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Intolerancia.26

24/01/2010 22:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los cuatro fueron una semana al mar

Los cuatro fueron una semana al mar y disfrutaron por primera vez del agua, el sol y las playas de Miramar. Fueron siete días espléndidos donde Gladys se sintió realmente satisfecha por haber logrado esa otra importante meta, a pesar de su escaso sueldo.

El día de la boda de Natasha la madre volvió a mostrar ese rostro de tristeza que subconscientemente afloraba cada vez que miraba a su hija, sola, sin pareja. Sentía que todas sus amigas habían logrado encontrar el camino hacia el amor y no podía entender porque a su hija, no le pasaba lo mismo.

Gladys notó esa tristeza y sin dudarlo, la relacionó con la boda. Por ello, se decidió hablar con su madre antes de vestirse y arreglarse para asistir a la misma.

-Mamá- le dijo con voz pausada y firme- se porque tienes ese rictus de amargura en tu rostro y me duele no poder hacer nada para quitártelo. Me gustaría tanto que no vivieras tan preocupada por mi vida sentimental. Ya lo hemos hablado tantas veces, que no se que palabras puedo agregar para cambiar la expresión de tu rostro-.

-Perdóname hija- le contestó su madre – no tengo intenciones de amargarte en este día en el que se, te sientes muy feliz por tu amiga, pero no puedo dejar de pensar en que la vida pasa y tú sigues sola. Lo siento mucho. De verdad. Quisiera que no hubieras notado mi tristeza, pero debe ser bastante transparente aunque quiera disimularla-.

-Lo es mamá –le dijo Gladys – y no puedo cambiarla. No deberías sentirte así, pero no puedes evitarlo.

Me gustaría que sucediera algo que cambie mi vida. No creas que no lo intento. Pero no he encontrado a nadie que me provoque ese deseo-.

-Lo se hija – le dijo la madre – se que te gustaría encontrarlo. No te preocupes por mí. Ve a vestirte y trata de divertirte mucho esta noche-.

-Así lo haré mamá – le dijo Gladys – quiero que Natasha me recuerde alegre cuando se vaya a vivir tan lejos de aquí.

Un mes después de haberse ido de vacaciones comenzaron las clases de unidad hospitalaria. Pese a que todavía estaba en primer año le asignaron dos alumnos.

Ella debía todas las mañanas, presentar a los enfermos que estaban internados en el sector asignado, y preguntarles cosas sencillas a medida que leía las historias clínicas de los pacientes, como ser qué análisis pedirían o que estudio especializado sugerirían. Era la primera vez que se encontraba en esa situación y se sentía sumamente nerviosa. Pensaba que no iba a saber desenvolverse con naturalidad y los alumnos se darían cuenta en seguida de su incompetencia y se burlarían de ella.

Pese a todo su nerviosismo logró hacerlo con bastante aplomo y seguridad. Pudo contestar todas las preguntas que le hicieron a su vez los alumnos y terminó la mañana satisfecha con su actuación. Cuando llegó el momento de despedirse de ellos por ese día, pues se había cumplido el horario asignado para sus clases prácticas, uno de ellos, el más tímido, le preguntó si podía quedarse un tiempo más a su lado para seguir aprendiendo

-No tengo ningún apuro por volver a mi casa- le dijo Andrés, no pudiendo ocultar su timidez pese al esfuerzo que hacía- Me ha encantado como explica y pienso que podría aprovechar un poco más sus conocimientos, si es que me lo permite-.

-No tengo la menor idea si está permitido que los alumnos se queden fuera de hora- le dijo ella asombrada – generalmente todos están esperando el momento de irse. No se si alguna vez se presentó la situación que me planteas. Probemos. Quédate y si viene alguien y dice que tienes que marcharte lo haces sin replicar. De acuerdo?-.

-Completamente Dra. Carelli- le dijo animadamente.

-Me llamo Gladys- le dijo ella tendiéndole la mano como si lo viera en ese momento por primera vez - en un tiempo seremos colegas y me siento mas cómoda si cuando estamos a solas como ahora, me llamas por el nombre. Es diferente cuando estemos frente al paciente o estemos en horario de clase-.

-Encantado de llamarle por un nombre tan bonito como el que tiene- Yo me llamo Andrés. Sabe que es muy simpática y sumamente dulce en el trato con los pacientes. Creo que es lo que mas me impresionó de usted. La he estado observando toda la mañana, asombrado y prometiéndome a mi mismo desarrollar esa calidez, cuando me llegue el momento de ejercer como colega-.

-Gracias por el halago- le dijo ella sonriente – pero te recuerdo que yo no califico a los alumnos, así que no es necesario que me adules-.

-Jamás se me ocurriría adular a alguien para conseguir algo- me haría sentir un vendido y un perdedor- le dijo Andrés poniendo cara de ofendido, mientras en su cara dibujaba una sonrisa-. Lo que le dije es la verdad. No fui sólo yo el que vio esa actitud. Mi compañero tuvo la misma impresión y me lo comentó-.

-Me gusta mi trabajo- respondió Gladys – tal vez por eso lo hago con amor y eso se traduce en esa calidez de la que hablas. El paciente está enfermo, se siente desvalido y necesita sentir una mano amiga, una sonrisa cariñosa, una palabra amable para sentirse mejor. Sólo intento que no se sienta sólo en su aflicción. Debe ser horrible estar en la cama de un hospital, alejado la mayor parte del día de tu familia y temiendo por lo pueda pasarte. Por eso también intento explicarle lo más que puedo, que es lo que le está pasando, que estudios vamos a hacerle, que esperamos encontrar, etc.etc.-

-Vuelvo a reiterarle lo que le dije antes, deseo que cuando me llegue el turno yo pueda adquirir esa capacidad que me está detallando.-le contestó Andrés - No creo que la tengan todos los profesionales. Trataré de quedarme a su lado la mayor cantidad de tiempo posible para ver si puedo aprender la técnica-.

-Estamos perdiendo tiempo hablando de temas que no son de medicina- le dijo tajante Gladys que se estaba sintiendo incómoda ante tantos halagos –si me descuido, mi trabajo se atrasará y tendré que quedarme fuera de hora y te aseguro que al menos yo, si tengo ganas de irme a mi casa cuando termine mi horario. La residencia, sobre todo el primer año, es agotadora de verdad-.

-Lo se- le contesto sonriente Andrés – Mi hermano mayor esta haciendo la residencia en Cardiología-.

-En cardiología?- le pregunto curiosa Gladys – en este hospital? tengo una amiga que la estaba haciendo pero decidió casarse e irse a vivir a Estados Unidos-.

-No, no es en este hospital- le contesto- está en el Argerich -.

-Excelente hospital- Debe haber sido un buen alumno- le dijo Gladys.

-Si, si lo es. Muchas veces me hace sentir avergonzado con su sapiencia- le contestó él –pero otras me ayuda tanto con su sabiduría que se compensa la situación-.

-Dejémonos en serio de tanta charla y empecemos a trabajar, si es que quieres quedarte-. Te animas a interrogar a esa paciente sobre como se siente después del estudio que le han hecho y luego reportarme el resultado, mientras termino de darle unas instrucciones a la que tengo frente a mi?-.

-No se que saldrá del interrogatorio, -contestó Andrés –pero claro que me animo.

Así continuaron cada día durante una semana. Andrés se quedaba una hora o un poco más después de clase, hasta que Gladys tenía que ir al comedor para almorzar.

El viernes, al presentarle a sus dos habituales alumnos el caso de una mujer que se había provocado un aborto casero comprometiendo seriamente su salud debido a la severa infección sobreviniente, que obligó a que se le extirpara el útero como único medio para salvarle la vida, le dio a Andrés, la oportunidad que había estado buscando durante toda la semana, para comenzar una conversación de índole personal.

-Que terrible perder un órgano de su cuerpo de una manera tan tonta- comentó con tristeza -y exponer su vida como la expuso-.

- Si cuando nos encontramos con casos como estos, de mujeres desesperadas que no saben que hacer con un embarazo no deseado- le respondió Gladys – la mayoría de nosotros nos preguntamos sino sería mejor legalizar el aborto. Evitaría tantas de estas catástrofes. Esta mujer entró con una septicemia gravísima que le provocó un estado de shock y que casi le hace perder la vida, no sólo su útero-.

-Y pensar que hay tantas mujeres que darían lo que no tienen por concebir un hijo!- dijo con la misma tristeza Andrés.

-En eso estaba pensando justamente, ya que pienso dedicarme a los problemas que causa la esterilidad, una vez que acabe con mi residencia. Tantas mujeres se someten a estudios complejos y dolorosos y tratamientos aún mas dolorosos que los estudios y a pesar de ello, no logran ese tan ansiado embarazo! Otras en cambio no saben como hacer para evitarlos, teniendo uno tras otro-.

-Y usted- se arriesgó a formular Andrés su ambicionada pregunta – tiene hijos?-.

-No, ni hijos, ni marido ni novio- le dijo Gladys resueltamente.


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