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Intolerancia.18

23/01/2010 19:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Comienza el capítulo cuatro

Los abuelos de Natasha habían logrado huir del comunismo ruso. Su abuelo era un empresario que realizaba negocios internacionales. Su trabajo le había ofrecido la oportunidad de conocer mucha gente en el exterior. Gracias a estos contactos había logrado sacar a su esposa e hija y huir con ellas.

Recién acababa de terminar la segunda guerra mundial y Argentina que había permanecido neutral durante todo el proceso se encontraba en su etapa de apogeo con un crecimiento económico floreciente. Las exportaciones sobre todo las agroganaderas estaban dando sus frutos. Había trabajo para todo aquel que lo necesitare, estabilidad y un gobierno popular que la mayor parte de la gente quería ciegamente, sobre todo a la esposa del presidente que tenía una caravana de seguidores.

A esto se sumaba que un amigo de su infancia había logrado huir como él hacía dos años junto con su familia y vivían en Buenos Aires, en el barrio de Almagro. Habían estado manteniendo correspondencia y él le había prometido ayudarlo en todo lo que pudiese.

Estos fueron los motivos principales que le hicieron optar por venir a Argentina. Sin dejar de darle importancia al dominio que tenía del idioma español por sus conexiones laborales.

Antes de embarcar para Argentina estuvieron anclados quince días en España y pudieron darse cuenta que la situación era terrible. La nación estaba totalmente empobrecida tras la guerra civil. Estaban bajo el mandato de un gobierno despótico. No había trabajo ni alimento suficiente para toda la población. La gente parecía y estaba triste, así que la idea que en algún momento había tenido de que España podría ser otro posible destino fue desechada por completo. También allí tenia una familia rusa amiga y ellos mismos le aconsejaron que no se quedasen.

Desde que había pensado en emigrar de Rusia, se preocupó porque su esposa e hija aprendieran el español y durante los quince días que duró la travesía del barco hasta que éste ancló en Argentina, trabajaron para intensificarlo hasta donde ellas se lo permitieron.

Obviamente su hija captaba y aprendía más fácilmente debido a esa disposición natural que tienen los niños para con los idiomas. Su esposa como la mayoría de los adultos, si bien no había perdido esa capacidad, si múltiples factores se la tornaban más dificultosa. Pese a sus esfuerzos, le costaba mucho pronunciar correctamente las palabras y le resultaban una tarea muy dura y ardua, las conjugaciones de los distintos tiempos verbales.

Cuando por fin llegaron a puerto de Buenos Aires, los tres se sintieron felices. Habían dejado atrás un gobierno autoritario y despótico, como así también las persecuciones ideológicas y la pobreza que, para ese entonces, reinaba en muchísimos hogares rusos. Además se les abría ante sus ojos y sus vidas una nueva perspectiva, a la cual se aferraron con esperanza y alegría.

Su hija logró una rápida adaptación a las nuevas y totalmente diferentes costumbres. Así rápidamente logró insertarse en el nuevo medio y hacerse de amigos argentinos, aunque sin duda fue invalorable el apoyo brindado por el hijo del amigo ruso de su padre. Pronto ambas familias comenzaron a reunirse nuevamente con regularidad y a ellos le resultó muy fácil y agradable retomar esa amistad que había quedado en suspenso cuando se habían ido de Rusia.

Pese al empeño puesto, su esposa jamás pudo adaptarse a una idiosincrasia tan diferente a su cultura. Nunca logró aprender bien el idioma. Sólo decía algunas frases aprendidas muy superficialmente, lo que de alguna manera la convirtió en una ermitaña, ya que casi no salía de su casa ni siquiera para encargarse de las compras de los alimentos y demás enseres propios de toda casa. Su hija fue la que tuvo que aprender como manejarse en esos menesteres, ocupar su lugar y encargarse de todo. Ese fue sin duda la principal causa por la que no consiguió hacer amistad con nadie, excepto con la esposa del amigo de su esposo, con la que nunca empero, llegó a tener demasiada afinidad. Todas estas circunstancias o su propio destino, hizo que poco después de un año de estar viviendo en la Argentina falleciera como consecuencia de un infarto masivo.

Fue así que el padre de ésta en forma imprevista, quedó a cargo de la educación de la pequeña adolescente que, felizmente por las circunstancias narradas, sabía manejarse con todas las tareas del hogar, excepto con las culinarias. Para suplir esta deficiencia, todas las tardes concurría a la casa de una vecina para que le enseñara a cocinar y así, en muy poco tiempo, aprendió a elaborar platos complicados, sabrosos y variados, aunque casi todos típicamente argentinos que hacían la delicia de su padre.

Se casó muy jovencita con el hijo del amigo de su padre, su amigo de la infancia y tuvo un matrimonio feliz y sin altibajos económicos.

De ese matrimonio nacieron dos hijos. Natasha y su hermano, aunque no en ese orden. Ambos crecieron rodeados de afectos y atenciones, ya que no sólo sus padres eran muy cariñosos, sino también su abuelo materno y los dos paternos. Siempre les prodigaban cuidados y atención y solían llenarlos de juguetes para cada cumpleaños y en las navidades y permanentemente los llevaban de paseo a parques y plazas.

Natasha tenia además una magnifica relación con su hermano y él con ella, pese a la diferencia de edad.

Cuando Natasha conoció a Boris, un amigo de su hermano, tenía sólo doce años y desde ese primer momento supo que se había enamorado perdidamente de él. Sin embargo por ser seis años mayor que ella, él jamás la vio como una mujer ni le prestó la más minima atención.

Cuando Natasha cumplía sus diez y ocho años y alcanzaba su esplendor como mujer, Boris emigró a los Estados Unidos de Norte América. A través de su hermano con quien nunca dejó de conectarse, ella estaba al tanto de cómo se desarrollaba su vida en aquél país, enterándose así de su noviazgo y de su matrimonio, pero fue recién cuando nació su primer hijo, cuando logró romper con este enamoramiento y a partir de allí, no quiso saber más nada de su vida, pidiéndole expresamente a su hermano que nunca más le refiriera nada sobre él.

Al preguntarle el porqué de esa determinación, ella no supo que contestarle, pero si pudo sentir como el calor y el color le subía por su rostro. Su hermano, que como Boris, estaban ajenos a este sentimiento, al comprenderlo, derivó la conversación hacia otro rumbo para liberarla de esa situación, evitando así que se sintiera avergonzada al no encontrar una respuesta lógica para darle, sin exponer su dolor, convencido que era lo mejor para ella. A partir de allí, jamás volvió a hablar de su amigo en su presencia.

Natasha nunca se había dado cuenta de cuánto había entorpecido su vida de relación el recuerdo de Boris, hasta el día que volvieron de las vacaciones que se habían tomado junto a Ruth, después de finalizar los estudios de medicina, y de la conversación sostenida con Gladys y Ruth acerca del listado de nombres para varones, donde su nombre volvió a relucir. Recién ese día, seis o siete años después de su partida, ella tomó conciencia del amor que había quedado guardado muy oculto en el interior de su corazón.

Por eso, un año mas tarde, al enterarse que venía de visita a Buenos Aires, le pidió a su hermano que lo invitara a su casa porque quería verlo. Sabía que estaba casado, que tenía un hijo, pero no le importaba. Sólo sabía que quería volver a verlo una vez más. Tal vez inconcientemente pensara que de esa forma podría desengancharse de su recuerdo y empezar a mirar a su alrededor, en busca del amor reservado para ella.

La tarde que lo vio en casa de su hermano, su corazón dio un vuelco. Todo su cuerpo vibró al unísono, provocándole una sensación indescriptible. Creyó que su pobre corazón no resistiría el flujo de tanta presión sanguínea y que sus piernas no resistirían lo suficiente como para mantenerla de pie, comprendiendo que a pesar del tiempo transcurrido y de todo lo sucedido en su transcurso, su amor se hallaba intacto. No le quedó ninguna duda de sus sentimientos y de todo lo que sentía por él.

Cuando él notó su presencia, vino rápidamente a su encuentro. Por el gesto de su cara, en forma inmediata se percató que recién en ese momento, la veía como a una mujer y no como a pequeñita hermana de su amigo. Le gustó su expresión de sus ojos. Indicaban que estaba muy complacido con la imagen que tenía enfrente. Sus palabras confirmaron su lectura.

-Mira con lo que me encuentro después de tantos años! Con una mujer bellísima que además, según me cuenta tu hermano, es médica.- Su calurosa exclamación sin duda daba a entender, que realmente la encontraba bellísima y que era diferente del recuerdo que se había llevado de ella al partir.

-Gracias- le respondió tímidamente, temiendo que en sus ojos se notasen sus sentimientos.

-Pero, déjame verte- le dijo mientras la tomaba de la mano, le alzaba el brazo y la hacia girar. –Estás realmente hermosa!. No te pareces en nada al recuerdo que tengo de ti, ek de una chiquilla esmirriada e introvertida que prácticamente huía al verme llegar-.


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Edelweys (185 noticias)
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