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14/02/2012 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El señor Murillo levanta el auricular del teléfono y teclea cuatro veces. Son las cinco y a punto están de llegar los hijos del colegio. Aunque todavía le da tiempo. Sostiene entre sus manos la dichosa factura de teléfono..

El señor Murillo levanta el auricular del teléfono y teclea cuatro veces. Son las cinco y a punto están de llegar los hijos del colegio. Aunque todavía le da tiempo. Sostiene entre sus manos la dichosa factura de teléfono. Intenta desarrugarla con una mano, releyendo el importe que, otro mes más, le intentan facturar erróneamente. Así que ha tomado una decisión: llamar y dar de baja la línea. Un gasto más del que despreocuparse. Después de todo, qué necesidad hay de él. En los últimos veinte años no recuerda haberlo utilizado ninguna vez. Sí, claro, por navidades recibe noticias de la familia, el saludo de rigor, qué tal todo, la familia bien, pues me alegro, a ver si para el año que viene podemos estar todos juntos, y colgar. En fin, nada que no se pueda hacer por carta. O por mil, como le dice su hijo Alfonso, el mayor. Y de golpe se pone a recordar aquella ocasión en que sus dos hijos, en la habitación sentados frente al ordenador, le preguntaron si conocía la dirección de sus dos hermanos, la única familia que le quedaba, que ellos podían escribirles ahí mismo una carta y enviarla por mil. Que luego quedó en nada, a pesar de que encontrara el remite entre la correspondencia que guardaba en uno de los cajones de la habitación. Al señor Murillo, director gerente en rutas específicas de transporte con vehículo en propiedad, profesión más vulgarmente conocida como taxista, esto de las nuevas tecnologías le ha alcanzado demasiado rápido, arrollándolo contra la cuneta nada más comenzar. No hay más que observar el auricular que ahora utiliza para plancharse la oreja, amarrado al cuerpo del teléfono por un cordón umbilical que puede desenroscarse hasta los dos metros. Movilidad suficiente. Ha tenido espacio para masticar las palabras que pretende dejar caer en cuanto consiga hablar con el responsable. ¡Le va a escuchar aunque no quiera! Pero, ¡silencio!, ya parece que responden…

-Sí, hola, buenas tardes, quiero hablar con el responsable…

Como andan hablando los dos a la vez, el señor Murillo tarda en atender a la voz de la señorita que le habla al otro lado de la línea. Le están dando la bienvenida. Suena una música de fondo. Le informan que probablemente la conversación quedará grabada, a fin de mejorar el servicio. A continuación, otra vez la relajante música. El señor Murillo le echa un vistazo a las manillas del reloj de la pared. Todavía le da tiempo.

-Por favor, detalle el motivo de su consulta…- y le da algunas opciones.- Si desea hacer una consulta sobre telefonía fija, pulse o diga uno; si desea hacer una consulta sobre internet, pulse o diga dos…

-Perdone que la interrumpa, señorita, solo quiero hablar con el responsable de las facturas…

-…si quiere obtener alguna promoción u oferta…

-No, oiga, no quiero ofertas, quiero hablar con un responsable, que me expliquen porqué estoy pagando…

-No le he entendido. Por favor, indique cual de estas opciones…

-¿Qué no me ha entendido? ¡Quiero hablar con el responsable! ¡¡¡El responsable!!!

-…desea hacer una consulta sobre telefonía fija, pulse o…

-Oiga, que me lo está repitiendo otra vez, palabra por palabra… ¡Señorita, por Dios! Hágame caso, quiero hablar con…

-…si lo que desea es información sobre su factura, pulse o diga tres…

-Oiga, que no tengo todo el día, que llevo aquí dos minutos y…

-Ha elegido usted la opción dos, consultas sobre internet.

-Señorita, que yo no quiero nada, que llamaba para que me explicaran…

-A continuación, por favor, díganos si es usted cliente o no…

-Pues ya le he dicho que me han enviado una factura, cómo no voy a ser cliente…

-Ha elegido usted que no es cliente…

-Eso es lo que pretendo, señorita, no ser cliente, pero no me deja…

-…díganos qué información desea. Si desea hacer una consulta sobre telefonía móvil, pulse o diga…

-Que sí soy cliente, sí soy, síiii…

-…si desea hacer una consulta sobre teléfono fijo…

-Sí, eso, teléfono fijo….!Teléfono fijo!

-…o marque cuatro

-¡Cuatro!

-Por favor, díganos o teclee uno a uno los dígitos de su número de teléfono…

-…

-No le he entendido, por favor, repita uno a uno los…

-¡Que sí! Es que no me acuerdo cómo era… Sé que empezaba con cinco ocho, no, cinco dos ocho…cuatro tres dos… o era cuatro dos dos, no, cuatro tres dos, y luego eran tres cincos seguidos, sí, me parece recordar…

-No le he entendido. Por favor, pronuncie uno a uno los dígitos…

-Cinco dos ocho cuatro tres dos cinco cinco cinco

-Su número es el ocho tres seis ocho dos siete tres siete, ¿es correcto?

El señor Murillo anda ya medio liado entre el cable del teléfono, la factura retorciéndose entre una de las manos, mientras se muerde la lengua. Está poniéndose nervioso y no para de dar vueltas sobre el sitio. Con la mayor serenidad del mundo, intenta repetir los números, pero al llegar a la mitad siente abrirse la puerta de la calle: han llegado del colegio; entran los dos hijos, el pequeño corriendo, como siempre. Cualquier otro día les habría tenido preparado ya la mochila con su ropa. Después de todo, tienen poco tiempo para regresar desde la escuela a casa, cambiarse y marchar al entrenamiento. A pesar de todo, el señor Murillo está convencido de que hoy no puede ser como cualquier otro día. Hoy va a ser diferente: va a ser el último en que se vaya a utilizar el teléfono. Cueste lo que cueste.

-Ahora díganos su número de identificación o de pasaporte…

Éste dato sí se lo sabe de memoria. Mientras habla, su hijo pequeño pasa por su lado y le saluda, sin detenerse. Así que le da tiempo para completar los trámites necesarios…

-Bienvenido, señor Murillo. Indíquenos a continuación cual es el motivo de su consulta, si desea información sobre su factura, diga o marque uno; si desea realizar algún cambio en sus datos personales, diga o marque dos; si desea información sobre los gastos de este mes, diga o marque tres;…

El señor Murillo no tiene más remedio que quedarse a escuchar. Eso sí, aprovecha la circunstancia para girar y de una vez librarse del cable que se le ha estado enredado entre las piernas. Al otro lado, la señorita sigue recitando opciones como si no fueran a terminar nunca. Va ya por la quinta cuando, por su lado, cruza el mayor de sus hijos, Alfonso. Lo hace sin saludar, derecho hacia la cocina. Casi al instante vuelve a reaparecer.

-…si desea darse de baja del servicio, diga o marque siete…

Primero lo dice mentalmente. Observando cómo el hijo mayor se queda a unos metros, quieto, con las manos en los bolsillos del pantalón. Mirándolo descaradamente.

-Siete.

Le hace un gesto al padre.

-Ha elegido darse de baja de este servicio, ¿es correcto?

Otro gesto.

-Si.

El señor Murillo devuelve el gesto al hijo: ¿qué quieres?

-Si desea darse de baja del servicio contratado diga sí.

-¿Has hecho las mochilas?

-No.

-Operación cancelada. Gracias por utilizar nuestros servicios.


Sobre esta noticia

Autor:
Enrique Madrazo (65 noticias)
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Tipo:
Opinión
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