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¿Golpe bajo a la Justicia?

06/09/2011 13:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A medida que avanzaba el juicio sobre los trágicos sucesos del 11-M, crecía aceleradamente la consideración por el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez. Fuimos muchos los que nos ilusionamos con su manera de enjuiciar los hechos que, por otra parte, ponía tan nerviosos a cuantos defendían interesadamente la versión oficial. Cada nueva petición de pruebas, hecha por el juez Bermúdez, se convertía en un duro golpe en la moral de los funcionarios implicados en la alteración de pruebas, por su posible responsabilidad penal. Hasta casi una semana antes de producirse el fallo, el presidente del tribunal daba a entender que habría deducciones de testimonio para alguno de los mandos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Está muy claro que el juez Bermúdez sabía perfectamente que el explosivo que reventó los trenes no pudo ser Goma 2 ECO por la presencia evidente en el mismo del dinitrotolueno, que es un componente evidente del titadyn. Las cintas de la pericia sobre los explosivos utilizados en los atentados del 11-M, que tenía en su poder, reflejaban claramente las expresiones espontaneas de los técnicos encargados de los análisis. Estos técnicos, tanto los policiales como los de las partes, dieron a entender, de un modo u otro, que la Goma 2 ECO, procedente de la mina asturiana, no fue lo que estalló en aquellos trenes de cercanías. Más aún, el juez Bermúdez comprobaría fehacientemente por sí mismo, que dichos técnicos se olvidaban de lo grabado en su día en las cintas y se inventan una nueva versión, más acorde con las pretensiones de la Fiscalía, dando por buena la versión oficial.

Llegó la hora de dictar sentencia, y Javier Gómez Bermúdez, contra todo pronóstico, cambia también de opinión frustrando y decepcionando a los familiares de las víctimas masacradas en los trenes y a cuantos habíamos creído en su imparcialidad. Poco antes de hacer pública la sentencia, según nos dice el químico Antonio Iglesias en su libro Titadyn, Gómez Bermúdez trasmitió confidencialmente a otro magistrado las claves del fallo, según las cuales, quedaría sin establecerse la autoría intelectual del atentado, Emilio Suarez Trashorras sería condenado exclusivamente por tráfico de explosivos y habría deducciones de testimonio para algunos mandos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Según testimonio de Federico Jiménez Losantos, no solamente dio a entender a un grupo de periodistas "con absoluta claridad que iba a deducir testimonio". Dijo, además, a las víctimas que "se irán caminito de Jerez", haciendo así referencia al penal de El Puerto de Santa María. Poco tiempo después, para desilusión de muchos y sin que sepamos los verdaderos motivos, el presidente del tribunal cambia de opinión inesperadamente y dicta una sentencia que, al menos de manera aparente, guarda muchas similitudes con la versión oficial y con las conclusiones aducidas machaconamente por la Fiscalía. En la sentencia definitiva no se determina, como ya había anunciado, la autoría intelectual del atentado, pero tampoco hubo deducciones de testimonio para ninguno de los mandos policiales implicados. Suarez Trashorras, eso sí, cargaría con una condena de 40.000 años de prisión por aportar la Goma 2 ECO que, a pesar de todo, no pudo estallar en los trenes.

No sabremos nunca si el juez Gómez Bermúdez tomó esta decisión a última hora a cambio de alguna prebenda ofrecida por el Gobierno, relacionada naturalmente con su carrera profesional, o actuó así de manera interesada, con el ánimo de agradar al Gobierno, esperando que éste sepa agradecérselo generosamente con algún nombramiento interesante. En cualquier caso, se trata de un golpe bajo a la credibilidad de la Justicia, tanto si la redacción definitiva de la sentencia responde a una transacción con el Gobierno, como si es simplemente un intento personal de agradarle. Es normal que, con esta problemática sentencia, Javier Gómez Bermúdez perdiera toda su buena reputación anterior.

Y, por lo que parece, continúa esa sospechosa armonía del juez Gómez Bermúdez con los responsables del Gobierno. De ahí que Gómez Bermúdez, utilizando sus competencias como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, intentara echar un capote a los miembros del Ejecutivo español, con su chocante decisión sobre el caso Faisán. En principio, correspondería a la Sección Segunda de la Audiencia Nacional resolver los recursos interpuestos por el ex director general de la Policía y dirigente del PSE, Víctor García Hidalgo, el jefe superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamies y el inspector José María Ballesteros. El juez Gómez Bermúdez en cambio, quizás para ayudar a todos los implicados, resuelve que sea el pleno de la Audiencia Nacional el que resuelva, en apelación, los recursos interpuestos contra los tres altos mandos policiales procesados por el chivatazo a ETA.

Da la sensación de que Gómez Bermúdez, al igual que el Ministerio Fiscal, se ha adherido igualmente al recurso planteado por los acusados, centrado básicamente en que no puede haber colaboración con ETA para lo que se exigiría "como punto de partida una mínima afinidad, adhesión o sintonía ideológica’ . El juez Gómez Bermúdez no solamente va contra el parecer del juez Pablo Ruz, instructor del chivatazo, y del dictamen aportado por los jueces de la Sección Segunda de la Audiencia Nacional, que ven en el caso una colaboración manifiesta con la banda terrorista; va incluso más lejos y se posiciona contra su propia doctrina, reflejada en su polémica sentencia del 11-M, donde señala con rotundidez que ‘ el delito de colaboración con banda armada ni siquiera exige que el colaborador comparta los fines políticos o ideológicos de los terroristas, sino que basta con saber que se pone a disposición de esos criminales un bien o servicio, que se les está ayudando o facilitando su ilícita actividad’ .

Lo que escribió Gómez Bermúdez para fundamentar jurídicamente aquella sentencia del 11-M, parece pensado para el caso del chivatazo a ETA en el Bar Faisán. De acuerdo con la doctrina aquí expresada, tienen toda la razón los jueces de la Sección Segunda de la Audiencia Nacional y del propio Pablo Ruz. Pero los tejemanejes y compadreos con el Gobierno, como los protagonizados por el juez Javier Gómez Bermúdez, perjudican seriamente a la Justicia. Si hace tiempo Pedro Pacheco, con muchos menos motivos se atrevió a decir que "la Justicia es un cachondeo" ¿qué no diría hoy a la vista del desenlace de la sentencia del 11-M y el giro que se pretende dar al procesamiento de los implicados en el caso Faisán?

Barrillos de las Arrimadas, 14 de agosto de 2011

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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