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Gastronomía recreativa

15/07/2009 07:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hoy queridos niños/as, como Zapatero me ha dejado fuera de su modelo de financiación autonómica, he decidido hablarles de gastronomía recreativa; materia en la que, modestia aparte, estoy reconocido a nivel planetario por no tener ni la más remota idea

Hoy queridos niños y niñas, como Zapatero me ha dejado fuera de su modelo de financiación autonómica, pues no me ha dado ni un euro para pipas, he decidido no hablar de política y declararme en huelga de brazos caídos… No, rectifico: acabo de comprobar que si me declaro en tal clase de huelga no puedo escribir, y eso es muy malo para mi pitomialgia, que me lo ha dicho el pitólogo. Por tanto, o por consiguiente que diría Felipe González, voy a hablarles hoy de gastronomía recreativa; materia en la que, modestia aparte, estoy reconocido a nivel planetario, como diría Leire Pajín, por no tener ni la más remota idea. Bueno, he de reconocer que sé freír un huevo, y dos si hiciera falta; hacer unas garbanzas con patas de cerdo; la paella no se me da mal y algunas cosas más que, por recato, pues no puedo poner aquí. (¿Cómo las criadillas en salmorejo? Por ejemplo; y también el pene de poni a la plancha.)

Para empezar esta nueva sección, y quizás también para terminarla, empezaremos por la figura del sumiller, imprescindible en cualquier restaurante o fonda de cierta categoría posmoderna. Claro que a lo mejor ustedes no saben lo que es un sumiller; con lo cual no se habrán perdido nada y además se habrán ahorrado una pasta gansa y de la otra. Los sumilleres suelen estar escondidos subrepticiamente en los restaurantes, y sólo salen a ejercer sus mañas cuando le pedimos vino al mâitre o al camarero; que vienen a ser la misma cosa por otra parte. Vamos, que el mâitre no es sino un camarero refinado que le presenta lo que tienen de la siguiente forma o maniera: “Buenos días, amables clientes. Hoy tenemos para los señores la exquisita especialidad de la Casa, consistente en asado postraumático de ternera fresca del país de Gales, sobre lecho de cebollitas de París, con tomates al pomodoro, y todo ello acompañado por unas patatas al vapor del río Danubio”. Sobre poco más o menos, claro. Mientras que, el camarero normal, es el que se acerca a su mesa secándose las manos en un paño asqueroso, y les dice: “Hoy hay carne con papas y lentejas; si quieren las toman y si no las dejan”. Sobre poco más o menos, claro. (…)

Habíamos quedado que el sumiller estaba escondido tras la máquina de refrescos, ¿verdad…? Pues en cuanto ustedes responden sí, a lo de: ¿van a tomar vino los señores?; allá que se presenta el sumiller frotándose las manos. Si usted tiene algo de cordura y fundamento, lo razonable sería esquivar el ataque diciendo: “No, creo hoy no vamos a tomar vino, porque nos lo prohíbe nuestra religión de los martes”. Por ejemplo. Pero si se arriesgan a lo del sumiller, ya un servidor se lava las manos con Perlán. O con jabón Lagarto. (…)

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El sumiller es muy fácil de reconocer. Vamos que no tiene pérdida, porque va disfrazado con un ridículo delantal negro de cuero que le llega a los tobillos, que debe ser que son muy cochinos y se manchan mucho; una palangana con cuchara extraña colgada al cuello cuyo nombre es tastevin y una insignia, tipo pin, con la forma de unas llaves y un racimo de uvas. También pueden completar la faena con gorro de fantasía y camisa fucsia. Sí. En mis tiempos mozos, allá por el Pleistoceno, cuando las personas humanas nos encontrábamos con tal individuo, inmediatamente llamábamos a los loqueros. Pero ahora las costumbres están muy relajadas, y los sumilleres estos incluso pueden pasear por la calle como si nada. ¡Qué poca vergüenza e idiosincrasia! (…)

Según lo establecido en el código de la circulación, el sumiller es la persona o cosa conocedor de vinos que sugiere a la clientela de cualquier restaurante, el vino apropiado para la ocasión. Pero la realidad es que es un señor que trata de venderle a usted el vino que tienen en el almacén a punto de avinagrarse. ¡Huy lo que ha dicho! De un tiempo a esta parte, a la de la derecha concretamente, los sumilleres también se dedican a asesorarle a usted en la selección de los puros, alias Humidor, los cafés, el aceite, el vinagre, el agua, el anís del Mono, las cotizaciones de la Bolsa, el Índice de Precios al Consumo e interpretarle a la bandurria el pasodoble “Marcial eres el más grande”. Están muy preparados los sumilleres, sí; motivo por el que en mi pueblo es condición indispensable ser sumiller para presentarse a alcalde. Y con esto creo que ya ha quedado suficientemente oscuro lo que es un sumiller. Vamos, digo yo. Hasta luego.


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Padron Sabina (56 noticias)
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Tipo:
Opinión
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