Geografía e Historia de Kosovo
Conocer, y lo que es más importante, entender los derroteros históricos de esta provincia que siempre ha dependido de lo que otros han decidido por ella, es difícil, pese que se trata de un pequeño territorio de algo más de 10.000 km2, que pocas veces ha contado con el interés de las potencias internacionales, excepto cuando ya ha sido demasiado tarde.
Habitada en su mayoría por albaneses tiene sus ancestros en el pueblo ilirio desde el segundo milenio a.C. Siglos después, el territorio ilirio de Dardania, formado por la actual Kosovo, parte de la actual Macedonia y tierras del suroeste de Serbia, fue anexionado por el Imperio Romano.
A finales del siglo XII, el gobernador serbio se anexionó Kosovo y durante este periodo la población serbia aumento. En 1389 un ejército invasor turco otomano derrotó a las tropas serbias durante la Batalla de Kosovo, y la región fue conquistada en 1459 por el Imperio otomano.
Los turcos fueron expulsados a mediados de 1912 proclamándose el estado independiente de Albania, que incluía Kosovo y partes de Macedonia occidental. Sin embargo los arreglos territoriales que siguieron a las guerras balcánicas de comienzos de siglo fueron el detonante del gran problema kosovar que llega hasta nuestros días. En 1913 las grandes potencias asignaron a Serbia ese territorio, que por entonces ya estaba densamente poblado de albaneses. Y en 1918 fue incorporada al recién creado Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, llamado más tarde, Yugoslavia. Los albaneses locales protagonizaron levantamientos entre 1918 y 1919, que fueron despiadadamente reprimidos. El gobierno de Belgrado resolvió forzar la expulsión de los albaneses, el cierre de las escuelas y la confiscación de sus tierras, así como fomentar la colonización con población serbia. Pero la cultura albanesa posee una poderosa vitalidad y con el tiempo el problema kosovar, lejos de diluirse dentro de Serbia, se acrecentó.
Tras un breve periodo durante la Segunda Guerra Mundial, en que fue incorporada a la Albania ocupada por los italianos y los serbios fueron obligados a abandonar la región, regresó a dominio serbio al término de la gran guerra, esta vez bajo el mandato de Josip Broz Tito.
A partir de mediados de los años 70, el régimen de Tito se liberalizó y la Constitución de 1974 terminó por incluir a Kosovo casi plenamente en la estructura federal, si no como república de pleno derecho, sí como provincia autónoma incluida en Serbia. En consecuencia, en 1978 los albaneses acaparaban el 83 por ciento de la administración kosovar, mientras que los serbios sólo detentaban el 9, 3 por ciento.
Con el deterioro de la federación yugoslava a lo largo de los años ochenta y el ascenso al poder de Serbia de Slobodan Milosevic, los enfrentamientos se recrudecieron y los serbios recurrieron cada vez más a la represión violenta. La gota que colmó el vaso fue la supresión de la autonomía kosovar en marzo de 1989. La administración y la gestión de los recursos económicos quedaron en manos de los serbios y miles de albaneses fueron despedidos de sus empleos. Esta política de discriminación llegó a prohibir el uso de la lengua albanesa, la disolución del Parlamento autónomo y el sometimiento de la región a la ocupación militar.
Ante las sucesivas guerras de secesión yugoslavas que por aquel entonces se desarrollaban (Croacia y Bosnia), los gobiernos occidentales arrinconaron el problema kosovar. Por otro lado, los albaneses sabían que, a diferencia de los eslovenos, croatas y bosnios, una guerra contra los serbios sería suicida y la opción se encontraba en organizar un Estado albanés kosovar a la sombra, con su propio gobierno, fiscalidad, parlamento, partidos y elecciones.
El líder que encarnó esta opción fue Ibrahim Rugova, que en los comicios clandestinos de 1991 fue elegido presidente de la República con el 99, 5 por ciento de los votos. Por aquel entonces la Liga Democrática de Kosovo (LDK) se convirtió en el gran frente patriótico de los independentista pacíficos albano-kosovares. Esta clandestina República de Kosovo no fue reconocida por Serbia ni por las potencias occidentales, excepto por Albania, aunque desde Belgrado se cerraban los ojos antes muchas de las actividades de las nuevas autoridades albanesas creadas a la sombra.
Pero el problema kosovar persistía y la represión serbia era cada vez mayor mientras que la esperada ayuda occidental nunca llegaba, lo que hacía perder la paciencia a Rugova al tiempo que sus argumentos para una resistencia pacífica, perdían fuerza entre su pueblo. Así es como en 1997 surgió un denominado Ejército de Liberación de Kosovo (UCK en sus siglas en albanés) que, haciendo caso omiso de la estrategia de "desobediencia pacífica" puesta en marcha por la Liga, inició una campaña de atentados contra las fuerzas de seguridad destacadas en la provincia. A lo largo de 1997, el UCK llevó a cabo 55 ataques contra policías, autoridades serbias y albaneses "colaboracionistas", con un balance de once muertos.
Este grupo armado independentista y de tendencias marxistas-leninistas comenzó a cosechar simpatías entre un número creciente de albaneses en Kosovo. Planteó una estrategia de "territorios liberados" en la región de Drenica y en torno al pueblo de Srbica. Con ello el UCK buscaba asegurarse, a comienzos de 1998, el control de una zona en la que instalar algún tipo de administración propia. De enero a marzo de ese año, las acciones del UCK experimentaron una escalada: se produjeron 63 ataques, con cinco policías muertos.
Fue precisamente a principios de marzo de 1998 cuando la policía serbia lanzó un ataque en la región de Drenica que costó la vida a ochenta personas, entre ellos varias mujeres y niños. Esta actuación generó una respuesta internacional ante el temor de que se repitiera la tragedia de Bosnia.
La diplomacia empezó a actuar. El grupo de Contacto y la OSCE apostaron por una mediación internacional que fortaleciera el papel de Rugova y su postura de resistencia pacífica y facilitara el dialogo con Milosevic para resolver el conflicto. Pese a la existencia de diálogo entre las parte y la promesa de Milosevic de frenar la limpieza étnica, el presidente yugoslavo incumplió una y otra vez sus compromisos y actuó con más violencia contra la población albano-kosovar. Esto determinó, el 24 de marzo de 1999, el inicio de la intervención militar en la región por parte de la fuerzas aliadas integradas en la OTAN. Un ataque, sin apenas resistencia y dirigido a objetivos militares claves, que terminó tras 72 días de bombardeos, con más de 5.000 muertos en la filas yugoslavas y casi un millón de kosovares exiliados.
El presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic cedió finalmente a todas las peticiones impuestas por los aliados desde el principio de la guerra. El acuerdo de paz recogió 10 puntos clave:
- 1) Cese inmediato de la violencia en Kosovo.
- 2) Calendario rápido de retirada de todas las fuerzas serbias.
- 3) Despliegue de una fuerza con participación central de la OTAN.
- 4) Mando único de la fuerza internacional.
- 5) Administración propia para Kosovo.
- 6) Un pequeño número de soldados serbios podrán regresar a Kosovo.
- 7) Retorno con garantías de todos lo refugiados.
- 8) Pleno respeto al acuerdo de Rambouillet.
- 9) Plan de estabilización para los Balcanes.
- 10) Los bombardeos terminan cuando se verifique la retirada de las tropas.
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Sobre esta noticia
Autor: Jfl (475 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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