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¿Humildad o altanería mesiánica?

23/02/2011 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mejor definición de la humildad, la más simple y sumamente profunda, la encontramos en Las Moradas de Santa Teresa de Jesús. "La humildad es andar en verdad", dice la santa abulense, que es tanto como decir que es la sabiduría de lo que somos. La humildad así entendida es una virtud cristiana y, como tal, viene a ser el fundamento imprescindible de la moral de los que practican esta religión. Pero Zapatero, que no comulga precisamente con esa doctrina, seguro que está más de acuerdo con la explicación de Nietzsche. Para Nietzsche, en efecto, la humildad no significa más que una bajeza, una debilidad de instintos propia de quienes se dejan llevar por una moral de esclavos.

El pasado día 13, en la clausura de la Convención Municipal que el PSOE celebraba en Sevilla, Zapatero trata de reactivar la moral de los suyos abusando de esa altanería mesiánica que le caracteriza. Aún no está escrito, dijo, el resultado de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo. Y añadió muy ufano: ‘ El PP está convencido de que va a ganar de calle las elecciones Se les olvida solo una cuestión que yo tengo presente cada minuto: para ganar unas elecciones hay que merecerlo". El Partido Popular no ha hecho ningún mérito que le haga acreedor a semejante victoria, ya que apenas ha dedicado tiempo y esfuerzo a analizar los graves problemas que amenazan a nuestro Estado de bienestar.

En cambio, sí se merece esa victoria, faltaría más, Rodríguez Zapatero y de rebote el PSOE. Y es precisamente la humildad la que le da derecho a seguir contando con el beneplácito de los ciudadanos. Pues, como él mismo dice, saldrá a la calle "con humildad y asumiendo los errores" para explicar que las reformas hechas eran absolutamente necesarias para seguir contando con una protección social eficaz. El PSOE, al igual que él, merece esa victoria porque, a pesar de la crisis, ha sabido mantener sus señas de identidad mejorando notablemente el Estado de bienestar y la igualdad. Por eso pide a sus futuros alcaldes que, de cara a las elecciones del 22 de mayo, centren toda su campaña en la promoción del empleo, ‘ y que no sea una campaña de rifirrafe, porque no es lo que necesita España. Este país necesita acuerdos, propuestas, seriedad, trabajo y rigor’ .

Pero la humildad del presidente del Gobierno no fue más allá. Al igual que hubiera hecho el superhombre que nos describe Nietzsche, Rodríguez Zapatero sacó a relucir inmediatamente su apabullante altivez, para ahogar en el acto ese oscuro gesto de humildad apenas esbozado. Y comienzan las descalificaciones para sus adversarios políticos. El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, no tiene cara de ganador, carece de ideas y de programas y utiliza siempre ‘ cuatro o cinco palabras: la culpa es de Zapatero’ . No importa que se esté hablando del desempleo, de la crisis económica o de las cajas de ahorro. Acusa con toda crudeza al Partido Popular de dedicar muy poco tiempo y muy poco esfuerzo a esclarecer los problemas que nos acucian y añade: ‘ ojalá pudiéramos tener con ellos ese contraste de ideas, pero cuando expresan su opinión es de medio lado. España siempre ha tenido una derecha muy original, no hay más que ver su trayectoria’ .

Como la cosa más natural, el jefe del Ejecutivo carga ásperamente contra el Partido Popular por pretender, dice, que su Gobierno hubiera adivinado la llegada de la crisis y medido anticipadamente su dimensión, cuando ni el Fondo Monetario Internacional supo hacerlo. Zapatero no solamente no supo prever la crisis; su ineptitud llegó hasta el extremo de no reconocerla cuando ya estaba haciendo estragos en nuestra economía. Su egolatría le incapacitó hasta para escuchar a Manuel Pizarro en aquel famoso debate preelectoral con Pedro Solbes, donde el ex presidente de Endesa describió perfectamente lo que estaba ocurriendo y avanzó con bastante exactitud la mayor parte de las vicisitudes económicas que hemos tenido que soportar. Este hecho le dio pie a Zapatero para llamar antipatriotas a los defensores de las tesis de Manuel Pizarro.

Es ahora cuando el presidente del Gobierno pide la colaboración de Rajoy, para poner orden en nuestra maltrecha economía, y se queja una y otra vez de que no arrima el hombro. Se olvida de que Mariano Rajoy se ha ofrecido, al menos por tres veces, a cooperar lealmente para salir con el menor daño posible de tan acuciante crisis. Entre esas tres ofertas claras de pacto de Estado, destaca la realizada en el debate de investidura. Habría que añadir igualmente gran cantidad de enmiendas y propuestas que, con idéntico fin, fueron presentadas por el Partido Popular a lo largo de esta segunda legislatura. Pero como es lógico, un gran líder de masas como Rodríguez Zapatero, convencido de su papel relevante en la historia, rechazó frontalmente ese pacto aduciendo para ello simples "razones ideológicas". En cuanto a las sucesivas enmiendas y propuestas han sido ignoradas sistemáticamente.

Ante una perspectiva evidente de fracaso en las próximas elecciones de mayo, Zapatero recurre al victimismo y achaca todos los problemas económicos que padecemos a la arraigada insolidaridad de la derecha. Y no contento con esto, acude hasta la descalificación personal de Rajoy. Para su pésima gestión, en cambio, todos son ditirambos y alabanzas desmesuradas. Ocurrencias tan desafortunadas y fallidas como la del Plan E, en el que se gastaron inútilmente más de 13.000 millones de euros entre 2009 y 2010, han servido, según dice Zapatero, para mantener a flote la economía española, renovando oportunamente buen número de infraestructuras y equipamientos. Con razón dijo Iñaki Gabilondo en La Sexta, después de la desilusión que llevó por el cierre inesperado de CNN+, que Zapatero "ha infravalorado la dificultad de algunas cosas y ha sobrevalorado su propia capacidad".

El voluntarismo ciego e incontrolado que padece Zapatero, le ha llevado a presumir insolentemente de una ejemplar austeridad en el gasto que no practica en absoluto y a sobrevalorar sus iniciativas, como es el caso de la reforma laboral y la reforma de las pensiones. De la reforma de las pensiones llega a decir jactanciosamente que es "para hoy, para mañana, y para pasado mañana". Y es que aquí, a pesar de su manifiesta ineficacia, aparece de nuevo su orgullo irredento y la altivez del superhombre de "Así habló Zarathustra", para ahogar en el acto cualquier apariencia de humildad aún antes de nacer. "Pero, ¡qué le vamos a hacer!, José Luis Rodríguez Zapatero es así.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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