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Galicia, ¿una sociedad con déficit crónico de democracia?

11/01/2013 00:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Miles de ciudadanos indignados por los recortes siguen preguntándose cómo el PP ha conseguido vencer de nuevo en Galicia y, esta vez, con mayoría absoluta

La explicación más repetida en los medios ha sido el éxito de la estrategia de Alberto Núñez Feijóo de ce ntrar su discurso político en su gestión al frente de la Xunta de Galicia (2009-2012), separándose así de la política del gobierno central. Sin embargo, esta reflexión resulta insuficiente si comparamos las cifras económicas de Galicia antes y después de su mandato (2009-2012).

Galicia pasó de crecer el doble que la media española en 2008 a menos de la mitad en 2011 y se han destruido casi 135.000 empleos. Además, durante el mandato de Feijóo se han impulsado todo tipo de recortes en sanidad y educación. Por ejemplo, la emisión de la tarjeta sanitaria ha pasado de ser gratis a costar diez euros. Las ayudas a la dependencia se han reducido a los casos más graves y los libros de texto ya no son gratuitos. Ante este contexto, parece evidente que la victoria electoral del PP está más relacionada con la cultura política de los gallegos que con el éxito/fracaso de una estrategia electoral, pues resulta difícil justificar porqué se vota en masa al partido que pone en peligro los servicios esenciales. Aunque, si echamos la vista atrás, el PP ha gobernado siempre en Galicia, excepto en dos períodos: el tripartido encabezado por Fernando González Laxe (1987-1990) y el bipartito entre el PSOE y el BNG (2005-2009).

Muchos ciudadanos interpretan este resultado como una consecuencia del caciquismo que pervive en algunas zonas y de la existencia de una mayoría conservadora entre las personas jubiladas, de ahí que Feijóo no les haya bajado las pensiones. Para otros el problema está en la incertidumbre y el miedo que provoca la crisis, que adormece el deseo de movilización.

También hay que prestar atención al elevado porcentaje de abstención de los gallegos, que se sitúa en un 36, 2 % y que si sumamos a los votos en blanco y de carácter nulo se eleva al 41, 1%, unos 31 escaños aproximadamente. De ahí que muchos votantes de izquierda estén a favor de la modificación de la ley electoral o de que esos asientos no se ocupen, pues el reparto proporcional favorece al partido más votado y no es acorde con la realidad social.

La nota positiva de las elecciones llega con la irrupción en el parlamento de Alternativa Galega de Esquerda, una formación que con apenas un mes de vida ha conseguido acceder a la primera y con mayor número de representantes que la formación nacionalista tradicional, el BNG.

El impacto del franquismo

Los teóricos J. R. Montero y M. Torcal han aportado una visión de la realidad social de los últimos años del franquismo que nos sirve para abordar este problema. Hablan de la escasez generalizada de una cultura política en sentido estricto. Las actitudes políticas compartidas mayoritariamente eran muy elementales; “estaban basadas en la desinformación sistemática, mantenidas por la falta de implicación en los asuntos públicos y transmitidas entre generaciones por las experiencias cotidianas”.

En la actualidad, el impacto de esta época se manifiesta en el carácter ambivalente de la cultura política. Así, coexisten dentro de la misma estructura cultural una peculiar mezcla de innovación y tradición, de herencias del pasado autoritario con nuevas formas de entender e interpretar el espacio público, dentro de un entorno de moderación política e ideológica.

El sociólogo estadounidense James Petras se ha referido a esta parte de la historia para explicar la victoria del Partido Popular, la cual, asegura que es producto de la herencia del franquismo. Petras considera que la represión del régimen ha calado muy hondo en la mentalidad de los gallegos, un fenómeno que se aprovecha desde la política. “En el País Vasco se asentaron golpes contundentes de los que en Galicia no se han recuperado y, a partir de este legado, han montado máquinas de prebendas y clientelismo muy fuertes, particularmente en el campo gallego, que siguen funcionando independientemente de que Galicia esté sufriendo por la crisis económica y las medias de austeridad de la derecha”.

El poder de los medios de comunicación

La manipulación informativa se puso de manifiesto durante la campaña electoral, como señala Petras, cuando Feijóo anunció que había conseguido un contrato con la mexicana Pemex para construir casinos flotantes en los astilleros gallegos, por entonces sin pedidos debido a la crisis y la suspensión del tax lease por la Unión Europea. “La derecha lo utilizó para decir que ellos tienen un plan de recuperación del empleo, lo que impactó entre los sectores más atrasados y pobres de Galicia”.

El número uno de AGE, Xosé Manuel Beiras, también ha aludido al papel que juegan los medios de comunicación: “la mayoría de la ciudadanía puede ser manipulada todavía por los mecanismos de alienación, por los poderes mediáticos; con la mercadotecnia el resultado electoral será cada vez más distante de lo que reivindica la sociedad a través de los sectores lúcidos y que piensan en términos críticos”. Según una investigación de Galicia Confidencial, durante el gobierno de Feijóo, el Grupo Voz ha recibido de la Xunta de Galicia 7, 2 millones de euros, más del 40% del presupuesto destinado a ediciones en la comunidad.

Los resultados en Galicia y País Vasco

Si comparamos los resultados electorales en País Vasco y Galicia, expone Petras que “el País Vasco, dinámico, moderno y altamente tecnificado, vota por la izquierda nacionalista y la política de bienestar social; mientras que la nación gallega, más atrasada y menos modernizada, con sectores muy tradicionales, especialmente en el campo, vota por la derecha y las promesas falsas de un futuro mejor, mientras sufre en la actualidad”. “Esto indica que no hay una correlación directa entre pobreza y progresismo”, sino que “depende de la estructura de la conciencia en la organización y la interacción de los trabajadores en un contexto donde pueden tomar decisiones más racionales según sus intereses”. “En el País Vasco votan por partidos que van a mejorar sus vidas, en el caso gallego votan de forma irracional, contra sus propios intereses”, concluye.

Tres tipos de cultura política

Si atendemos a la clasificación planteada por G. Almond y S. Verba, podemos afirmar que la sociedad gallega presenta una cultura política heterogénea en la que están presentes los tres tipos de cultura política propuestos por estos autores. Por un lado, encontramos la denominada cultura parroquial en las zonas más atrasadas de la comunidad, donde las orientaciones políticas no se diferencian de las sociales o religiosas; por otro lado, podemos reconocer claramente una cultura política de súbdito, en tanto que muchos electores son pasivos y no participan en la articulación de demandas, como se observa en el alto porcentaje de abstención. En el otro extremo está la cultura política de participación, caracterizada por el alto nivel de implicación de muchos ciudadanos.

La falta de cultura cívica

Siguiendo a G. Almond y S. Verba, la cultura política está vinculada a un espacio histórico-político y es producto de la cultura cívica. Es la mezcla de desarrollo económico, con democracia y tradición, que da lugar al progreso. En el caso de Galicia, no están presentes los tres factores a los que el politólogo, Ronald Inglehart, asocia el nacimiento de la cultura cívica, de ahí las dificultades para fomentar su expansión.

Primero, en esta comunidad no se ha desarrollado una burguesía comercial e industrial políticamente poderosa y con mentalidad progresista, como sucede en el País Vasco o en Cataluña. Segundo, al no haber progreso no se produce el contexto económico que fomenta la participación de las masas en política con el fin de defender sus intereses. Y, por último, tampoco existe un apoyo generalizado a las instituciones democráticas. El atraso continúa en muchas zonas, pero también los gobiernos que siguieron a la Transición han fomentado, en parte, el desconocimiento de la política.

La práctica del clientelismo

Juan Luis Pintos de Cea-Naharro, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, ha elaborado un trabajo sobre la influencia del caciquismo en Galicia, partiendo del origen de la palabra y reflexionando sobre la obra Sempre en Galiza, de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, quien definía el caciquismo como el sometimiento a la voluntad ajena. A diferencia de Castelao, para Pintos el caciquismo no se define como un sistema de dominación, sino que más bien se trataría de aldeanos que buscan el amparo del déspota para saltarse las leyes que les agreden. Sin embargo, muchos expertos aseguran que esta búsqueda de protección o ayuda se paga muy cara y deriva en una auténtica relación de fidelidad.

Lo cierto es que seguimos encontrando ejemplos de clientelismo en Galicia. En el 2011, el Diario El País publicó que la mitad de los empleados de la Diputación de Ourense, gobernada por José Manuel Baltar (PP), eran concejales de su partido o familiares directos de estos.

El trabajo de Pintos constata que el caciquismo trasciende las ideologías, por lo que es necesaria una consideración compleja del fenómeno para encontrar una salida. También reconoce que la introducción del mercado en el ámbito rural ha rebajado la ignorancia de muchos habitantes, pero los ha transformado en menos autónomos y más insolventes.

El propio Castelao demostró ser un adelantado en su época al vaticinar que el caciquismo sigue siendo funcional al sistema, por lo que sigue reproduciéndose en otras circunstancias y bajo formas diferentes. Es lo que se conoce como “equivalencias funcionales” del sociólogo americano Robert. K. Merton, al decir que determinadas formas organizativas no desaparecen mientras ciertas estructuras sociales sigan generando una exigencia de respuesta semejante.

Las dos soluciones que propone Castelao en su obra: instruir al pueblo aldeano y luchar por sus reivindicaciones, dan lugar a dos corrientes de pensamiento diferentes.

La primera considera que el caciquismo es un fenómeno del pasado, ya que en Galicia existen formas indiscutibles de democracia. Sin embargo, algunos manifiestan que el antiguo caciquismo ha devenido en una “masiva instalación del clientelismo en la sociedad gallega”.

La segunda perspectiva sirvió de guía en la lucha política de diferentes organizaciones, como es el caso de la plataforma Nunca Máis, surgida a raíz del desastre del Prestige. Sin embargo, los medios de comunicación no han sabido destacar la importancia de estos movimientos para combatir las prácticas antidemocráticas.

Debido a reacciones ciudadanas como la del Nunca Máis, muchos teóricos rechazan el caciquismo como marco para explicar todo lo que sucede en Galicia, pero lo cierto es que estos movimientos asociativos no han conseguido combatir a la gran mayoría social parroquial y apática, por lo que sigue siendo uno de los tópicos permanentes de los debates políticos en el último decenio.

La educación en Política

Otro de los aspectos a considerar y que también afecta al resto de España es la dificultad para poner en marcha una verdadera educación para la ciudadanía. Es necesario enseñar los conocimientos y habilidades formales necesarios para participar en el sistema político, como son los valores, contenidos y actitudes que fundamentan los comportamientos cívicos en las difere ntes esferas de la vida social. El temor a reproducir la utilización que el franquismo había hecho de la escuela como instrumento de adoctrinamiento político y las carencias de la cultura política han supuesto un obstáculo para articular una estrategia de aprendizaje cívico. La legislación educativa siempre recoge entre los objetivos a conseguir cuestiones como que los alumnos comprendan y asuman los valores democráticos de la Constitución, empiecen a desarrollar sus responsabilidades personales y colectivas o que aprendan la importancia de la participación social y política. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado que la escuela no constituye un ámbito propicio para el aprendizaje cívico, ni es un lugar donde los jóvenes aprenden a ejercer sus derechos y responsabilidades como miembros de la colectividad.

La percepción del espacio público

Otro factor que explicaría el déficit democrático en Galicia es la inexistencia de una concepción de espacio público. Se heredó del franquismo la costumbre de desconfiar de la política y, en general, de lo público, como un terreno en el que no se puede ejercer ninguna influencia. Como señala Jorge Benedicto Millán, “los años de experiencia democrática no han logrado borrar esta actitud”. “La exigencia inicial de llevar adelante las necesarias reformas económicas sin poner en peligro la legitimidad del nuevo régimen, el esfuerzo para poner en marcha en un periodo de tiempo relativamente corto un aceptable sistema de bienestar y la práctica inexistencia de un espacio autónomo de la sociedad civil que asumiera protagonismo frente al poder político, impidieron un verdadero replanteamiento de la posición y características de la acción estatal”. Al final predomina una visión del ciudadano que se acerca peligrosamente a la idea de súbdito, “un sujeto que es consciente de sus derechos pero que se muestra poco proclive a exigir su cumplimiento, más allá de la reiterada demanda a la protección de un Estado al que se le confía la tarea de asegurar el bienestar individual y colectivo”.


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Vivirengalego (2 noticias)
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