Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Edelweys escriba una noticia?

Dos historias de amores tardíos.8

21/12/2009 17:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Teresa tenía una vida relativamente tranquila. Era profesora de Literatura en dos colegios secundarios de la Capital, en Buenos Aires

Teresa tenía una vida relativamente tranquila. Era profesora de Literatura en dos colegios secundarios de la Capital, en Buenos Aires.

Ejercía su profesión con entusiasmo porque amaba la literatura y porque además quería infundir ese amor a sus alumnos, y aunque rara vez lo lograba le bastaban los pocos éxitos que tenía para sentirse feliz.

Hacía veinte y cinco años que estaba casada. Amaba a su marido y se sentía amada por él. La vida los había bendecido con dos hijos que gozaban de salud y a los que veía llenos de entusiasmo por vivir.

Pero toda esa vida se desmoronó cuando su esposo se enfermó de cáncer de pulmón. Después de poco mas de un año de lucha con cirugías y quimioterapia la enfermedad lo venció pese a que jamás había perdido su espíritu de esperanza y de fe.

Ella era una persona muy fuerte y supo enfrentarse a la adversidad con entereza.

Habían pasado ya ocho años desde entonces.

Su hija que estaba recién casada cuando su esposo falleció, había tenido dos hijos que alegraban la soledad de su vida. Su hijo que hacía poco tiempo que se había casado, estaba a punto de ser papá de un varón.

Durante todos estos años ella ni siquiera había intentado comenzar una nueva relación de pareja. Y no era porque le faltasen oportunidades. Es que realmente sentía, pese a su relativa juventud pues sólo contaba con cuarenta y ocho años cuando falleció su esposo, que no tenía voluntad para comenzar una nueva relación amorosa. Tampoco sentía que la necesitaba.

Sus hijos y sus nietos la hacían vivir realizada y jamás le permitían sentir la soledad.

Una amiga y compañera de trabajo le había insistido en varias oportunidades que la acompañara al bingo.

A ella no le gustaba ningún tipo de juego de azar. Jamás había comprado un billete de lotería. Sólo participaba en los que se compraban en cada colegio para Navidad y Año nuevo, así que no le parecía que pudiese gustarle pasar una tarde en ese lugar.

Pero tanta fue la insistencia de su amiga ese día que por fin terminó yendo.

Le asombró al llegar al lugar, ver a tanta gente que apasionadamente prestaba una atención que le pareció exagerada, de los números que se iban diciendo en voz alta ante cada bolilla extraída, para fijarse atentamente en sus cartones si lo tenían.

Se sentaron en la única mesa en que había un lugar disponible. Tan completo estaba ese lugar ese día sábado!. Suponía que el mal tiempo con esa llovizna persistente que no cesaba desde hacía tres días podría ser una de las causas.

Cuando la señorita amablemente vino a ofrecerle que comprara un cartón estuvo a punto de decirle que no, pero le dio cierta vergüenza, por lo que lo aceptó.

Como no estaba acostumbrada a ese tipo de juego muchas veces no había terminado de revisar una fila de números cuando ya sentían que estaban diciendo otro. No podía entender como algunas personas seguían a la vez dos o tres cartones juntos.

Y aunque dicen que la suerte del principiante se da con mucha frecuencia, no ganó. Durante dos vueltas mas de ventas de cartones no aceptó comprar, pero le parecía que la gente la miraba porque no jugaba por lo que aceptó una segunda oportunidad.

Al igual que la primera vez le costó encontrar los números que oía por el altoparlante. Decidió que esa seria la ultima vez que jugaría. A partir de ahora no le interesaría en absoluto lo que pudiera pensar de ella esa gente que no conocía.

Aunque sin prestar mucha atención, estaba siguiendo el juego de su amiga cuando sintió que alguien la miraba. Levantó la vista y se encontró con los ojos de Daniel que la observaba con atención. Al ver que ella lo miraba, el le sonrío.

Parece que a usted también le parece un juego aburrido- se animó a decirle Daniel sonriente.

-Aburrido no, aburridísimo- le respondió con otra sonrisa. –No entiendo como puede haber tanta gente que se apasiona con esto, como se puede observar en esta sala repleta, y en la atención que le prestan al juego-.

-A mi también me llamo muchísimo la atención- le respondió Daniel siempre sonriente. Para entonces, también el había rechazado comprar cartones y seguir jugando. Prefería charlar con esa amable señora que le estaba prestando atención a seguir los números impresos en el cartón.

-Es la primera vez que vengo a un bingo y lo hice porque mis amigos insistieron en que debíamos saber de que se trataba- continuo hablándole Daniel- Tampoco ellos habían venido

nunca-.


Sobre esta noticia

Autor:
Edelweys (185 noticias)
Visitas:
1608
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.