, a sabiendas de que los enteros de su baremo popular van a subir como la espuma porque al pueblo llano le gustan estos detalles tan a ras de tierra. A partir de ahora, con la conquista de la copa del Mundial de Fútbol, la magia volverá a nuestro país y toodoos los problemas se resolverán en un plis plas. Los parados tendrán de nuevo empleo, los enfermos sanarán, el calor sofocante se verá mitigado en varios grados, volviendo la meteorología a los cauces de antes de la capa de ozono; la economía empezará a subir, y a subir y a subir... de forma absolutamente sorprendente e inesperada, causando sensación en las bolsas internacionales. Los servicios sociales deberán cerrar sus instalaciones siempre atestadas, por falta de público; todo el mundo será feliz y se repartiran pisos desocupados entre quienes carecen de vivienda destruyéndose todos los poblados chabolistas y repoblando de vegetación los terrenos, que seran de uso común. Se abolirán los trabajos temporales y todo el mundo volverá a tenerlo fijo. Los bancos dejarán de percibir comisiones, y regalarán a sus clientes hipotecados el resto de las hipotecas que absorberá el estado. Incluso Catalunya y País Vasco se plantearán lo de la separación, habida cuenta de que España es muucha España. A partir de ahora nadie nos toserá en las reuniones mundiales, y el nivel de analfabetismo e ignorancia cultural desparecerá de golpe, pasando, de ser los últimos de Europa a los primeros, con unas cotas de vocabulario y conocimientos que nos van a equiparar a los mas adelantados, teniendo el común de la población titulación universitaria. La inmigración dejará de ser un problema y toodoos los inmigrantes, ante las cotas de trabajo activo, cuando hayan conseguido lo que se proponían volverán a su paises respectivos con los bolsillos llenos, creando allí riqueza y bienestar y haciendo que los suyos vivan con desahogo, etc. etc. etc... A quienes, como el que suscribe, pasamos solemnemente de cualquier evento competitivo nos ha llegado – como a los presos de Cuba – la libertad que supone no tener que tragar a toda hora en cualquier lugar y en todos los medios con la consabida ración diaria(y nocturna) de futbolitis colectiva. Personalmente no he visto ni un partido, y cuando en la tele nos agobiaban hasta la saciedad con noticias, conexiones, reportajes, entrevistas, goles, horteras disfrazados gritando como posesos delante de las cámaras, al primer atisbo, cambiaba de canal o desconectaba completamente el electrodoméstico. Somos como los apestados de la sociedad del “tanta gente no puede equivocarse” que andan escondiendo sus preferencias so pena de verse marginados por esa misma sociedad que no se siente tan solidaria con los problemas que realmente importan. Pero el que seamos pocos, comparados con los que si, no quiere decir que estemos locos o que nuestras reivindicaciones no sean tan válidas como las de los demás: que hay vida inteligente mas allá del fútbol, vamos. Se de notables personajes públicos y privados que aborrecen el fútbol y todo cuanto rodea a este negocio que saca a la superficie las pasiones mas bajas del ser humano, pero que no las exorcisa, puesto que si así fuera, tras la primera vez, ya nunca mas volverían a aparecer.Y que nadie diga que son consubstanciales al ser humano, porque conozco a muchos grandes hombres y mujeres del mundo que han vencido esas pasiones y que aseguran que es imprescindible el hacerlo, tanto para tener un completo control sobre uno mismo como para una eficiente realización personal al margen de los esquemas establecidos. Repito, son algunos de los mas prestigiosos hombres y mujeres que han dejado y dejan su impronta de honorabilidad y honestidad, y no cuatro mindunguis que no saben ni hacer la o con un canuto como la mayoría de aquellos que se dejan llevar por el ardor del momento al amparo de la masa. Que quede claro que no todos los que están son los que son. Que no vamos a medir con el mismo rasero a todos cuantos gustan del espectáculo-negocio, pues los hay que no llevan a extremos desatados su afición. A eso se le llama respeto, lo cual no supone que estemos de acuerdo o que seamos aburridos, ¿eh?... En otra ocasión ya dije algo que viene de perlas para este escrito. El profesor Marina, uno de mis admirados escritores y sociólogos, dijo en cierta ocasión – y me parece que lo escribió – “... tras numerosas encuestas y comparaciones, estudios y constataciones sociológicas, profesionales del comportamiento humano, en varias partes del mundo, han llegado a la conclusión de que el país que tiene mayor presupuesto para futbol que para investigación es un país de idiotas”... Pues eso...

"... Como siempre sucede en acontecimientos de gran poder de convocatoria, quienes rigen nuestros destinos lo ven como una plataforma excepcional para reivindicar su popularidad..."


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