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Günter Wallraff: La esencia del periodismo de investigación

18/10/2010 17:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La pasada semana, en la contra de la vanguardia, leíamos una interesante entrevista a Günter Wallraff, escritor y periodista que ha dedicado gran parte de su vida a infiltrarse para denunciar aspectos que muy pocos se atreven a denunciar. Acostumbrados como estamos a las cámaras ocultas de pacotilla, o a programas como 21 días, que son más una semi-actuación, que una investigación periodística rigurosa, leer esta entrevista nos ha devuleto las raíces del auténtico periodismo de investigación y denúncia. A continuación la entrevista completa:

Como un camaleón se transforma en otro y vive las vidas de los marginados. En Cabeza de turco (que provocó una conmoción en Alemania) explica sus dos años siendo Ali, emigrante turco, para desenmascarar una sociedad racista y abusiva. El periodista indeseable (cinco ediciones) recoge una serie de reportajes, entre ellos su infiltración en el Bild, prototipo de la prensa amarilla, el de mayor tirada en Alemania, y denuncia su absoluta falta de escrúpulos. Con los perdedores del mejor de los mundos (Anagrama) muestra de nuevo el lado oscuro de la sociedad opulenta y biempensante. Documenta con precisión cada reportaje. Ha sido cientos de veces denunciado y nunca condenado

Tengo 67 años. Nací y vivo en Colonia, en un barrio de emigrantes que conviven en armonía. Estoy casado por tercera vez y feliz. Tengo 5 hijas maravillosas. Escéptico frente a los gobiernos de turno, no dogmático e independiente. Soy un agnóstico profundamente religioso

Para contarlo, se desliza en la piel de otros.

Siempre necesité las vivencias directas para desarrollarme intelectualmente y como persona.

Ver, vivir y contar, eso es periodismo.

 Con el tiempo se convirtió en una herramienta para cambiar las cosas.

¿Cómo empezó todo?

Durante el servicio militar publiqué prácticas del ejército que me parecían abusivas y me internaron en un hospital militar psiquiátrico para castigarme y desacreditarme.

¿Eso forjó su identidad?

Me convertí en un periodista duro que investiga y denuncia. Trabajaba en fábricas abusivas y las denunciaba, pero tras mis primeros artículos las empresas estaban sobreaviso y me vi obligado a trabajar infiltrado.

Se maquilla, se pone lentillas, peluca, bigote... ¿Coló como negro durante un año?

 Viví en una casa de acogida para africanos en Munich y nadie sospechó. Yo era una persona agradable y recibí un trato machista y condescendiente. Tenía que soportar que no me trataran como un individuo, sino de forma genérica: como negro, de forma paternalista o como a un sirviente.

Vio todos los prejuicios en acción.

Sí, nadie quería alquilarme una vivienda, incluso gente que no se consideraba racista me negó la entrada en un camping: "Es por los otros clientes", decían. Al cabo de ocho semanas empecé a tener pesadillas y tenía miedo de las pandillas de gente joven.

¿Y qué sintió siendo obrero de una cadena de montaje?

Me he metido muchas veces en la piel de esas personas y he hecho muy buenos amigos. Pero lo que describo en Con los perdedores del mejor de los mundos trabajando en una fábrica de pan es atroz. Apenas dormíamos, cada dos por tres había averías y debíamos meter las manos en la maquinaria: he visto amputar más de una mano.

Convertido en empresario católico, ¿qué consejos le dieron los obispos acerca de la venta de napalm?

Había descubierto una forma más eficaz de fabricar ese veneno pero tenía ciertos escrúpulos morales y me dirigí a altas instancias de la jerarquía católica para preguntarles qué debía hacer: sólo dos me desaconsejaron la fabricación de ese tipo de armas; el 90% me decía que uno no es responsable de lo que pasa con sus productos.

Más sobre

Ali, emigrante turco en Alemania.

Mi salud se resintió muchísimo durante esos dos años: problemas musculares, de huesos y bronquiales, apenas podía caminar más de quince minutos, nos obligaban a trabajar sin máscara en una fábrica metalúrgica de acero, la Thyssen.

Con las ganancias del libro, Cabeza de turco, creó una fundación.

Convivir, que consigue viviendas y crea proyectos educativos. Financio abogados de damnificados y ayudo a la gente con la que he trabajado a lograr un empleo mejor. A la Thyssen y otras empresas del sector les obligaron a contratar técnicos de seguridad y los turnos de 16 horas pasaron a la historia.

Es usted un Robin Hood.

Me reuní varias veces con el ministro de Trabajo y establecieron un grupo permanente de vigilancia al que se conoce como grupo de Ali en honor al personaje.

Entonces, debe de estar orgulloso.

Si no sirviera para mejorar las cosas, mi trabajo no tendría sentido. Los efectos se ven más a largo plazo. Después de publicar los libros hago un seguimiento y suelo lograr más cosas de las que pensaba.

También se convirtió en indigente.

Hoy todos podemos caer en esa situación. Al principio me disfracé de manera algo exótica y extravagante; luego, cuando empecé a tener trato con ellos, me di cuenta de que era gente normal que procuraba cuidar su aspecto y que en tiempos pretéritos no hubiera acabado en la calle. Meterte en la piel del otro te enseña mucho, yo superé muchos prejuicios.

¿También hizo amigos?

Uno de ellos estuvo viviendo en mi casa y creó una página web en la que explica qué hacer si te quedas sin techo. Le he propuesto para una condecoración que otorga el Estado alemán a ciudadanos con méritos en la sociedad civil.

Alguna conclusión.

Sí, conclusiones y soluciones. Hay que prestar ayuda a esas personas de manera menos burocrática, persona a persona. Después de la publicación del libro conseguimos que dos de los peores centros de acogida, uno de ellos un búnker en Hannover y otro un contenedor en Frankfurt, se sustituyeran.

Tiene usted poder.

Nunca hay que rendirse frente a los hechos, luchando contra las injusticias se abren puertas insospechadas. Mi trabajo no pretende apaciguar mi conciencia, porque son experiencias que me enriquecen; yme siento mucho más feliz y alegre compartiendo con los otros y siendo consecuente mediante mis actos.

Es el misterio de la empatía.

Hoy sé que los débiles pueden superar a los poderosos, y eso da mucho coraje. Pero hay mucho por hacer porque estamos derivando de una sociedad de clases a una de castas, en la que los intocables son los parados de largo recorrido, gente apestada. En situaciones de crisis, la sociedad se pone en contra de aquellos a los que puede despreciar en lugar de dirigir su ira hacia el poder.

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Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
economiaybanca.com
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Reportaje
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