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Los hijos de Mari Luz Posse declaran que el acusado "era bastante violento" con ella y que "más de una vez" la agredió

15/06/2010 18:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los dos hijos mayores de edad de Mari Luz Posse, que han declarado este martes en el juicio que se sigue contra el ex guardia civil Jaime M.S., acusado de matar a la mujer en el cuartel de Cambados (Pontevedra) en diciembre de 2007, afirmaron que la ex pareja de su madre "era bastante violento" con ella y señalaron que "más de una vez" la agredió.

"Era bastante violento con mi madre, discutían a menudo y tenía problemas con el alcohol. Le gusta demasiado beber", manifestó Javier S.P., quien declaró por videoconferencia al encontrarse actualmente en prisión por hurtos menores. "La insultaba, la amenazaba, le pegaba y le faltaba al respeto", subrayó el hijo de la fallecida.

Al respecto, recordó que había interpuesto una denuncia contra Jaime M.S. por malos tratos a su madre, pero puntualizó que la retiró porque ella se lo pidió "por favor". "Y le hice caso", manifestó y añadió que "ocurrieron más de una vez". "Mi madre miraba por su bien, no quería que le pasara nada", apuntó en relación a la justificación de la víctima para pedírselo.

Por su parte, Alejandro, otro hijo de la fallecida, resaltó que no se llevaba bien con el acusado cuando convivía con su madre y matizó que "una temporada" vivió con ellos y luego se marchó. También declaró que Jaime M.S. le profirió insultos a su madre, pero admitió que no presenció malos tratos, sino que puntualizó que ella "se acostaba bien, oía gritos y al levantarse tenía golpes". "Decía que se golpeó con un mueble", relató.

CAMBIOS DE CARÁCTER

Sobre el carácter del acusado, Alejandro, quien explicó que acude al psicólogo tras los hechos, comentó que "a veces estaba bien y a veces se alteraba, se marchaba y no volvía en semanas". También su hermano Javier afirmó ir al especialista. "Todo cambió", manifestó al ser preguntado por el abogado de la familia, Manuel Laureano Barreiro, por cómo fue su vida desde que el acusado entró a formar parte de la vida de su madre.

"La convivencia no era muy buena y me tuve que buscar la vida porque no aguantaba a esa persona en casa de mi madre", explicó y destacó que "no tenía relación con él". "Lo respetaba porque estaba con mi madre", dijo, pero y matizó que el acusado "le levantaba la mano" a la víctima, por lo que decidió dejar el hogar familiar.

"Mi vida me la arruiné yo, pero él ayudó bastante", recalcó en la primera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Pontevedra, a la que asistieron amigos y familiares de la víctima.

En esta línea, la hermana de la víctima que fue citada como testigo, Isabel Posse, reconoció que su relación con ella "se enfrió un poco" cuando salía con Jaime M.S., del que recalcó su carácter "egocéntrico" porque "siempre era yo en primera persona". "Me pareció una persona agresiva hablando", afirmó.

Preguntada por el abogado de la familia sobre los costes que supuso el crimen para la familia, al tener que asumir la hipoteca y cuidado de los hijos --de la menor de edad y de Alejandro que estaba estudiando--, Isabel Posse subrayó que económicamente el crimen "ha generado unos gastos considerables". También apuntó que su otra hermana se encuentra en tratamiento psicológico desde la muerte de Mari Luz.

SIN POSIBILIDAD DE REACCIÓN

Por su parte, entre la decena de testigos que prestaron testimonio en la primera sesión del juicio, se incluyó al guardia civil que estaba en el cuartel cuando sucedió el crimen en diciembre de 2007, quien declaró que a la víctima "no le dio tiempo a reaccionar" cuando el acusado se presentó con el arma y le disparó un tiro en la cabeza, causándole la muerte.

"Si una persona viene con el arma montada no le da tiempo a uno a reaccionar", expuso y aclaró que "se hubiera oído" si hubiera cargado en el 'hall' el cartucho en la recámara del arma reglamentaria por el ruido que hace. No obstante, dijo que "es personal de cada uno" guardar la pistola desmontada o no. Otro agente declaró que tenerla lista permite una acción rápida.

"Lo normal es guardarla sin bala en la recámara", sostuvo el guardia que presenció el crimen, hechos que están recogidos en un vídeo de seguridad que previsiblemente mañana se proyectará en la segunda sesión del juicio. "La alcanzó en la frente, del lado izquierdo", recordó.

El agente, si bien consideró que el acusado estaba bajo los efectos del alcohol cuando sucedieron los hechos, admitió que a su juicio el acusado "sí" era consciente de lo que hacía y añadió que "estaba tranquilo después de los hechos y antes un poco alterado", al tiempo que dijo que lo vio "nervioso y agitado" por estar bebido.

"Siempre decía lo mismo, que quería arreglar las cosas con ella", resaltó, pero negó haber visto que Jaime M.S. hubiera agredido a la amiga que acompañaba a la víctima, como ella manifestó previamente antes de producirse el disparo mortal. "Jaime le dijo esto no va contigo, y no la agredió. No se cayó", declaró y apuntó que mandó al acusado "para arriba" --a su casa--, hecho que le recriminó el abogado de la familia, mientras él se quedó hablando con Mari Luz y su acompañante.

"PARECÍA QUE LA ESTABA LIANDO OTRA VEZ"

El guardia de puertas relató, asimismo, que la patrulla que salió previamente al crimen tras la llamada de Mari Luz le manifestó que "iba a Tragove, que había allí un problema con Jaime". "Parecía que la estaba liando otra vez", señaló que le dijeron sus compañeros, aunque uno de los agentes integrantes declaró anteriormente no recordar la frase. Sobre el estado de Mari Luz en el cuartel, lo describió "como de miedo y temerosa".

También afirmó que el acusado "un poco bebido sí estaba", pero en relación con el disparo mortal relató que Jaime M. se "apartó un poco" para no darle a él. "Estaba en su trayectoria y giró. Fue instantáneo", precisó y apuntó que el autor del tiro le dijo que "antes de que le arruine ella la vida, se la arruina él".

Por su parte, la mujer que estaba con la víctima esa noche, Giovana C. insistió en que Mari Luz "le tenía miedo" al acusado, argumentando que estuvo presente anteriormente en "empujones" y agresiones "psicológicas", por "los acosos que estaba sufriendo desde que lo dejaron" y manifestó que él la había llamado varias veces esa noche y que se había presentado en casa de la víctima y en su garaje al negarse a hablar con él y que llegó a arrodillarse para pedirle perdón en varias ocasiones.

La testigo resaltó, asimismo, que de un empujón Jaime la tiró "en las escaleras", y criticó que "no es normal que dejen a una persona que va a poner una denuncia con el agresor", hecho que, sin embargo, el guardia de puertas negó.

Tras haberse marchado éste del cuartel, Giovana expuso que vio al acusado entrar de nuevo cuando estaban sentadas en un banco. "Tenía la pistola en la mano. Creí que le había dado en el estómago y le dije, María, vámonos. Miré para él, tenía el arma, y me escapé corriendo y gritando", explicó y reconoció que "no le dio tiempo a nadie a hacer nada".

Este hecho es lo que para fiscal y acusación justifica la alevosía que argumentan para calificar de asesinato los hechos y solicitar 20 años de cárcel, en lugar de tipificarlo como un homicidio, como sostiene la defensa, que pide la libre absolución por eximente plena por intoxicación del alcohol o cinco años de prisión por homicidio, de no tenerla en cuenta.


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