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Que les hemos hecho a los cuerpos. Reflexiones de Wendy Harcourt sobre la política del cuerpo

04/08/2009 12:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En su libro «La política del cuerpo en el desarrollo», Wendy Harcourt pone de nuevo en el centro lo que se ha tornado invisible a través de procesos de gestoría, defensa y acción: los cuerpos. Cuerpos que son reproductivos, productivos y brindan cuidados, cuerpos violados, sexualizados y sometidos por medio de las tecnologías.

Tal como la autora señala, históricamente las experiencias que las mujeres han tenido de sus cuerpos, ya sea que hayan sido violados, explotados o cosificados, han transformado su participación política desde hace mucho tiempo y, en conjunto, ‘ la política del cuerpo [ha sido] una fuerza movilizadora clave para los derechos humanos en las últimas décadas’ (pág. 24).

Harcourt plantea que examinar y comprender la política del cuerpo es particularmente importante porque, en el proceso de incorporar las necesidades y preocupaciones de las mujeres al discurso del desarrollo, los cuerpos femeninos a menudo han sido esencializados y despojados de su capacidad de acción - incluso dentro del movimiento mundial de mujeres.

A fin de reducir esto en el futuro, Harcourt da una mirada tanto retrospectiva como prospectiva a las formas en que los cuerpos son considerados en los discursos y prácticas del género y el desarrollo; también recomienda enfoques auto-reflexivos alternativos que procuren volver a centrar las experiencias de los cuerpos, pero sin esencializarlas, en los procesos y la formulación de políticas de desarrollo.

En su nuevo libro, la autora organiza en cinco categorías de cuerpos sus planteamientos acerca de cómo el cuerpo femenino ha estado y está posicionado en los discursos del género y el desarrollo: cuerpos reproductivos, cuerpos productivos, cuerpos violados, cuerpos sexualizados y tecno-cuerpos. Ella rastrea, para cada categoría, tanto la manera en que el cuerpo está posicionado como lo que esto significa para activistas y defensoras en trabajan en torno a diversos asuntos.

A continuación se resaltan los argumentos de Harcourt para cada una de las cinco categorías, acompañados de una lista parcial de organizaciones* que están trabajando desde enfoques alternativos.

Cuerpos reproductivos

Históricamente, formuladores de políticas y profesionales han vinculado la acción, las experiencias y necesidades de las mujeres a sus capacidades biológicas para dar a luz y a sus roles sociales como madres. En el mundo en desarrollo, las mujeres han sido seleccionadas como sitios de intervención médica y social en políticas dirigidas a controlar el crecimiento de la población.

Tras décadas de cabildeo por parte de activistas feministas, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994, [1] representó un giro desde el antiguo paradigma centrado en el control poblacional hasta uno que puso énfasis en los derechos reproductivos. Hubo logros en cuanto a las agendas de los derechos reproductivos, que veían a las mujeres como sujetas activas en vez de simplemente sitios de intervención, pero continuaron sin cuestionarse ni afrontarse las desigualdades sociales y económicas relacionadas con la salud y los derechos reproductivos.

En la década de 1980, las políticas neoliberales[2] estaban socavando la agenda de la salud reproductiva. Los gobiernos de los países en desarrollo, presionados por instituciones financieras internacionales a invertir más en el crecimiento de sus economías, recortaron el gasto en seguridad social, incluyendo la salud y la educación. Los recursos para asegurar la salud reproductiva se redujeron.

A finales de la década de 1990, las activistas por los derechos de las mujeres quedaron, en gran medida, fuera de la construcción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, [3] una serie de prioridades adoptadas por los Estados miembros de las Naciones Unidas para estimular el desarrollo. El lenguaje del Programa de Acción de El Cairo, basado en la autonomía y los derechos, fue reemplazado por un lenguaje tecnocrático centrado en la prestación de servicios. Un ejemplo de ello es el énfasis en la reducción de la mortalidad materna.[4]

Actualmente, en vista de la escasez de fondos gubernamentales disponibles para prestación de servicios casi en todas partes del mundo, la mayoría de los servicios se ha privatizado, abriendo un mercado comercial para productos y servicios biomédicos y la explotación potencial de los cuerpos de las mujeres. Esto incluye, por ejemplo, la provisión de información relacionada con la salud por parte de corporaciones en vez de gobiernos u organizaciones de la sociedad civil, así como los ensayos clínicos y el comercio desleal de fármacos y vacunas para prevención y tratamiento de enfermedades.

Algunas organizaciones feministas y dedicadas a los derechos de las mujeres están luchando por un enfoque basado en la autonomía y los derechos en el cual se consideren y afronten las desigualdades estructurales, así como los legados del racismo, la homofobia, el fundamentalismo y el militarismo.

Cuerpos productivos

Históricamente, profesionales del desarrollo y formuladores de políticas resaltaron las contribuciones económicas de las mujeres a fin de posicionarlas como sujetas activas en los procesos del desarrollo y no simplemente receptoras pasivas de ayuda. Instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial empezaron a darse cuenta de que era importante ‘ invertir en las mujeres’ para promover el desarrollo y lograr retornos sobre préstamos e inversiones. Es interesante que el lenguaje reciente de las Naciones Unidas, gobiernos e incluso organizaciones no gubernamentales (ONG) refleja una postura similar, al enfatizar que las mujeres son ‘ buenas inversiones’ en proyectos empresariales, gubernamentales y de desarrollo.

En algunos casos, esta retórica reafirma que ‘ las mujeres pobres del Sur son una fuente de trabajo globalmente flexible, dócil y barato’ (pág. 69), además de que las mujeres son valiosas como fuentes de trabajo gratuito y productoras de bienes que inyectan dinero a las economías, pero no necesariamente como seres humanas por sí mismas y con derechos humanos.

Las alternativas a esta retórica incluyen un enfoque basado en los derechos, en el que las mujeres y todas las personas sean sujetas de derechos y se les reconozca su valor intrínseco. Asimismo, las economías comunitarias, en las cuales productores y consumidores son locales y los medios de intercambio pueden vigilarse más estrechamente, ofrecen alternativas a las explotadoras cadenas de producción globales en las que las mujeres están atrapadas en una ‘ carrera hacia el fondo’ . Adicionalmente, las solidaridades feministas internacionales, sobre todo entre trabajadoras que se organizan atravesando fronteras y economías, sirven para resistir esta retórica y las prácticas explotadoras que la acompañan.

Cuerpos violados

En el último medio siglo, la violencia sexual y por motivos de género ha sido incorporada al discurso del género y el desarrollo enmarcándola como un asunto de salud, lo que ha conducido a que entidades como la Organización Mundial de la Salud y ministerios de salud gubernamentales le presten atención como parte de lograr resultados en materia de salud.

El hecho de haberla enmarcado así elevó la visibilidad de múltiples formas de violencia sexual y por motivos de género - incluyendo la violencia doméstica, la violación, el femicidio y los asesinatos por honor - entre organizaciones y el público general, en ocasiones a través de fuertes impresiones. También catalizó un enfoque caritativo en el cual la gente actuaba y donaba dinero para ‘ ayudar a las pobres y desafortunadas víctimas allá en esa remota y primitiva parte del mundo’ . Este enfoque a menudo reemplazó a otro que responsabilice a perpetradores, gobiernos y sistemas legales por violaciones a los derechos humanos o que propicie o reconozca la capacidad de actuar de las personas cuyos derechos han sido violados.

Adicionalmente, celebridades hicieron visible esta problemática por medio de películas y campañas para ONG. Al considerar esas campañas, Harcourt se pregunta si existe el ‘ riesgo de confundir la miseria y tragedia de la vida real con las vidas glamorosas y ficticias de las estrechas de cine’ (pág. 103) y pregunta: ‘ ¿Estamos sólo agregando una historia más a una industria multimillonaria basada en la violencia y el sexismo?’ (pág. 106).

Por otra parte, recientemente la agresión militar ha sido justificada bajo el ‘ disfraz de proteger a mujeres subyugadas y llevar civilización y prosperidad a personas nativas que no son capaces de gobernarse en forma autónoma’ (pág. 115), como es el caso de la intervención militar de los Estados Unidos en Afganistán.

Las alternativas a enfoques en materia de violencia sexual y por motivos de género basados exclusivamente en la salud, impulsados por celebridades y de naturaleza caritativa incluyen enfoques basados en los derechos que reconocen los añejos legados de poder y dominación que atraviesan líneas de género, situación socioeconómica, afiliación a comunidades religiosas, nacionalidad y posicionamiento global.

Cuerpos sexualizados

En el discurso del desarrollo se sexualiza y caracteriza a los cuerpos negros y morenos como que necesitan ser salvados, rescatados y reeducados - por ejemplo, en los debates sobre la mutilación genital femenina y la prostitución. Las relaciones sexuales, sobre todo entre personas del Hemisferio Sur, han sido articuladas como problemáticas, es decir que ‘ la gente está teniendo muchas relaciones sexuales’ , ‘ las personas tienen relaciones sexuales sin protección’ y ‘ la gente se está involucrando en prácticas sexuales que no corresponden a la norma’ . Estas opiniones han validado y legitimado una regulación más intensa de los cuerpos y las prácticas sexuales, además de aprovechar las ansiedades respecto a las relaciones sexuales.

Algunos gobiernos y ONG en el Hemisferio Norte, a veces trabajando en conjunto con algunas instituciones religiosas del Sur, han pugnado por la promulgación de políticas que, según Harcourt, ‘ promueven aún más las ambiciones imperialistas’ , como ha ocurrido con la Regla de Obstrucción Global[5] del gobierno de George W. Bush.

Las y los activistas han estado trabajando para recuperar la subjetividad de su propia sexualidad. Por ejemplo, los movimientos a favor de los derechos de las y los trabajadores del sexo hablan de ‘ vender sexo como una opción para obtener ingresos a través de la cual las personas tienen capacidad de actuar, incluyendo el derecho a la autodeterminación, al trabajo y a su libre expresión’ (pág. 141).

Algunas de estas personas luchan por la justicia erótica. En opinión de Harcourt, la justicia erótica ‘ replantea el placer sexual como una fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual; en lugar de confinar a la otredad las prácticas tradicionales o a las minorías sexuales, [la justicia erótica] conceptualiza a toda la gente como poseedora del potencial para la diversidad en el deseo sexual, incluyendo el deseo sexual entre personas de un mismo sexo’ (pág. 154).

Tecno-cuerpos

Los cuerpos son fragmentados y cosificados a través de las tecnologías. El proceso del desarrollo a menudo implica introducir tecnologías en formas que son racistas, marcadas por el género y heteronormativas. Una suposición subyacente es que, si hay dinero y habilidades disponibles, la mejor opción para afrontar cualquier problema es agregar soluciones de alta tecnología, sin importar las consecuencias éticas y ambientales. En la mayoría de los casos, dadas las desigualdades de poder globales, los países en desarrollo no tienen más alternativa que aceptar estas tecnologías si quieren crear economías exitosas.

Con el surgimiento de nuevos métodos de investigación y las leyes sobre propiedad intelectual, se privatizan la vida y las formas de vida (por ejemplo, semillas, genes, etc.) y es posible poseerlas. La herencia común ya no está fuera del alcance de los intereses ya sea comerciales o científicos que buscan un control exclusivo.

Por otro lado, la biotecnología ha hecho más fluida toda la noción del cuerpo. Una nueva eugenesia y la posibilidad de construir la persona, el cuerpo y las habilidades perfectas consideran como deficiente cualquier desviación de estos patrones. Se necesita mayor investigación para identificar las dimensiones de género de las tecnologías de rápido desarrollo.

Harcourt pregunta: ‘ ¿Cuáles son las responsabilidades de empresas, científicos, formuladores de políticas y el público en el Hemisferio Norte hacia las mujeres y los hombres pobres del Hemisferio Sur que están sobrellevando la carga de prácticas no reguladas y carentes de ética de la investigación y la industria biotecnológicas?’ (pág. 188-189).

Para obtener más información sobre el libro «La política del cuerpo en el desarrollo», visitar el sitio de Wendy Harcourt

Fuente: AWID 4ago09


Sobre esta noticia

Autor:
Juanjoll (288 noticias)
Fuente:
aupv.net
Visitas:
581
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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