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Incendios

25/07/2009 19:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dicen nuestros políticos que todos los bomberos que intervienen son especialistas y están preparados.

Verano.

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La noche quieta, sin luna, sin brisa, con los grillos haciendo coro a nuestros momentos de relajo, está empezando.

La monotonía del cántico nocturno, se extiende por todo el entorno y llena el espacio que nos rodea. A lo lejos se oye ladrar un perro, más allá otro le contesta y en poco tiempo, otro coro se une al anterior. Los murciélagos vuelan en rápidos zigzags persiguiendo las polillas que se dirigen a la luz en busca de calor; uno a pasado sobre nuestras cabezas, pero rozándonos el pelo y se perdió en la noche como un elemento más de ella, con la misma rapidez con la que apareció, pero la polilla desapareció como por arte de magia, seguro que la cazó.

Los perros ya se han callado.

Las luces de los farolillos que iluminan el patio, bajo la parra, son una atracción de mosquitos, polillas y otros insectos de los que salen en la noche a buscarse la vida.

Un poco más lejos, en los campos de la finca de bonells, se oyen los esquilones de las vacas que pastan libres, se oyen muy quedos con poco movimiento, lo que indica que el rebaño está reposando en algún pastizal fresco.

De vez en cuando un coche pasa por la carretera y nos envía un haz de luz de sus faros en la curva de la salida del pueblo cuando inicia la subida de la cuesta, el sonido del motor llega muy amortiguado; Las motos, esos terribles artefactos hechos para mortificar al sufrido ciudadano, ¡que espantoso ruido, que derroche de decibelios! pilotadas por unos jóvenes ebrios de gasolina, no están esta noche demasiado activas.

Allá, en el recinto de la piscina, hay un buen ambiente, en algún momento llega un eco de risas y voces que jalean, quizá haya una fiesta. ¿ será un cumpleaños? ¿ quizá los jóvenes celebren un éxito deportivo? O será solamente que el Ramón junior cuenta chistes en uno de sus días afortunados que son los mas.

Los grillos han cambiado el ritmo, se mueve una pequeña brisa y el fresco empieza a hacerse presente con cierta intensidad. Me he puesto un jersey y me coloco un chupito de orujo del bueno, 45 grados en un destilado casero, para poder combatir el que ya empieza a ser frio.

Que Dios nos ampare de estas dos plagas, del fuego y de los tertulianos de ciudad cuando hablan del campo y que en numerosas ocasiones hacen a los campesinos más daño, que una nube de verano

Los mosquitos han dejado de molestar; la calma, el relajo es real. El ordenador se ha parado sin aviso previo. La batería no avisó que su carga fuera a terminarse, simplemente se apagó, la pantalla quedó en negro y adiós, nada más.

Es otra noche. Hoy el calor es intenso. Durante el día ha soplado un viento fuerte, seco y caliente que ha tenido la virtud de alejar los olores de los campos estercolados y el humo de los incendios que queman rastrojos en un punto no muy lejano. Estos días ha habido varios incendios y con resultados catastróficos para el monte y lo que es peor varias muertes de bomberos y algún paisano que se los miraba. En los medios de comunicación, se carga contra el destino, las autoridades, los malos mantenimientos del sotobosque y de tantas cosas que demuestran que los periodistas y contertulios de la radio no tienen la menor idea de cómo es un monte, de cómo se comporta un fuego en el bosque ni de cómo actúan algunos bomberos, que de todo hay.

Por desgracia he visto arder montes de mi entorno. Fue un año horroroso el 94. Pocas noches tuvimos como esta, calmadas, en silencio, con coro de grillos en la escala alta. Aquel año, quemaban pinos y pinos, montes y rastrojos, cumbres y valles; aquí, desde el centro de la Cataluña central, algunas noches no ya veíamos el resplandor del incendio, sinó que veíamos las llamas elevarse en la noche de pino en pino y el aire estaba saturado de cenizas, y era sofocante el respirar humo un día y otro y cuando al fin llegaron las lluvias el agua de abasto se tiñó de negro, olía a humo y era imbebible, pero no había otra cosa; recuerdo como los animales se negaban a beber y solo lo hacían forzados por la sed. Cuando al cabo de los días se normalizó el suministro hubimos de lavar los depósitos y desinfectarlos; de verdad, sólo hubo una cosa buena aquel año, salió una magnífica cosecha de vino, excelente en casi todas las denominaciones.

Al hilo de estos recuerdos me vienen a la memoria episodios de la lucha por apagar el fuego. Un día el fuego tocó nuestro pueblo y acudimos la gente con buena voluntad a luchar contra él; los bomberos llegaron pronto y tomaron posiciones, los había valiente y avezados y lograron controlar un frente en poco tiempo, nosotros, la gente civil, colaborábamos en la extensión de las mangueras para poder alcanzar el frente de llamas y en lo que nos era solicitado; cuando este frente se dio por controlado, con otro hombre nos fuimos a otro lado en el que había un grupo de personas esperando qué hacer. Las llamas se acercaban por un rastrojo a un punto de monte bajo y si lo alcanzaban, en poco tiempo cortarían la carretera y sería ya desbordado todo el sistema de ataque abriendo un frente enorme y muy difícil de atacar. Mi acompañante, del que desconozco todo, me propuso subir al campo y ver que había. Al llegar y ver lo que se nos acercaba, que era terrible, sin pensarlo dos veces, en sendos golpes de hacha, cortamos unas ramas de encina y con ellas, golpeando las llamas logramos después de un esfuerzo importante impedir que saltaran la carretera y pillaran por la espalda al grupo que luchaba unos cientos de metros más allá. Después de reposar un momento, y ya sin ese peligro, nos unimos a ellos y aquí tuvimos la oportunidad de ver que en todas partes cuecen habas, pues con un gran esfuerzo se habían tendido cientos de metros de manguera y al final de ella se encontraba un bombero (creo que voluntario) que se dedicaba a apagar las brasas en vez de tirar el agua a los pinos, que como teas impregnadas de gasolina, en un minuto hacían cenizas años y años de vida verde; le hicimos esta observación y con toda la pachorra imprescindible para tamaño desatino nos contestó que lo hacía para que el incendio no se reavivara en el futuro; le hicimos ver cómo las llamas pasaban de un pino a otro en segundos y dijo cuando se acaben los pinos ya no se quemarán más. Tras esto, y después de decirle unas pocas cosas no reproducibles y desearle algunas cosas no recomendables para su salud, nos dimos la vuelta y decepcionados buscamos otro punto en el que nuestro esfuerzo sirviera de algo más que impedir que los troncos a medio quemar se consumieran en el suelo.

Esta vez hubo suerte, un grupo de bomberos voluntarios, (labradores de la zona con cubas de agua) buenos conocedores del terreno, se dirigían a reforzar en un frente empinado y cubierto de hierba seca. Allí terminó nuestra aventura de apagafuegos por esa vez, después de conseguir controlar las llamas primero y después sofocarlas del todo con ayuda aérea nos volvimos a casa con la piel ahumada y en al alma la tristeza de ver nuestro paisaje que en unas horas había cambiado del verde intenso al negro, como las viudas de antaño y que como ellas lo habría de conservar durante muchos años.

Dicen nuestros políticos que todos los bomberos que intervienen son especialistas y están perfectamente entrenados, yo acabo de contarles un episodio que demuestra lo contrario y como que a mí no me creerán, les convido a que pidan opinión de cómo son las cosas a los lugareños que hayan sufrido en sus pueblos el azote del fuego y hayan observado las actuaciones de los profesionales y de las autoridades que los dirigen y sin complejos les explicarán cosas que si se contaran en páginas como esta nos llevarían a los tribunales; pero los periodistas y tertulianos dale que dale, como decía mi amigo Matías Q.E.D. cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba pero el tonto sigue.

Es otra noche. Hoy el calor es intenso. Durante el día ha soplado un viento fuerte, seco y caliente que ha tenido la virtud de alejar los olores de los campos estercolados y el humo de los incendios

Que Dios nos ampare de estas dos plagas, del fuego y de los tertulianos de ciudad cuando hablan del campo y que en numerosas ocasiones hacen a los campesinos más daño, que una nube de verano.


Sobre esta noticia

Autor:
Rogelio (7 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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