Hambruna en Chihuahua

La hambruna que durante este invierno se ha cebado sobre la población rarámuri, víctima propiciatoria de la pobreza ancestral que la administración de FCH se ha visto incapaz de enfrentar, puede catalogarse como asunto imposible de resolver durante los inviernos pasados y, a juzgar por la parsimonia con la que se mueven, tanto la Presidencia como el Gobierno de Chihuahua, esto se mantendrá en la agenda para inviernos futuros.
Sí, todo seguirá igual en la zona serrana de Chihuahua, en una suerte de gatopardismo a la mexicana, con tintes de hambruna y sequía apocalíptica que le permitirá a los políticos que actualmente andan en campaña, a la espera de que el pueblo se compadezca de ellos y les dé su voto, demostrar que para prometer son buenos, siendo su talón de Aquiles la imposibilidad de hacer válidos sus ofrecimientos.

Ante las bajas temperaturas que se han dejado sentir en todo el norte del país, mismas que han llevado a la quiebra a la economía regional, luego de una sequía que puso al borde de la muerte a los sectores agrícola, ganadero y de servicios, desde la Presidencia de la República se acusó al cambio climático como el causante de todas las desgracias que aquejan a la población afectada por el hambre.
Pero no, la realidad es que en esta historia de desolación y crisis financiera por la que atraviesa el pueblo chihuahuense, por ejemplo, mucho tiene que ver la ausencia de políticas públicas que verdaderamente incidan en el desarrollo económico y social, no solamente de los tarahumaras en lo específico, sino, en general, de todo el pueblo, en tanto que el intenso frío y la sequía que han venido a mermar cultivos y hatos ganaderos, eran fácilmente pronosticables.
De hecho, según referencias periodísticas del diario El Universal, la crisis que ahora está intentando enfrentar FCH, viene desde principios de noviembre del 2011, cuando ya se hablaba sobre el suicidio de indígenas tarahumaras, quienes se enfrentaban así a la desgracia de no tener recursos para alimentar a sus hijos, situación que ha sido negada por la administración estatal, donde argumentan que la idiosincrasia rarámuri lo impide y hasta celebran con gran cinismo que tal fortaleza exista, sin atreverse a negar la existencia de la hambruna.

Calderón, curándose en salud, presumió que el 30 de noviembre del 2011, durmió en Guachochi, Chihuahua, en la Sierra Tarahumara, como si con ello se le resolvieran los problemas a la población afectada por la ausencia de alimentos, agua, empleos y una política de Estado que impida el que terminemos como referente de pobreza, a la altura de África, en donde la hambruna es realidad cotidiana.
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