Las hermanas de ‘Pekín Express’ llegan a las manos
Madre del amor hermoso. Si es que donde hay confianza da asco.
Las hermanas sevillanas de Pekín Express, Mar y Vanesa, con mucho las que peor me caen por aguilillas e interesadas, han dejado claro cómo son, pegándose e insultándose sin escrúpulos.
Pero aún no vamos a llegar a eso, porque las cosas hay que empezarlas por el principio, porque si las empiezas por el final el final es el principio y así puedes estar como un gilipollas todo el rato.
La octava etapa comenzó con Jesús Vázquez haciendo de madre toca huevos y despertando a todo el mundo y dándoles dos minutos para recoger sus cosas y subirse a un camión.
Justo después se puso en plan Menguele, vendando los ojos a los concursantes y haciendo que el camión les llevara a un lugar desconocido.
Ese lugar no eran unas duchas, sino las cuevas Amboni. El caso es que los concursantes fueron introducidos en ellas, vendados y al sonar el biper debían buscar la salida, ayudados sólo de una vela para poder ver.
El programa no lo ha hecho público, pero se las vieron y se las desearon para encontrar a unos dobles para una de las parejas, de la que nunca más se supo. Ahora los guías turísticos de la zona cuentan la historia de que todavía se oyen en las cuevas unas voces desgarradas que dicen ‘Jesús Vazqueeeeeez, cabroooooon, te vas a meter la etapa por el cu…..’
La primera prueba de esta etapa, sin embargo, dio unas hermosísimas imágenes con cámara de infrarrojos que se podrían haber usado fácilmente para un remake del Proyecto de la bruja de Blair.
Por otro lado, las hermanas sevillanas, como fueron últimas la semana pasada y se libraron de milagro porque había tarjeta verde, debieron hacer esta carrera con un hándicap. En este caso, con un hechicero de lo más mono al que le encantaba tocar el tamborcito y al que llamaban Rafiki (sí, como el del Rey León, que en Swahili significa amigo).
Según fueron saliendo de las cuevas, a las parejas les iban dando una calabaza, en cuyo interior estaba un muñequito con el que podían hacerle vudú a cualquiera de las otras parejas. Si lo usaban, la pareja puteada tenía que hacer una prueba de las más variopintas.
Los primeros en usarlo fueron Jota y Freire, que les faltó descabezar un pollo ellos mismos y beberse la sangre. Joder, que ansia de lanzar maldiciones a diestro y siniestro. Lo usaron contra Chinto y Pablo.
A los hermanos gallegos les tocó bajarse del coche y buscar doce mangos para comerse seis cada uno antes de seguir la carrera. Afortunadamente la prueba se hacía en África, porque aquí habría dado lugar a cachondeítos eso ir buscando seis mangos para comértelos… ‘Necesito comerse seis mangos’, ‘pues para mango, el mío’, por ejemplo.
Y claro, los gallegos se pusieron a comer mangos como si no hubiera mañana. Sólo sus caras de asco reflejaban la repulsión que sentían por la fruta, a la que le pegaban unos bocados que ya quisiera el bicho de Tiburón.
Mar y Vanesa, que son un poco brujas, fueron las siguientes en usar su maldición y lo hicieron contra las amigas murcianas, Sara y María, a las que siempre les han tenido un poco de envidia.
A María le tocó viajar durante una hora con los ojos vendados. Para ella fue una putadilla, pero no para el muchacho que las ayudó a subir a la parte de atrás de una furgoneta, que con la excusa de sujetar a la muchacha, se puso morado a meter mano. Si es que así se las ponían a Felipe II.
Chinto y Pablo vengaron la afrenta haciendo vudú a Jota y Freire, a los que les tocó hacer leche de coco con sus propias manos. El caso es que como Freire es así de enrollado y comeorejas, consiguió que un lugareño se subiera a una palmera a conseguirles unos cocos.
Y en menos de diez minutos habían hecho leche de coco, con la ayuda de los oriundos, que debieron fliparlo como siempre con los blancos desquiciados esos de los cojones.
A la organización de Pekín Express le ha dado por las bicicletas, no sé, lo mismo está de guionista Induráin, porque en esta etapa también había un tramo de 17 km en bici.
Aquí comenzó, aquí empezó a gestarse la tragedia. Al hechicero que acompañaba a las sevillanas le gustaba mucho tocar el tambor, pero sobre todo le gustaba mucho, mucho, tocar los huevos. Así que como no tenía nada que hacer, se puso a bendecir las bicicletas. Pero a bendecirlas a base de bien, que si tamborcito, que si sonajero…
A todo esto, las hermanas rogando de rodillas que acabara de bendecir y se pusiera en marcha, pero yo creo que cuanto más le pedían que dejara de bendecir, más bendecía el cabrón. ‘Dale de comer, saca algo de la mochila‘, dijo una de las hermanas. Sí, con sobornos como ese se llega a cualquier parte. Ni que fuera un mono. Sólo les faltó usar cacahuetes.
Y claro, las sevillanas comenzaron a cogerse un cabreo de tres pares de ovarios.
Y cuando por fin el señorito del tamborcito se decidió, la cosa no fue mucho mejor, porque el tío iba de paquete en la bici. Así que pedalea tu en una bici de cuando Franco era cabo, por un camino de mala muerte, a pleno sol, a 37 grados de temperatura y con un hechicero en la parte de atrás.
(Para el hechicero tampoco debía ser una bicoca, porque en la parte de atrás, con la rejilla metálica se debió dejar hechos polvo sus pequeños hechiceros peludos).
Mar y Vanesa comenzaron entonces como las niñas pequeñas, a reprocharse mutuamente el no ayudarse (lo que venía siendo cargar con el hechicero). ‘Estoy hasta el coño de hacer cosas por ti’, le dijo Mar a su hermana, así, en plan conciliador.
Y por si fuera poco, el salao del Rafiki se paró para hacer un ritual para invocar a los espíritus de la paz, pero se debió de equivocar de número, porque acudieron los espíritus de la bronca padre.
Voy a hacer un inciso para contar la pedazo de leche que se dio Sara con la bici. Se fue a la cuneta con un ansia como si estuvieran repartiendo bollos gratis. Encima se quedó en la zanja, boca arriba, sin poder moverse, cual cucaracha volteada.
Y al pararse la carrera (Jota y Freire llegaron primeros al libro rojo) llegó lo que el programa calificó como ‘enfrentamiento duro y fuera de lugar’ e ‘incidente inapropiado’. Lo que vienen siendo seudónimos para pelea barriobajera.
El caso es que Vanesa se puso a llorarle a la cámara diciendo que si por culpa de su hermana se iba a España en esa etapa, ‘se acaba mi vida con ella’.
Mar se cansó de que su hermana la pusiera verde ante las cámaras, así que le dijo ‘tu novio no te quiere’ (Vanesa acababa de dejar una relación de nueve años) a lo que, ya histéricas las dos, Vanesa contestó con ‘así te va con tu hija’ (tiene una hija de 13 años).
Y se lió parda. Mar se puso a zurrar a Vanesa con un trapo y se enzarzaron las dos en una serie de manotazos, mientras un redactor del programa intentaba separarlas y mientras el poblado entero flipaba en colores con las blancas esas histéricas.
Así que Jesús Vázquez se puso a lo Diario de Patricia y se sentó a hablar con las hermanas. Conversación que acabó otra vez en gresca, mientras J. V. decía, ‘ya bueno’, ‘bueno’, ‘esto…’ y ninguna de las dos le hacía ni puñetero caso. Yo creo que llegó a temer que le dieran una hostia.
Como la cosa no pintaba bien, mandaron a cada una a dormir con una pareja. Vanesa fue con las amigas murcianas, que estaban encariñadas con el bebé de sus anfitriones, que sólo les faltó sacarse una teta y amantarle.
Mar se fue con los hermanos gallegos.
A la mañana siguiente dijeron estar avergonzadas. Nos ha jodío, no se iban a hacer camisetas conmemorativas. El caso es que firmaron en el libro rojo por separado y cuando David vio el nombre de Vanesa en solitario preguntó ‘¿quién es Vanesa?’, a lo que Cuqui respondió: ‘La que te la pone tiesa’. Es una poetisa.
Por otro lado a Jota y Freire y Chinto y Pablo fueron los que se ganaron jugar el juego de inmunidad. Se trataba de encontrar una máscara diferente entre diez máscaras iguales. La diferencia estaba en el logo de Pekín Express, pero ninguna de las dos parejas se dio cuenta.
Pero ganaron Jota y Freire, más que nada porque usaron el viejo truco de probar con todas y claro, al final acertaron. Menos mal que no son cirujanos.
Y llegó el momento reconciliación. Fue un momento Frankenstein, porque Vanesa se presentó con una florecilla para su hermana, a la que solo le faltó decir ‘aaaamigaaaaaaaaaaa’.
La organización, que es más blanda que un chicle mascado, les permitió seguir en la carrera, con la amenaza de que si volvía a ocurrir lo de zurrarse la badana, las echaban. Además, en las próximas dos etapas no ganarán amuleto aunque sean las primeras en llegar a meta.
El ránking final quedó así:
1.- Jota y Freire.
2.- Inés y Pedro.
3.- Chinto y Pablo.
4.- David y Cuqui.
5.- Mar y Vanesa.
6.- Sara y María. Y como había tarjeta roja, se fueron a la calle. Ya sabéis que las muchachas no es que fueran santo de mi devoción, pero me dio pena que se fueran y me pareció un poco injusto. Fueron las que más vudús se llevaron y me jode que se queden las sevillanas, que son unas marrulleras, y no las murcianas, que han jugado limpio y con educación.
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Autor: Blog 20 minutos - Reality-blog-show (339 noticias)
Fuente: blogs.20minutos.es
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