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Intolerancia.20

23/01/2010 19:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El domingo volvieron a encontrarse

El domingo volvieron a encontrarse desde muy temprano y pasaron juntos, casi todo el día. Esa noche Natasha había planeado volver temprano, pues los lunes generalmente, el trabajo se duplicaba en los hospitales. No obstante, el día se les había hecho tan corto que cuando llegaron a su casa, era cerca de medianoche.

Pese a la intensa actividad laboral que tuvo que desarrollar, Natasha sentía que el tiempo no pasaba casi sin darse cuenta como de costumbre. Cada vez que miraba su reloj, le parecía que veía la misma hora. Estaba ansiosa por volver a su casa y llamarlo por teléfono, escuchar su voz. Cuando por fin llegó, lo llamó y estuvieron casi dos horas hablando.

Luego llamó a sus amigas y les contó todo lo que había pasado ese fin de semana maravilloso que había compartido junto a él. Hubiera querido llamarlas antes, pero sabía que le iba a insumir más de una hora hablar con las dos y había vuelto demasiado tarde en ambas ocasiones. Sus amigas se alegraron muchísimo, aunque por supuesto esperaban ese desenlace desde el primer día en que Natasha les había contado como había sido su reencuentro con él.

-Ahora faltas tú, le dijo Natasha a Gladys, -te toca a ti vivir esta experiencia amorosa. Te aseguro que realmente es maravillosa-.

-Me imagino lo maravillosa que puede ser cuando es el amor la que la impulsa, pero por el momento no he sentido que tocara a mi puerta. No te preocupes. Ya llegará- dijo Gladys con cierta tristeza y nostalgia.

-Eso espero- le respondió su amiga –se que he esperado mucho por este momento y ahora que lo estoy viviendo, siento un poco de pena por los años que me he perdido-.

-No lo has perdido- le respondió Gladys –probablemente sino lo hubieras esperado todo el tiempo que el destino te impuso, no lo estarías viviendo ahora con tanta intensidad-.

-Probablemente- respondió Natasha –Lo que no se es que pasara cuando Boris se marche. No he querido tocar ese tema. No he querido arruinar ni un instante de nuestra compañía con un planteamiento al que, probablemente ninguno de los dos, podamos responder. He decidido vivir el momento con intensidad sin pensar en el mañana, aunque a veces tengo el presentimiento que en ese mañana, lloraré-.

-No te anticipes a nada- le respondió su amiga –quién te hubiera dicho que te ibas a reencontrar con el hombre que amabas desde que eras una niña, que estaba casado y que jamás se había fijado en ti, aun cuando era soltero y que ahora divorciado, se te presenta de improviso y manifiesta ese gran interés por ti-.

-Tienes toda la razón Gladys- le respondió esperanzada Natasha –es mejor no adelantarse a los acontecimientos, sino dejar que estos fluyan tal como la vida lo designe-.

-Te irías a vivir a San Francisco si él te lo pide- le preguntó con curiosidad Gladys.

-Ya me he hecho esa pregunta pero no tengo respuesta- le respondió con cierto dejo de tristeza Natasha –sabes muy bien lo importante que es mi familia para mi y eso sin descuidar a mis amigas, no se si sabría vivir tan lejos de todos estos afectos-.

-Es muy pronto para pensar en eso todavía, lo se- le dijo Gladys - pero por la velocidad con que esta girando esta relación, creo que es para planteártelo-.

-Es que yo todavía no se si Boris siente lo mismo que yo. Yo conozco mis sentimientos, pero los de él podrían ser superficiales, un “amor de verano” como muchos lo llaman, aunque ahora estemos a principios del otoño- dijo con un dejo de sorna y cierto aire de duda en la voz.

-Estoy de acuerdo en eso, pero si te lo propusiera, estarías dispuesta a irte?- le preguntó insistentemente Gladys, dando a entrever que no terminaría la conversación sin una respuesta concreta.

-Supongo que si. Me parecería tonto decir que no al amor. Si él me demuestra que sus sentimientos son iguales a los míos, probablemente me iría. No lo se- le dijo Natasha con tono de desesperación al ver la insistencia de su amiga y su incapacidad de dar una respuesta segura.

-Perdóname, no se porque estoy insistiendo tanto, tal vez porque no me gustaría que te fueras, aunque te apoyaría en todo si así lo decides. Es tu felicidad y no vas a desperdiciarla- le dijo en tono más suave y como pidiéndole perdón por haber insistido tanto.

-No tiene importancia- le dijo Natasha mas aliviada –es lógico que sientas así. No sería muy fácil para mí tomar esa decisión. Pero como bien lo has aclarado, no se le puede dar la espalda al amor, sobre todo cuando lo has esperado tanto-.

-Por supuesto- le contesto Gladys y enseguida cambió de conversación porque no quería dejar a su amiga preocupada, pensando en una situación que a lo mejor, nunca se presentaría.

Terminaron hablando de cualquier cosa, hasta que Natasha le dijo que estaba muy cansada y quería irse a dormir. Luego la llamó a Ruth pero mantuvo con ella una conversación muy breve, porque se sentía verdaderamente agotada.

La relación de Boris y Natasha continuó con el mismo fervor durante cuatro semanas. Se veían todos los días después del hospital, incluyendo los que había tenido guardia y salía destrozada de cansancio. El día que tenía que quedarse en el hospital haciendo guardia, Natasha lo sentía insoportablemente largo, interminable.

Iban siempre al mismo hotel y luego a cenar. Natasha llegaba a su casa y lo único que hacía era saludar a sus padres e irse a dormir. Durante todo ese período fue el único contacto que tuvo con ellos, quienes la veían tan feliz que jamás le hicieron ninguna observación. A sus amigas sólo les dedicaba unos pocos minutos por teléfono, pero ambas la entendían perfectamente.

Ya faltaban pocos días para que Boris se volviera a San Francisco. Ambos estaban recostados en la habitación del hotel, desnudos y recién bañados. Era un día sábado y al otro día Natasha no estaba de guardia, por lo que no tenían apuro en regresar. Acababan de hacer el amor cuando Boris la interpeló inesperadamente –Puedo hacerte una pregunta tal vez demasiado indiscreta? Sino quieres contestármela la entenderé y prometo no volver a este tema nunca más-

-Pregunta y veremos- le contesto sonriente Natasha.

-Cómo es posible que siendo una mujer tan hermosa e inteligente como eres, nunca habías tenido novios, ni amantes, ni sexo casual? No creo que te hayan faltado nunca candidatos. Debes haber tenido una cola bastante larga detrás de ti- le dijo curioso Boris

-Te voy a contestar la verdad aunque después me arrepienta por el resto de mi vida- le dijo seriamente –Te amo desde la primera vez que te vi, cuando tenía sólo doce o trece años. No me había dado realmente cuenta, hasta que Ruth se embarazó y salió la conversación de los posibles nombres para su hijo, si fuera varón. Yo dije que si tuviera un hijo le pondría Boris. Me salió del corazón. No lo pensé. Las chicas se rieron porque dijeron que era un nombre horrible y que no entendían cómo podía gustarme. Y sabes que les contesté?-.

-No tengo la menor idea, pero estoy totalmente de acuerdo con tus amigas- le respondió Boris riéndose a carcajadas –mi nombre es horrible. Jamás se lo pondría a un hijo mío. Imagino la cara que han puesto tus amigas cuando pronunciaste mi nombre-.

-Se rieron bastante- aclaro Natasha – pero yo enseguida les contesté que a mi me sabía a miel y caricias y allí tuve conciencia por primera vez, en tantos años, del amor que sentía por ti y cuál había sido la razón por la cual ninguno de los chicos que conocía me gustaban lo suficiente como para querer tener con ellos una relación sentimental-.

-Que mi nombre te sabia a miel y caricias?- le dijo asombrado- si me imagino que ha sido suficiente motivo para que tomaras conciencia de tus sentimientos!-

-No te burles tu también, ya lo hicieron bastante mis amigas en su oportunidad- le dijo Natasha.

-No me burlo en lo absoluto- le explicó él –simplemente estoy explicando algo que es obvio. Por otro lado no puedo creer la confesión que me has hecho-.

-Te dije que probablemente me arrepentiría por el resto de mi vida-. Le dijo ella bajando los ojos, aunque no se sentía avergonzada, mas bien se sentía aliviada. Por primera vez había podido expresar sus más íntimos sentimientos y eso le producía alegría.

- Al partir yo me lleve de ti el recuerdo de una jovencita esmirriada que lo único que sabia hacer al verme, era bajar la mirada y salir huyendo como si me tuviera miedo. Muchas veces me pregunté de qué me tendrías miedo y nunca pude explicármelo. Confieso que en ningún momento pensé que era por el motivo que acabas de confesarme- le contestó Boris


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