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El árbol Gingko Biloba es lo único que se salvó de la destrucción total de la ciudad de Hiroshima

30/05/2016 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 6 de agosto de 1945, la ciudad japonesa de Hiroshima, sufrió un ataque nuclear. El bombardero B-29, “Enola Gay”, lanzó la bomba de uranio, un resplandor iluminó el cielo. Parecía como si la lava cubriera toda la ciudad, sólo el Gingko Biloba muy verde sobresalía en aquella destrucción

Hace 270 millones de años, mucho tiempo antes de que los primeros dinosaurios caminaran sobre nuestro planeta, aparecieron los ginkgos.

El ginkgo fue descubierto al mundo occidental en 1691 por el botánico alemán Engelbert Kaempfer que vio algunos ejemplares en jardines de monasterios budistas japoneses, de donde se trajeron los primeros ejemplares a Europa en 1717 y a América en 1758.

Debido a cataclismos geológicos, tan solo subsistieron tres especies en el Terciario (hace 65 millones de años). La extinción de los dinosaurios como dispersores potenciales de las grandes semillas debió influir en este declive, según los registros de fósiles. Es como si hoy desaparecieran las abejas.

Existe hasta un mural de John Agnew, en el que figuran los dinosaurios. Y se ve el Ginkgo, en medio de helechos, coníferas, cycas, dinosaurios terápodos y varias aves extintas de diversos períodos de la era mesozoica.

Hace cerca de 7 millones de años el Ginkgo desapareció del registro fósil de Norteamérica y se extinguió en Europa hace como 2, 5 millones.

Los descubrimientos fósiles muestran que el Ginkgo resistió bien en climas húmedos y moderadamente templados del Pirineo hasta la era mesozoica. O sea que los vascos, los cántabros, los gallegos, los aquitanos y los bretones gozaron de la presencia del árbol sagrado.

Los científicos creyeron durante siglos que el Ginkgo era una especie extinguida, pero en 1691 el alemán Engelbert Kaempfer lo descubrió en Japón.

Engelbert Kaempfer (1651-1716). Fue un físico y botánico alemán que estuvo en Japón desde 1690 hasta 1692. Describió el árbol de Ginkgo allí en 1691 en su obra "Amoenitatum exoticarum" (1712).

Los ginkgos habían sobrevivido también en China y allí se encontraban principalmente en los monasterios de las montañas y en los jardines de palacios y templos, donde los monjes budistas cultivaron el árbol desde cerca del 1.100 AC por sus buenas cualidades. Desde allí se había propagado gracias a las semillas hacia el 1192 AC siempre en intima relación con el budismo y había llegado hasta Korea.

El 6 de agosto de 1945 explotaba en Hiroshima, Little Boy, la primera de las dos bombas atómicas lanzadas en Japón en la Segunda Guerra Mundial. Un templo budista que se encontraba en los jardines, a 10 km. del lugar de la explosión quedó destrozado. Pero este superviviente del Pérmico no estaba dispuesto a morir.

Cuando un superviviente llevaba a una niña en brazos hacia el hospital desde las ruinas de una templo, vio una planta verde que parecía salir de las cenizas. A su regreso arrancó la planta de raíz y otro superviviente la examinó y le dijo que era un retoño del árbol Ginkgo Biloba.

En la primavera siguiente, el viejo ginkgo quemado brotó de nuevo. Hoy  día el árbol sigue vivo, y a su pie se puede se puede leer una inscripción que reza, "NO MAS HIROSHIMA".

En septiembre de 1945, un mes después de que Estados Unidos lanzara la bomba sobre Hiroshima, se hizo un examen riguroso de las plantas y árboles que había habido en los jardines y parques alrededor del epicentro de la explosión. Parecían segados de raíz por una misteriosa guadaña. A un kilómetro de un templo en ruinas, un árbol de ginkgo Biloba que alguna vez fue plantado junto al templo totalmente destruido, un arbolito verde –sin muestras de deformación– se alzaba con nuevos brotes. Después de considerar si se trasplantaba o se talaba el árbol antes de construir de iniciar allí un nuevo templo, se decidió dejarlo crecer y construir el templo Hosen-ji ajustándolo alrededor del árbol de manera que lo protegiese. Desde entonces, en su corteza se han grabado rezos y plegarias por la paz.

Allí es donde se le agregó al Ginkgo el nombre de “mensajero de esperanza” y se le fueron añadiendo adjetivos calificativos tiernos y magnánimos a este árbol, pariente de los dinosaurios que sobrevivía, tras una edad -como hemos dicho- de 270 millones de años.

Árbol sagrado, árbol de las pagodas, árbol de los 40 escudos, árbol de oro (porque en otoño sus hojas se vuelven doradas), cabellera de doncella, nogal de Japón, y portador de la esperanza, son algunos de esos nombres que lleva esta planta.

La palabra Ginkgo proviene del japonés Gin Yyo, que se deriva del chino Ya Tchio, que quiere decir “pata de pato”. Biloba evoca la forma de los dos lóbulos de la hoja. Árbol “sin parientes vivos” en el mundo. El eslabón perdido y encontrado para la eternidad.

Las ginkgoáceas alcanzaron su esplendor en el período Jurásico en el que se llegaron a contabilizar 11 especies diferentes, pero hace 65 millones de años, y coincidiendo con la desaparición de los dinosaurios, comenzó su declive. Hace 7 millones de años, se extinguieron en América y 4, 5 millones de años después lo mismo ocurrió en Europa. De todo aquel grupo de árboles que prosperó en tiempos en que los antepasados del hombre eran pequeñas musarañas que caminaban asustados bajo la sombra de los grandes saurios, sólo ha sobrevivido una especie, el ginkgo biloba.

Los últimos ginkgos sobrevivieron en los jardines de templos budistas de China, Japón y Corea donde  eran considerados árboles sagrados. Se cree que no existen en estado salvaje, porque aunque se han encontrado algunos bosques de ginkgos, se sospecha que no han nacido de forma espontánea. Hay un enorme ginkgo biloba en Lengqi, provincia de Sichuan (China). Tiene 30 metros de altura y 12, 4 de perímetro. Se le estima una edad de 1.700 años. El ginkgo puede superar los 40 metros de altura, (se habla de un ejemplar en Dabao-China de 60 metros) y vivir más de 2000 años, edad que algunos autores elevan a 4000. Es un árbol muy decorativo, con unas hermosas hojas en forma de abanico que en otoño adquieren un llamativo tono amarillo.

El ginkgo es un árbol dioico, es decir, hay pies macho y pies hembra. La mayoría de los árboles son machos, en Europa el primer ejemplar hembra apareció en Suiza en 1814. En los jardines, se suelen plantar ejemplares masculinos, porque las hembras dan unos frutos que desprenden un olor nauseabundo al pudrirse. Los frutos de ginkgo, en su interior poseen una semilla comestible muy apreciada en Asia. Tostada, constituye un alimento muy popular en fiestas y banquetes.

Las aplicaciones de este árbol son innumerables, además de sus semillas comestibles llamadas pake-wo, sus hojas eran introducidas en los libros por los monjes budistas para preservarlos de ataques de insectos y hongos. Por su resistencia al fuego se utiliza en varias zonas como cortafuegos natural. Además, posee diversas sustancias muy apreciadas tanto por la medicina tradicional china como por la ciencia oficial, a las que incluso se le atribuyen propiedades anticancerígenas.

El Ginkgo Biloba protege la salud de varias formas. En primer lugar es un poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres que pueden dañar las células nerviosas al igual que otras células. En segundo lugar el Ginkgo aumenta la cantidad de oxígeno que llega al cerebro, al incrementar el contenido de oxígeno en la sangre, aumentar el abasto de sangre al cerebro y mejorar la disponibilidad de glucosa. En tercer lugar el Ginkgo evita la coagulación excesiva de la sangre. Se cree que el Ginkgo también puede ayudar a mejorar la transmisión de información en las células cerebrales.

Algunos estudios han demostrado que ayuda a mejorar el tiempo de reacción en pruebas de memoria y la capacidad mental de personas de edad avanzada. En la actualidad se estudia para mejorar la memoria en pacientes de Alzheimer y Parkinson y retrasar los síntomas de estas enfermedades desde las primeras etapas.El Ginkgo Biloba también es beneficioso para la depresión. Estudios de las propiedades antidepresivas de esta planta se han probado en pacientes que sufrían insuficiencia cerebrovascular. Se observó una mejora no sólo en la circulación cerebral de los pacientes sino también en su estado de ánimo

Por ejemplo en pacientes entre 51 y 78 años de edad que no respondían a los medicamentos antidepresivos del mercado resultó muy eficaz con sólo añadir dosis de 80 miligramos de extracto Ginkgo tres veces al día.

Este estudio probó que la planta además de tener efectos antidepresivos podía reducir la cantidad de receptores de serotonina en las células nerviosas de pacientes mayores de cincuenta años. Una de las causas de la depresión es la reducción en la cantidad de receptores de serotonina en las células nerviosas del cerebro.

En otro experimento realizado en laboratorio sobre el problema de la depresión se les proporcionó extracto de Ginkgo Biloba a dos grupos de ratas, unas jóvenes y otras ancianas. Se observó al comenzar el estudio que las ratas jóvenes tenían un 22% más de receptores de serotonina que las ratas ancianas. Pero después de suministrarles el extracto al cabo de 20 días se encontró que las ratas ancianas habían aumentado los receptores en un 33%.

En las ratas jóvenes el número de receptores permaneció inalterado. Tales resultados apuntan la posibilidad de que el extracto de la planta ayuda a combatir la depresión debida a los cambios cerebrales que se observan en el envejecimiento y en general el repetido extracto ayuda eficazmente a combatir los efectos del envejecimiento en el cerebro. En casos de personas con depresión severa se puede combinar el Ginkgo Biloba con la hierba de San Juan.

La mala circulación en el cerebro es la causante de muchas enfermedades graves y paralizantes. Una de las más peligrosas son los derrames cerebrales que pueden producir la muerte o parálisis de alguna parte del cuerpo. El extracto de ginkgo mejora la circulación de los capilares del cerebro, aumenta su resistencia y ayuda a que no se rompan. Se recomienda la administración de una dosis de entre 60 y 240 mg diarios de este extracto tanto para prevenir los derrames como para evitar toda una serie de síntomas asociados con la mala circulación cerebral: mareos, pitidos en los oídos, habla deficiente, problemas de falta memoria, mal de altura, demencia senil, falta de concentración, migraña, perdida de audición, vértigo, etc.

Además del efecto beneficioso para todos los males señalados también se puede utilizar para la esquizofrenia o la esclerosis múltiple, no solamente porque mejora el riego cerebral, sino por sus propiedades antioxidantes que son capaces de combatir los radicales libres, responsables del deterioro de las células y la aparición de muchas enfermedades degenerativas. La degeneración de las células del cerebro influye en la aparición de enfermedades graves.

Hay otros males de tipo circulatorio para los que el extracto puede ser también un remedio eficaz como la llamada enfermedad de Raynaud que se manifiesta en las extremidades como en los dedos de las manos y de los pies que se ponen morados o blanquecinos, especialmente con el frío.

Parece que el mundo no ha aprendido que estamos en una nueva era desde el bombardeo de Hiroshima

La mala circulación en la vista producida por el endurecimiento de los vasos sanguíneos al provocar una mala circulación en los capilares del ojo, con perdida de visión por degeneración macular. Por otro lado una dieta inadecuada o unas condiciones ambientales agresivas añadidas a la propia oxidación del organismo suelen ser causa de la aparición de los radicales libres, para los cuales la visión es uno de los órganos más sensibles y de los más afectados. También para ese tipo de circulación, el Ginkgo biloca es un remedio usado sobre todo en China y Japón.

Las enfermedades circulatorias de las piernas más dolorosas y limitadoras suelen aparecer en las personas mayores es la claudicación intermitente. Esta consiste en un estrechamiento de las arterias de las piernas que hace que la circulación sanguínea sea pobre. Llega poco oxígeno a los músculos y, por lo tanto las piernas duelen mucho después de cualquier ejercicio o caminata. Hay personas que pueden experimentar calambres en las pantorrillas cuando están en la cama, por la noche o a la madrugada al estirar las piernas.

La falta de riego del corazón por obstrucción de las arterias coronarias puede producir en ciertos casos infartos de consideración. La aportación de un caudal deficiente de sangre al músculo cardíaco puede producir arritmias, una respiración más acelerada y dolor en el pecho.

Los diabéticos pueden encontrar en el extracto de la planta un remedio eficaz y controlable

El Ginkgo Biloba también puede ser de utilidad para las personas diabéticas. Aunque no posee un efecto marcado sobre el azúcar en la sangre, si tiene una serie de beneficios importantes para la persona diabética. Uno de los principales problemas que presenta la diabetes es el daño que causa a los nervios y a las arterias. Se ha encontrado que el ginkgo Biloba puede ayudar a minimizar o prevenir estos daños. El ginkgo Biloba mejora la circulación sanguínea en las personas diabéticas y les ayuda a prevenir las ulceraciones que se producen cuando la diabetes no está adecuadamente controlada. También existe alguna de que puede ayudar en casos de retinopatía diabética leve.

Existe la posibilidad de que el Ginkgo Biloba interactúe con algunos medicamentos antidiabéticos causando reacciones adversas. Si toma alguno de estos medicamentos y su nivel de glucosa aumenta descontinúe el Ginkgo. En las personas que no ingieren medicamentos y cuya diabetes está controlada con dieta y/o ejercicio no se han reportado efectos adversos. Personas que padezcan deficiencias de coagulación o que están ingiriendo sustancias que inhiben la coagulación sanguínea deben consultar a un profesional de la salud cualificado antes de ingerir Ginkgo.

La mala circulación en las piernas es la causa de dolores y cansancio. El ginkgo puede mejorar la circulación y evitar estas molestias.

El ginkgo es un árbol muy resistente. No se le conoce ninguna enfermedad, soporta muy bien la contaminación, el fuego, las bajas temperaturas, la falta de luz e incluso la radioactividad, como mostró el 6 de agosto de 1945 durante el bombardeo de Hiroshima.

El Ginkgo biloba es una planta milagrosa, según dicen sus partidarios, capaz de vacunarnos contra la demencia, de mejorar la memoria, de protegernos de los ataques al corazón y de curar desde el cáncer gástrico hasta el tinitus, pasando por el glaucoma, la esclerosis múltiple, la disfunción sexual y el vitíligo. Desgraciadamente, los médicos no se van a librar de su trabajo tan fácilmente, porque esta planta milenaria de origen japonés no sirve para devolver la salud de los enfermos.

El ginkgo emigra a Norteamérica y Europa

Semillas del árbol fueron llevadas a Europa desde Japón por Kaempfer a principios de 1700 y a América a fines de ese siglo. Pero los primeros árboles crecidos en Europa parece que eran machos. El primer árbol hembra registrado fue encontrado cerca de Ginebra en 1814, del cual se injertaron esquejes en un árbol macho en el Jardín Botánico de Montpellier, donde creció la primera semilla perfectamente. Ahora el árbol crece en muchos países de todo el mundo como un árbol ornamental.

En 1754 fue cultivado en Londres (cultivador Gordon) y en los Jardines Botánicos Kew (1762). Desde allí y también desde Japón se propagó a otros países europeos y ciudades norteamericanas como Philadelphia. A principios de siglo era un árbol popular en áreas urbanas, en las calles de la costa este de Estados Unidos.

Estudios modernos muestran que su morfología ha cambiado poco. El Ginkgo del período Terciario (hace 56 millones de años) es notablemente similar al moderno Ginkgo Biloba. Esta puede ser la planta de semillas viviente más antigua del planeta. Algunos botánicos la consideran como una de las maravillas del mundo.

Así, el único ser viviente de la vegetación que se extendió por el mundo, el Ginkgo, es el eslabón entre el presente y el pasado.

Es un árbol de gran elegancia y dignidad. La historia humana parece insignificante cuando se compara con la genealogía de este árbol que, permaneció en pie ante el primer ensayo nuclear sobre kobayas humanos y ahora, subsiste erguido en muchos jardines y a lo largo de las calles de ciudades construidas por el hombre millones de años después.

Como señala el paleobotánico Sir Albert Seward (1938): "Apela al alma histórica: lo vemos como un emblema de la inmutabilidad que ningún vegetal resistió, una herencia de mundos demasiado remotos para que nuestra inteligencia humana comprenda que tiene en su custodia los secretos del inconmensurable pasado."

El famoso escritor e historiador Guo Moruo publicó un ensayo en el que menciona al Ginkgo como la victoria de la humanidad sobre la destrucción.

Hiroshima: 8:15 a.m. del 6 de agosto de 1945

El 6 de agosto de 1945, la ciudad japonesa de Hiroshima, situada en Honshu, la isla principal del Japón, sufrió la devastación, hasta entonces desconocida, de un ataque nuclear. Ese día, hacia las siete de la mañana, los japoneses detectaron la presencia de aviones norteamericanos que se dirigían hacia el sur del archipiélago;a las 8:15, el bombardero B-29, “Enola Gay”, al mando del piloto Paul W. Tibblets, lanzó sobre Hiroshima Little Boy, (muchachito) nombre en clave de la bomba de uranio. Un ruido ensordecedor marcó el instante de la explosión, seguido de un resplandor que iluminó el cielo. Minutos después, una columna de humo color gris-morado con un corazón de fuego (a una temperatura de unos 4000º C) se convirtió en un gigantesco “hongo atómico” de algo más de un kilómetro de altura. Uno de los tripulantes de “Enola Gay” describió la visión que tuvo de ese momento, sobre Hiroshima: “parecía como si la lava cubriera toda la ciudad, era el resplandor como de un sol”.

Tokio, a 700 kilómetros de distancia, perdió todo contacto con Hiroshima: se produjo un silencio absoluto. El alto mando japonés envió desde Tokio una misión de reconocimiento para indagar sobre las causas de esta falta de contacto. De Hiroshima no se recibía ningún mensaje radiotelegráfico. Después de tres horas de vuelo, los pilotos de reconocimiento no podían creer lo que veían: de Hiroshima sólo quedaba una enorme cicatriz en la tierra, rodeada de fuego y humo.

Después de la explosión sobre Hiroshima, los norteamericanos esperaban la rendición inmediata de Japón. Pero esto no sucedió por culpa del emperador Hiro-Hito. El alto mando japonés estaba totalmente desorientado, además sus jefes unos pocos eran partidarios de luchar hasta el fin y otros mayoría de rendirse y esperar la llegada de los marines norteamericanos. Presionaban sobre el emperador Hiro-Hito que aguardaba en su palacio imperial totalmente aislado de la realidad a que alguien viniera a decirle algo. De hecho era un prisionero muy respetado por los clanes militares y tampoco muy partidario de la rendición incondicional. Los civiles no contaban nada y dependían de las órdenes del Dios-emperador que tampoco significaba demasiado frente a los militares en el aspecto estratégico.

Los estrategas nipones calculaban que Estados Unidos sólo tenían un artefacto tan destructor como el lanzado sobre Hiroshima y que ya el presidente Roosevelt, muy enfermo, había anunciado en la Conferencia de Potsdam. ¿Qué era eso de una bomba atómica?. Estaban in albis sobre la realidad del drama de Hiroshima. No habían enviado a la ciudad ningún emisario y lo poco que sabían era por los aviadores de reconocimiento y por los fenómenos atmosféricos y visuales de lo que estos habían visto. Había fotos aéreas inquietantes pero muy abstractas. Algo, sí había pasado. ¿Pero qué...?

En definitiva después los militares consideraron que el probable daño producido en Hiroshima por el artefacto secreto estaba hecho, y se mantuvieron fanáticamente esperando una palabra de Hiro-Hito pero este no hizo nada. Esta actitud de los japoneses estaba prevista por Washington y en la Casa Blanca el secretario de guerra Stimson, el Secretario de Estado Corder Hull, el general Marshall, Harriman y, sobre todo, el fanático general Groves que había controlado el proyecto Manhattan para la fabricación de la bomba, en nombre del Pentágono, eran partidarios también fanáticos de utilizar la otra bomba no de uranio sino de plutonio por dos razones: una técnica, el nuevo ensayo del poder nuclear destructivo sobre cobayas humanos frente a Stalin, y otra rendir a Japón por el terror, sin necesidad de un desembarco…

Ellos sabían perfectamente los efectos destructivos de la bomba atómica, porque sus bombarderos tenían un sofisticado equipo de control y fotografía a bordo. El presidente Truman, un hombre gris (que sucedía a Roosevelt, recién muerto de cáncer) no había leído siquiera el voluminoso memorándum del General Groves, pero sabía los cientos de millones invertidos en el Proyecto Manhattan y el esfuerzo desplegado por los sabios y miles de civiles en lo nuclear. Casi automáticamente dijo que “sí” al general Groves. La suerte de Nagasaki estaba echada. Los sabios, en su mayoría, estaban asustados y encabezados por Oppenheimer se opusieron a un nuevo ensayo sobre humanos. Luego fueron perseguidos por el FBI, por simpatías hacia los comunistas.

El 9 de agosto, a las 11:02 de la mañana, el espectáculo de la aniquilación nuclear se repitió en Nagasaki, situada en una de las islas menores de  Kyushu. El bombardero B-29, al que llamaban “Bock’s Car”, (superfortaleza volante) arrojó sobre esa ciudad industrial el artefacto Fat Boy (muchacho regordete), una bomba de plutonio, con la capacidad de liberar el doble de energía que la bomba de uranio.

Cinco días después, los japoneses se rindieron incondicionalmente ante las fuerzas aliadas. Con ello, la Segunda Guerra Mundial, que empezó en 1939, se dio por terminada.

Las bombas nucleares devastaron Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, los efectos del bombardeo sobre cada ciudad no fueron iguales: la situación geográfica de cada lugar influyó sobre el grado de destrucción. En Hiroshima, emplazada sobre un valle, las olas de fuego y radiación se expandieron más rápidamente y a mayor distancia que en Nagasaki, cuya orografía montañosa contuvo la expansión de la destrucción.

Dos kilómetros a la redonda de donde explotaron las bombas, la catástrofe fue absoluta: el fuego y el calor mataron instantáneamente a todos los seres humanos, plantas y animales excepto como hemos dicho el Gingko Biloba. En esta zona no permaneció en pie ni una sola edificación y se fundieron incluso las estructuras de acero de los edificios de hormigón armado. La onda expansiva de la explosión hizo estallar vidrios de ventadas situadas incluso a diez kilómetros del lugar de la conflagración. Los árboles fueron arrancados desde la raíz y quemados por el calor quedando como estacas retorcidas y chamuscadas.

En algunas superficies planas, como los muros de algunos edificios, quedaron plasmadas las “sombras” de carbón de las personas que estaban allí cerca y cuyos cuerpos se desintegraron repentinamente con el estallido.

El fuego se adueñó de la ciudad y de los barrios de Hiroshima, donde se formó una “tormenta de fuego” con vientos de hasta 60 kilómetros por hora. Había incendios por todos lados. Miles de personas y animales murieron abrasados, o bien sufrieron graves quemaduras y a veces heridas por los fragmentos de vidrio y otros materiales que salieron disparados por la explosión y se hundieron en sus carnes. Las tejas de barro de las casas se derritieron y las residencias de madera ardieron como teas. Los sistemas telefónicos y eléctricos quedaron arruinados inservibles. Y se interrumpió toda comunicación con el exterior y en Tokio pensaron en un terremoto o un soplo divino y sobrenatural.

Se calcula que en Hiroshima desaparecieron cerca de 20.000 edificios y casas, y en Nagasaki quedó destruida el 40% de la ciudad.

Los daños fueron inenarrables, pero la verdadera tragedia fue la pérdida de vidas humanas. Hiroshima, con una población de 350.000 habitantes, perdió instantáneamente a 70.000 y en los siguientes cinco años murieron otras 70.000 a causa de la radiación. En Nagasaki, donde había 270.000 habitantes, murieron más de 70.000 antes de que terminara el año y miles más durante los años siguientes. Se calcula que en total murieron cerca de 250 mil personas.

Deambulando como fantasmas o como zombies

El efecto psicológico inmediato a la destrucción fue la parálisis. La población entró en una especie de inacción. La muerte en vida. La limpieza de escombros de la ciudad y el rescate de cuerpos sin vida, que no eran siquiera cadáveres sino momias no se organizó hasta algunas semanas después del estallido. Un efecto no visto hasta entonces fue la aparición de una sensación de terror histérico.La incursión de un algún avión de reconocimiento en el cielo provocaba el pánico colectivo. En la conciencia histórica de Japón, las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki dejó una cicatriz imborrable, que dura todavía.

 

 


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