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La indignación cotiza al alza

14/06/2014 19:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El clamor popular se está manifestando, invitando a un cambio radical en el modus operandi de nuestro sistema. Este es el único camino que nos conducirá hacia la luz

 

La indignación crece a medida que se suman motivos antagónicos que hunden a la gran mayoría de la población en una zozobra inaudita e indefinida.  Impotentemente vemos como los casos que se investigan derivado de la corrupción, malversación de fondos, apropiación indebida etc. etc. se dilatan en el tiempo y sin veredicto inmediato aparentemente. La justicia no solo viaja montada en una tortuga sino que además se encuentra adormilada y muchas veces amordazada, cuando debe ser independiente y equitativa.

Mientras posibles culpables de hechos que han defraudado la integridad del Estado de derecho, sino que también han burlado la confianza que la ciudadanía ha depositado en sus representantes, pululan por las calles libremente, haciendo ostentación de su rango y de su condición de intocables. Millones de personas nos debatimos entre la infamia de una situación angustiante que esta exterminando nuestras fuerzas y nuestras vidas.

Resultan tan intolerables como indignantes soportar el hambre, el desempleo, la falta de atención sanitaria, el vacío en la educación, la inseguridad pública, y podría seguir indefiniblemente citando un sinfín de situaciones injustas que dominan a la sociedad actual. Llegados a esta etapa del año oímos en los medios repiquetear una de las preocupaciones de las clases políticas “vacaciones”. La indignación crece a pasos agigantados, porque resuena como charada ante la difícil situación en que viven millones de familias. La preocupación sobre las vacaciones prima sobre la necesidad de “rescatar a la sociedad”. Estamos viviendo una realidad opaca y rustica que nos empareja a países subdesarrollados, no como hipotéticamente se define como un país del primer mundo integrante de la UE.

Ésta precisamente está permitiendo que el fango siga bañando nuestras vidas con decretos y reglas que nos dejan aún más a la merced del tsunami de una crisis que nos ha devorado. Crisis que han aprovechado muchos para enriquecerse sin ningún tipo de remordimientos a costa de las vidas de muchas personas honestas y trabajadoras. Ha sido justamente a estas personas a quienes han llevado a la guillotina sin ningún tipo de arrepentimientos ni pesadumbre.  No deja otra conclusión que creer que poco o nada les importa la opresión y la precariedad de quienes los han votado. Políticos, sindicalistas y empresarios asociados para desintegrar al trabajador, para desmembrar a la mayoría de una sociedad que ha sido cauta e inocente y de la cual han hecho abuso de confianza.

¿Qué sentirían estas personas tan desalmadas, si ocuparan por un momento el sitio de cualquier trabajador en paro? Si siquiera se detuvieran en su vorágine de lujos y comodidades, e hicieran un impase, asumiendo la crueldad de la hambruna que sufren millones de personas sin recurso alguno. ¿Qué harían si fueran sus hijos quienes no tuvieran un trozo de pan ni un vaso de leche para llenar sus estómagos vacíos? ¿Cómo actuarían si fueran arrojados literalmente de sus hogares y no pudieran ofrecer un techo a su familia? ¿Cuál sería su actitud ante la falta de recursos médicos y hospitalarios cuando sus progenitores o sus hijos fueran arrojados despiadadamente fuera del sistema y  desatendidos? ¿Serían capaces de subsistir de la caridad, en el hipotético caso que pudiera acceder a ella  o a vivir de la mendicidad? ¿Cómo se sentirían si fueran humillados y vilipendiados por una situación que jamás se buscó y que sin embargo los apresó? ¿Cuál sería su actitud si se vieran despojados de su moral, arrojándolos al fango de la opresión y la miseria?

El buen samaritano ha quedado olvidado en el tiempo, la solidaridad ha fenecido en algún momento sin que nos percatáramos de ello. La raza humana no ha evolucionado si no es capaz de conmoverse ante situaciones tan tremendas, dignas de un film de cine catástrofe. Los mayores se ven obligados a vivir a la deriva, muchos sin ningún tipo de prestación y los que escasamente la perciben se ven obligados a socorrer a sus hijos y nietos. Esto es vergonzoso, inaudito e insoportable, no es justicia, es “injusticia social”.

Sus señorías gozan de privilegios demasiados costosos para el Estado, banalidades que pueden perfectamente ser sustituidas o derogadas. Se han llenado la boca hablando de austeridad y trasparencia. ¿Cómo es posible que proclamen lo que desconocen? Austeridad significa ajustarse en todos los rubros no únicamente el que toca a la población activa y pasiva del país. ¿Por qué continúan empeñados en cortar el hilo por el lado más fino? ¿Saben acaso lo que siente un padre cuando tiene que negarle algo a un hijo, cuando ha invertido toda su vida trabajando y a la madurez se encuentra en franca bancarrota? Saben acaso lo que significa recibir continuas llamadas de acreedores intentando cobrar lo que en su momento podían asumir y ahora gracias a las insolidarias políticas económicas y laborales los han arruinado.

Claro que no lo saben porque viven en su mundo llenos de trivialidades y fantasías. Un mundo hipócrita y ruin como lo es en general la política. Es así porque quienes desempeñan esos roles de una u otra manera lo han sido y porque nosotros se los hemos permitido. Han ido ascendiendo rápidamente peldaño a peldaño hasta llegar a un nivel en el que se creen irremplazables, todopoderosos y dioses intocables en su Olimpo de barro,

.Salir a la calle, acudir a las urnas y expresar nuestra voluntad soberana de cambio y reestructuración administrativa-laboral- social-economica, debe comenzar ya

La indignación del grueso de la población va en aumento y es totalmente lógico que así sea, hasta un ciego se daría cuenta de ello. Asimismo es perfectamente entendible que se revele y que comience a tomar tonalidades mas encendidas, porque el agua ya ha sobrepasado el cuello y se siente ahogada y sin salida inmediata por más que se intente revertir la realidad. Las multitudes que llenan las plazas de los pueblos y ciudades de toda España reclamando diferentes derechos, están demandando un cambio drástico, inminente y urgente, porque ya ha llegado al límite de su paciencia y de su ignominia. Ante esta situación las voces se alzan amenazantes, en un intento desesperado de contener a la multitud que puja por un cambio radical e imprescindible. El conjunto gubernamental de turno intenta desautorizar y ocultar las verdaderas razones de este descalabro social, aduciendo y esgrimiendo hechos irreales y nimios. Ante la rebeldía de la sociedad les tiembla el pulso y gobiernan con temor porque a conciencia saben que han sobrepasados todos los limites. Intenten in stop desesperado a las nuevas corrientes que puedan hacer peligrar sus confortables status. Pero estoy convencida que por mucho que se empeñen, es ahora cuando el despertar hace su entrada triunfal, dando lugar a un cambio por demás anunciado aunque postergado. Es hora de poner las cosas en su sitio, de la austeridad verdadera y real en cuanto a los presupuestos estatales. Si hablamos de austeridad debemos hablar de una baja de gastos superfluos e innecesarios, como lo son coches lujosos, hoteles cinco estrellas, viajes en clases vip, tarjetas de crédito ilimitadas, dietas innecesarias, gastos de representación altamente onerosos, sueldos desmedidos y puestos digitados por ejemplo. La clase política, no dejan de ser funcionarios del Estado. Trabajadores asalariados, ocupando en este caso cargos de  “particular confianza” que no los acredita a gozar de especiales condiciones financieras y económicas. Es imprescindible una reducción del grupo parlamentario en general, y en ello incluye a secretarios, pro secretarios, adjuntos, y una larga lista de “sub”. Todos estos cargos son los causantes del cáncer que prima en nuestro país. Como funcionarios deben percibir un sueldo acorde, no desorbitante y unas condiciones laborales exactamente semejantes al resto de la ciudadanía. Porque no pertenecen a una clase privilegiada, este es un intento que ellos mismos han propiciado para vivir en una hoguera de vanidades que ha desfalcado nuestros recursos.

Un reparto equitativo de la riqueza significa administrar a conciencia el erario público sin despilfarros, nutriendo con recursos más que suficientes los perennes como ser las sanidad, la seguridad social, la educación y sobretodo invirtiendo o buscando inversiones que fomenten el trabajo.

Reformar a conciencia un sistema laboral que solo ha favorecido a los grandes empresarios situándolo aún más por encima de los trabajadores, pues han fomentado y apoyado el recorte de derechos laborales, han enterrado en vida a quienes son los engranajes de todo país que se precie para evolucionar, para no permanecer estancado, para florecer y crecer.

Antiguamente los grandes señores se valían de las flaquezas  de los trabajadores o de la adquisición de esclavos… ¡Eso ya pertenece al pasado y el pasado está muerto y enterrado! El pasado ya no existe, pero no debemos olvidarlo para no volver cometer los mismos errores. Por lo tanto el retorno ya no es posible, hay que mirar por el hoy, luchar por el presente, porque es la única manera de asegurarnos un futuro diferente. Pero mientras se siga por esta ruta cruel e insolidaria continuaremos transitando por los senderos de la soberbia, la avaricia, la corrupción, el despotismo y la intransigencia de quienes hemos designado para testaferros y que se han creído ser amos y señores de nuestra vida y de nuestros destinos.

Es evidente que se está gestando un cambio, está naciendo un nuevo sentimiento que nos anima a intentar cambiar una situación insostenible, no debemos permitir que nos amilanen, que nos repriman ni nos amordacen con decretos indemocráticos.

Es imprescindible que nos centremos en lo que realmente es necesario e imprescindible, sin dejarnos llevar por una corriente diseñada para distraernos de los verdaderos objetivos y de las necesidades impostergables. Debemos decir de una vez por todas y con voz potente y fuerte ¡Basta ya! Hacernos respetar y prevalecer la voluntad soberana constituye la principal prioridad de nuestra alicaída sociedad. Son nuestros derechos y nuestras vidas las  que están en juego. Es el futuro de nuestros hijos y el de nuestro país el que debemos defender con uñas y dientes. Es imprescindible abolir la esclavitud que se está gestando deliberadamente para avasallarnos y para acallar el clamor de una sociedad que puja por salir adelante. Es menester defender nuestro patrimonio, nuestras vidas, y los derechos universales y constitucionales que nos competen.  Debemos asumir el compromiso de validar nuestro lugar, nuestro entorno y en libertad, nunca con libertinaje,   exigir lo que legalmente nos pertenece.

Nacional e internacionalmente es menester hacer prevalecer la verdadera voluntad de la mayoría de la población. Mientras no asumamos nuestra responsabilidad, mientras el timón este en manos aventureras y arriesgadas, pereceremos. El sentimiento democrático y fraterno debe ser el único timonel que nos condusca.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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