A la grasa, échale Especias...........

Una alimentación rica en especias reduce la acumulación de triglicéricos en la sangre tras ingerir grasas en abundancia, lo cual protege al corazón, según revela un nuevo estudio de la Universidad Penn State (EE UU) que publica la revista Journal of Nutrition.
“Normalmente, cuanto ingieres una dieta rica en grasas, suben los niveles de triglicéridos en sangre”, explica Sheila West, coautora del estudio. Estos triglicéridos aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas. Sin embargo, West ha demostrado que con dos cucharadas de especies como curry, orégano, romero, pimienta negra, polvo de ajo, paprika, canela o cúrcuma la acumulación de triglicéridos se reduce en un 30%. Este efecto se debe a que se trata de especias con propiedades antioxidantes. De hecho, en análisis de sangre tras consumir estas especias, los investigadores comprobaron que el nivel de actividad antioxidante aumentaba un 13%, mientras que la respuesta a la insulina se reducía en un 20%, lo que también es positivo para evitar la diabetes.
La dosis de especias usada en los experimentos proporciona la misma cantidad de antioxidantes que 140 gramos de vino tinto o 28 gramos de chocolate negro, según puntualiza West.
¿Por qué nos gustan tanto las grasas?
¿Por qué nos gustan tanto las grasas? ¿Qué hace que un plato de patatas fritas nos resulte irresistible y que no podamos parar de comer tras probarlas? Una sustancia natural similar a la marihuana tiene la culpa según un estudio de la Universidad de California Irvine (EE UU).
Según Daniell Piomelli y sus colegas, las grasas de ciertos alimentos producen en nuestro digestivo endocannabinoides, sustancias químicas similares a la marihuana relacionadas con la euforia pero también con el hambre. Los azúcares y las proteínas, afirman los investigadores, no tienen este efecto.
El proceso empieza en la lengua, donde las grasas de los alimentos generan una señal que viaja al cerebro y luego, a través del nervio vago, hasta los intestinos.El resultado es que el apetito aumenta, probablemente por la liberación de moléculas digestivas asociadas al hambre. Piomelli asegura de que, desde el punto de vista evolutivo, existe una necesidad imperiosa para los animales de consumir grasas, que escasean en la naturaleza pero son cruciales para que las células funcionen. En la sociedad actual, sin embargo, las grasas están demasiado “al alcance”, y la tendencia innata a comerlas conduce a problemas como la obesidad, la diabetes e incluso el cáncer, concluyen en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Tras el hallazgo, los científicos sugieren que sería posible revertir esta tendencia a abusar de las grasas usando fármacos que bloqueen los receptores de los cannabinoides.
Te gustan las grasas y el alcohol? Está escrito en tus genes
Según una investigación de la Universidad de Aberdeen, en Escocia, en el ADN de los europeos existe un "interruptor genético" que induce al consumo de alimentos ricos en grasas y a consumir bebidas alcohólicas.
El estudio, publicado en el Journal of Neuropsychopharmacology señala a una sustancia denominada galanina como la causante de algunas voraces inclinaciones occidentales ante la mesa. Este neuropéptido, que desarrolla su labor en el hipotálamo, en el centro del apetito, es el que induce al individuo a ingerir compulsivamente alimentos grasos y alcohol. En palabras de Alasdair Mackenzie, líder del equipo de investigación, la galanina "es producida en un área del cerebro que controla el miedo y la ansiedad. Así, los cambios en los niveles de la sustancia afectan al estado emocional del individuo".
La galanina de los europeos funciona demasiado en comparación con la de individuos de otros continentes, como los asiáticos, por ejemplo, en cuyo ADN hay una menor presencia de la sustancia. Para Mackenzie la explicación a esta singularidad podría estar en que en la prehistoria, "durante el largo invierno, los individuos con interruptor débil no habrían sobrevivido en Europa tan bien como los de interruptor fuerte". Durante estos periodos de carencias y frío, los individuos debían sobrevivir a base de alimentos ricos en grasas y bebidas elaboradas, con lo que esta tendencia genética favorecería su supervivencia.
No solo genética
Sin embargo, y según señala el propio Mackenzie, el ambiente es fundamental en la conducta alimenticia. La adaptación a la cultura europea de los asiáticos, por ejemplo, puede favorecer la adquisición de hábitos alimentarios y problemas propios de los europeos.
Para el doctor Scott Davidson, descubridor del "interruptor", el descubrimiento ayudará en un futuro a "identificar potenciales medicamentos que podrán ser usados para desarrollar una nueva generación de antidepresivos así como otros que reduzcan el ansia por la comida grasienta y el alcohol".
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Autor: Markaflay (22 noticias)
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