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Gilipolleces, las justas

23/04/2010 23:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Por dónde empiezo? Años treinta. Síganme. En un pequeño pueblo de Castilla, se reunieron dos cabeza de familia para dirimir un asunto trascendental en sus rutinarias vidas

Hoy, he dudado del modo de plasmar mis palabras de pasajero de vagón con ventana abierta. El ruidoso aire entraba entre las juntas de goma carcomidas por el tiempo. Mis ojos se reflejaban en el cristal, mis dedos acariciaban una barba de dos días. ¡Quién pudiera! Y, ¿cómo coño rompo este melón? ¿Acaso habré de entretenerme con las imbecilidades del idiota Montilla? ¿Y si empleo mi tiempo en tachar al borrico Llamazares y a su panda de farsantes en lo verde y en lo histórico de solemnes caraduras? ¿Merece la pena cazar las moscas con palillos? Aún recuerdo cuando ser del PP implicaba convertirte prácticamente en un prófugo entre los jóvenes y un héroe entre los mayores. ¿Nos hemos de limitar al pataleo y al grito? Las palomas son como las ratas, aunque las pises no las matas. Por eso se nos impondrá la patochada de la traducción simultánea en el Senado. Que en este país de paletos, qué más da lo que improperien los políticos. Pero no. Hoy no voy a perder ni un minuto con toda la sarta de gilipolleces que escupen los telediarios. Hoy tengo ganas de reírme, porque la carcajada puede convertirse en el mejor remedio. ¿Acaso existe crítica más mordaz que una sutil sonrisa a tiempo?

¿Por dónde empiezo? Años treinta. Síganme. En un pequeño pueblo de Castilla, se reunieron dos cabeza de familia para dirimir un asunto trascendental en sus rutinarias vidas. El tío Jabato, panadero, deseaba ampliar su horno. Para ello, necesitaba que su vecino, el tío Melindres, aceptase eliminar el espacio reservado para la salida de aguas del tejado de su vivienda, para así aprovechar todos los metros del solar hasta la pared. En aquellos años no existían los canalones, por lo cual, el agua de lluvia descendía por los tejados hasta acumularse en unos canales que la guiaban por las callejas hasta la ladera más próxima. Si un tejado volaba sobre el de otra vivienda, tomaban la determinación de reservar medio metro de linde, el cual servía de desagüe de la vivienda voladiza. El tío Melindres aceptó la proposición con la condición de que la chimenea de la nueva construcción fuera edificada lo más lejos posible de su pared y de sus ventanas. Y así quedaron. Sin canal, sin canalón y con horno.

Coman, follen y pasten como las vacas en el patético jardín de los pasos perdidos. Algunos han llegado a la incombustible edad de treinta años y no saben todavía qué coño hacer con sus vidas

Los pueblos están llenos de historias, como nuestras anónimas vidas. Hoy no hay límite para la mofa. Porque hemos pasado de respetar valores a acecptar que se nos considerare simples animales. ¿Cómo puedo pertenecer a la misma especie que ese imbécil? Gritaba un anciano en la calle al ver pasar a un joven con el pelo pegajoso y los pantalones por debajo del culo. Calvin, ¿qué? Los calzones asomaban al ritmo del paso desganado de aquel chaval sumido en sus cascos y en su incomprensible modernidad. ¿No me entienden? Qué hermosa mujer, cuán delicada, pensaban nuestros abuelos cuando escribían aquellas maravillosas cartas de amor. ¿Te la tirarías? Le dice un tío a otro. ¡Qué buena está esa tía! Cuerpo de rey. Autoservicio señores. ¿Por qué han cambiado tanto los tiempos? No se aburran. Eructen en sus centros de trabajo; búrlense de quien respete las normas. Acaricien al torturador mientras echan en cara la debilidad de la víctima con el lamentable “ya te lo dije”. Mira que lo sabía. Que las ratas son como las palomas. Las otras parecen volar, cuando en verdad nos rocían sus pulgas y sus inacabables cagadas. Un niño corretea por la calle enfundado en un plumífero de mil colores. Su padre no sabe muy bien cómo educarlo. ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Piensa. Déjense llevar. Vamos a jugar a "la Play". La televisión resulta tan entretenida como nociva. Tanto tienes, tonto eres. Un desgraciado se asfixia, víctima de su asma... ¿Por qué viniste a sufrir? Coman, follen y pasten como las vacas en el patético jardín de los pasos perdidos. Algunos han llegado a la incombustible edad de treinta años y no saben todavía qué coño hacer con sus vidas. Otros pasan de cuarenta y lamentan sus desdichas mientras su hija pide atención medio metro más abajo. ¡Ponle un vídeo! ¡Qué se calle! Hartos de falsos remedios, los defraudados ciudadanos llegan a casa con sus ojeras y su necesidad de consuelo. Sólo algunos consiguen cerrar la puerta en medio de un abrazo. ¿Valores? ¡Para qué! El abuelo será encerrado en un asilo. La abuela ya no recuerda nada. Siquiera los viejos contratos verbales del pasado se respetan. Algunos llegan a perder el tiempo enfrentándose en los tribunales por culpa de una linde, un canalón y una chimenea. Si el tío Jabato y el tío Melindres levantasen la cabeza... ¿Nadie les refresca la memoria? Pues háganse ecologistas y suban a sus casas en ascensor. Aparquen en la puerta y no lean. No abran un sólo libro. No sea que les ocurra lo que a mí, que a mis treinta y dos años sigo sin entender nada. ¿Qué le diré a mi hija? Sonríe, preciosa, no dejes nunca de sonreír ante las adversidades de este mundo surrealista. Después de todo, la vida son dos días. ¿Me reprocha el lector el que no haya logrado provocar su carcajada?, ¿acaso no he cumplido yo con mi palabra? Ya lo dijo Cristo: “quien tenga oídos que escuche, quien tenga ojos que vea”.

Paco Bono

Más en mi blog http://www.somoslibres.es

Colaborador habitual en http://www.espana-liberal.com


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Autor:
Paco Bono (52 noticias)
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Opinión
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