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Hacia dónde va el mercado de la música

22/07/2011 12:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image         Una cosa es saber hacia dónde va y otra denunciar hacia dónde nos arrastran. Si tuviéramos que describir gráficamente como se configuran las relaciones entre los distintos actores interesados tendríamos que hablar de un enorme tocadiscos donde nadie es quien parece ser: por un lado el cabezal y la aguja somos los consumidores, el disco, claro está, son los artistas; el motor que mueve el disco son las discográficas (o lo eran hasta hace poco, ahora me explico), el eje sobre el que gira el disco son las nuevas tecnologías y sobre todas ellas Internet. La energía usada es el talento, la resultante el dinero.

                          Que los artistas y los ciudadanos son uña carne es una evidencia que no necesita prueba: nada son unos sin los otros y siempre a lo largo de la historia ha existido una perfecta consonancia, a pesar de los cuentos para no dormir que nos quieren vender los simonitas.

                          En cuanto al motor que hace girar el mundo de la música podríamos asegurar que nos encontramos en un momento de transición. Las nuevas tecnologías permiten que los artistas vayan directamente del estudio de grabación al ciudadano y que el ciudadano le diga al artista como está haciendo las cosas. Todo esto con una naturalidad que espanta. La gente joven parece que lleva toda la vida haciéndolo así y quizá esto sea lo natural y no los guardaespaldas, los hoteles de ocho estrellas y ninguna decencia, las limusinas y caprichos de divos. Ya no son necesarios enormes presupuestos en producción y marketing para que un grupo alcance el éxito: sólo necesita el respaldo del público en la red para prosperar. Eso sí, para estos nuevos artistas prosperar no significa lanzar un disco y dedicarse a ganar dinero como canallas con la propiedad intelectual, sin dar un palo al agua, no, su éxito se mide contando las entradas vendidas en sus conciertos, donde trabajando día a día y de sol a sol levantan su negocio como cualquier otro mortal. ¿O las cosas tenían que ser de otra forma por el mero hecho de que el sonido se puede registrar y reproducir sin esfuerzo alguno? Coño, como producimos sonidos, nos ha tocado la lotería. No, las tecnologías deben beneficiar a toda la sociedad y no deben crear privilegios.                                                     En el eje está el quiz de la cuestión y todo gira en torno a una novedad: que no te bajes los archivos, sino que accedas a ellos cada vez que quieras escuchar la canción. ¿Y dónde estarán? En la "NUBE". Ya pueden ustedes chaparse la palabrita pues conviviremos con ella cien años. La NUBE es, tal cual, el limbo. (Al menos lo parece o de eso nos quieren convencer). Espacios que nos brindan las plataformas de Internet para alojar los archivos que deseemos. ¿Y para qué queremos nosotros la NUBE si en un disco de bolsillo de un Tera, que son 1024 megas, alojamos 200.000 canciones? Ellos argumentan que así no tenemos que cargar con ellos, que son muy pesados, que cuando los usas en la nube tienen mejor calidad, que para qué te vas a complicar la vida si los tienes allí y no te los puedes olvidar en casa... No es broma, lo argumentan en serio. Parece bastante desesperado.

                          Y andan todos como locos: Amazon, el gigante de los libros en red,   acaba de lanzar " Amazon Cloud Player", un servicio que te permite acceder sin cargo a 5GB de almacenamiento en la nube, cantidad ridícula, desde luego, pero te ofrecen a un dólar el GB adicional hasta un máximo de 1 Tera, por año, claro. Eso son 1.000 dólares por Tera-año? ¿Cuántos discos duros portátiles me compro por Reyes todos los años? ¿No parece extraño todo esto? Ojo, que nos ofrecen amablemente la posibilidad de acceder a "nuestra nube" desde cualquier dispositivo conectado a Internet. ¡Gracias, hombre, qué gran ventaja!

                          Y no es Amazon en solitario, ya tenemos a la europea Spotify a punto de firmar con Google Music un acuerdo para entrar en el mercado de EE.UU la primera y la segunda para adoptar el modelo de Spotify. Apple acaba de firmar un acuerdo con dos de la cuatro super discográficas universales para hacer lo mismo y su sistema ya se encuentra en beta-test.

                          Nos tenemos que preguntar a qué viene tanto interés en que trabajemos contra la nube habida cuenta las alternativas tan potentes y baratas de las que ya gozamos.

                          Lo que está en juego es el equilibrio de poderes: si la información está en la nube no la tenemos nosotros y gana el que tiene la información, luego ganan ellos. El control es de quien domina la información. De ahí viene que antes afirmara que la nube parece el limbo, pero que más bien es el purgatorio de los amantes de la música.

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                          En segundo lugar, la industria ha descubierto que si lo tienes en tu disco no controlan lo que guardas ni cómo lo usas, cuándo ni por qué. Tu disco es opaco y eso les duele. La NUBE será el nuevo ojo del Gran Hermano y las multinacionales conocerán con exactitud matemática nuestros gustos, preferencias, capacidad económica, costumbres y hábitos de consumo. Seremos legibles para ellos, para robarnos de forma programada y cruel. Más y mejor para ellos, menos y peor para el ciudadano.  

                          En tercer lugar, el modelo quiere imponer el pago por uso, que traducido al inglés significa que pagarás cada año por mantener tus derechos sobre las canciones archivadas o las perderás. Y en el horizonte lejano, su Dorado, hacia donde nos llevan: pagarás cada vez que escuches la canción y jamás obtendrás el derecho a usarla sin restricciones.

La propuesta de juego es tan impertinente que uno siente la tentación de pensar que nos toman por idiotas profundos. Y a lo mejor lo somos, que ya veremos quién gana la partida: los seres humanos nos caracterizamos por chocar mil veces con la misma roca, de día y sin un solo cubata encima. ¿Conseguirán acostumbrarnos a depender de ellos para todo? ¿Podrán con años de enseñanza y adoctrinamiento en que lo mejor era hacerte con la música adquiriendo discos de vinilo, musicassettes y cd, s? ¿Tan fácil les será darle la vuelta a la tortilla?

                          Ojo, y a esto añadamos que la oferta en la nube pasa también -y con importancia sustantiva- por los libros digitales, los videos y las películas o documentales. El tamaño de la tarta parece importante. Esto es la guerra y el ciudadano, como en todas las guerras, es la carne de cañón.  Pagaremos hasta por respirar.

                          Ahora vamos a la reflexión última, donde aflora el movimiento más agresivo contra la sociedad del conocimiento:

                          Consiguen de un plumazo que los derechos de autor se extiendan hasta el infinito, tanto en el objeto pretendidamente poseído como en el tiempo. Ya no importa que una canción soporte o no derechos, entrará en el gigantesco limbo, la puta NUBE, donde todo se confunde, y cobrarán por cada byte que mantengamos allí, incluso si la canción la compusimos y la cantamos nosotros ayer por la tarde. Pero además cobrarán todos los años hasta el final de los tiempos, dejarán de importar los límites temporales impuestos a esa inculta y primitiva propiedad, que se hace llamar intelectual y que inventaron los mercachifles para vivir de los artistas mientras no son capaces de vivir de sus hijos. 

Carlos Raya


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nopropiedadintelectual.blogspot.com
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Reportaje
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