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Intolerancia.28

24/01/2010 22:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Andres la devoró toda la mañana con sus ojos

Andrés la devoró toda la mañana con sus ojos. Seguía cada una de sus palabras con devoción. Ella se ruborizó en varias oportunidades, bajando la vista avergonzada y preguntándose que estaría pensando el otro alumno.

A la siguiente salida, Andrés no se reprimió más y la besó acaloradamente en la primera oportunidad que tuvo. Cuando se animó a proponérselo, ella no aceptó la invitación de ir a un hotel, aduciendo que las cosas apresuradas nunca salen bien- Es mejor que nos demos un poco de tiempo para ver que tal nos llevamos- no apuremos las cosas. Dejemos que maduren. Estoy segura que todo saldrá bien. Para Gladys sería la primera vez que se entregara a una relación sexual y quería estar segura de sus sentimientos, tal como siempre se lo había prometido a si misma. Sabía que se sentía muy bien a su lado. Que no le importaba para nada que el fuera dos años menor que ella. Que tenía la sensación que ella también era importante para él, pero quería asegurarse que no fuera sólo una conquista casual.

Dos semanas más tarde se sintió segura, tanto de sus propios sentimientos como de los de él, por lo que cuando se lo volvió a ofrecer, aceptó ir a un hotel. Y tal como le había pasado a Natasha, al principio tuvo miedo de no saber conducirse, pero a medida que las caricias la fueron envolviendo, se dejó arrastrar por la pasión y tuvo un encuentro memorable. Más que nunca en su vida valoró su convicción, de que la primera experiencia sexual debía ser tenida con afecto, al menos para una mujer. La pasión que sobreviene es, absolutamente placentera.

Cuando regresó a su casa, su madre no tuvo dudas de lo que había pasado y se alegró mucho por ella. Por fin se habían cumplido sus sueños y desvanecidos sus temores. Su corazón le decía que esa relación iba a ser para siempre y que su hija llegaría por fin, a formar una familia.

Ella habló con su madre de sus más íntimos sentimientos y de todas las sensaciones que había experimentado ese día.

Luego, aunque era muy tarde y presintiendo que probablemente la encontraría durmiendo, cosa que así fue, llamó a Ruth y le dijo simplemente –Acaba de suceder. Estoy feliz. Te dejo seguir durmiendo-.

-Su amiga se despabiló de repente ante la noticia que acababa de recibir. Con una amplia sonrisa de satisfacción le dijo: -Te mataría por haberme despertado. Mañana estoy de guardia. Pero gracias por haberlo hecho. Me alegro mucho por ti- y colgó el auricular sin darle tiempo a continuar la conversación.

Andrés le propuso matrimonio el mismo día que se recibió de médico, cuando ella lo fue a buscar a la salida de su examen. Llevaba en su bolsillo un anillo que su padre, dueño de una importante joyería en el centro de la ciudad, le había tallado en forma exclusiva para la ocasión. Ambos tenían una grabación, el de ella decía “primero y último” y el de él decía “última y única”.

Su padre aún cuando siempre se había sentido triste porque ninguno de sus dos hijos había querido continuar con el negocio familiar, que además era floreciente, en ningún momento dejó de apoyar a sus hijos en la carrera que habían elegido. Les había comprado a ambos un auto, para que pudieran desplazarse con comodidad y había sufragado los gastos de sus estudios y salidas, sin poner jamás objeciones. Consideraba que además de ser buenos estudiantes, se esforzaban mucho y por lo tanto se merecían todo su apoyo.

Siguiendo con ese pensamiento, ante la noticia del casamiento, no sólo les regaló un departamento de tres ambientes sino que, como viaje de luna de miel, les ofreció un tour por los principales países de Europa, para que ese acontecimiento tuviera además, un motivo extra de satisfacciones.

Lamentablemente por la diferencia de estaciones entre America y Europa tuvieron que hacer el viaje en pleno invierno. Pese al frío y a la cortedad de los días -pues oscurecía muy temprano- disfrutaron de cada país que visitaron. No pudieron aplazar el casamiento ni la luna de miel debido a que él tenía que prepararse para los exámenes de residencia. Haría la misma especialidad que su esposa y ya habían decidido que una vez que ambos terminaran la especialidad, se dedicarían de pleno a la esterilidad de parejas.

Desde que en 1978 había nacido la primer bebe de probeta, Gladys había seguido con sumo interés paso a paso este nuevo tratamiento.

Estaba en ese momento cursando el primer año de medicina y como siempre, le habían interesado los temas que se relacionaban con esterilidad, no dudaba de pedirle a profesores y ayudantes todo el material que pudieran conseguirle. Los había estudiado minuciosamente y guardado como si fueran una reliquia y cuando empezó a releerlos junto a Andrés, él también se sintió atraído por los adelantos que estaba dando la medicina en esa especialidad y decidió que pondrían una clínica, si es que su padre los ayudaba, cosa que ninguno de los dos dudó un solo instante.

Andrés aprobó con excelentes notas su examen de residencia y pudo elegir el hospital donde cursarla y aunque sabía que iba a tener que escuchar muchas burlas de sus compañeros con respecto a estar por debajo de su esposa y bajo sus órdenes, puesto que Gladys ya iba a comenzar su tercer año, decidió elegir el hospital en el que trabajaba ella. Jamás se arrepintió de su elección, pese a las bromas permanentes que debió soportar de sus compañeros de curso.

Cuando se estaba acercando la primavera de ese mismo año, decidieron tratar de lograr un embarazo.

Gladys quedó embarazada en el primer mes que dejo de cuidarse Su hija nació poco después que terminó la residencia. Tal como habían acordado antes de casarse, se llamo Lucila.

Andrés había estado de acuerdo con los dos nombres que Gladys tenía elegido desde hacia muchísimo tiempo. Él no tenía preferencia por ninguno en especial y no quiso quitarle a ella, la ilusión de que sus hijos se llamaran como tanto lo deseaba.

Poco tiempo después del nacimiento de su nieta, el padre de Andrés no tuvo ningún inconveniente en transformarse en socio capitalista de la clínica.

Gladys había comenzado a concurrir durante las mañanas a un servicio “ad honorem” de esterilidad, para ir adquiriendo todos los conocimientos necesarios. Al llegar a su casa, su primera tarea era supervisar el trabajo de la empleada a cargo de su hija, luego compartir el mayor tiempo posible con ella, darle de mamar y a las cuatro, otra vez partir para el trabajo, pero esta vez hacia la clínica.

A su madre todavía le faltaban unos años para jubilarse y no podía encargarse de la crianza de Lucila, puesto que su horario coincidía en parte con el de Gladys, pero concluida su labor diaria, todas las tardes iba a visitar a su nieta.

Por otro lado, la abuela paterna no pudo renunciar a seguir acompañando a su marido en su trabajo. Éste ya había sufrido bastante decepción cuando sus hijos no habían querido asociarse con él en ese rubro, como para que ella también le fallara, dejándolo solo.

Su cuñado al igual que Gladys, concurría por las mañanas al hospital y luego cubría el consultorio por las tardes en la especialidad de cardiología.

Habían contratado a un médico clínico para que cubriera las urgencias médicas por las mañanas y otro para completar el plantel médico por la tarde, quién además, se dedicaba a hacer ecografías, por lo que debieron comparar un equipo ecocardiográfico. Montaron también para completar el esquema necesario, un laboratorio de análisis.

Al año siguiente adosaron un servicio de radiología.

Al igual que su madre, Gladys tuvo varón como segundo que, al igual que su hermano, nació un año más tarde que Lucila. Por supuesto, tal y como estaba decidido, se llamó Sebastián. A partir de ese momento y tal como también lo habían acordado hacía muchos años, cada reunión familiar con Ruth las obligaba a cumplir con el uso del “mi” o del “tu” Sebastián, para referirse a sus hijos. Lejos de ser un incordio, resultaba muchas veces hasta divertido.

Un año más tarde, Andrés finalizó su residencia y se unió al plantel de la clínica, además de empezar a concurrir al mismo servicio que Gladys. Ninguno de los dos recibían paga por su trabajo en el hospital, pero ambos estaban satisfechos con lo que aprendían diariamente y trasladaban ese conocimiento a su práctica privada. Si bien todo significaba un gran esfuerzo, el trabajo en la clínica iba aumentando día a día, lo que les daba fuerzas para seguir y realmente los hacía felices.

La clínica, a los tres años de su inauguración, ya había conseguido hacerse de renombre. Tenían una selecta clientela que se sentía muy conformes, no sólo con los resultados obtenidos -aunque no siempre el éxito coronara sus esfuerzos-, sino también con la calidad de atención que brindaban desde la recepcionista hasta la totalidad de los profesionales que conformaban el plantel.

Le habían ofrecido a Ruth e Isaac que se unieran a ese emprendimiento, pero ellos desistieron de la oferta a pesar de los mejores ingresos que pudieran significarles, porque les interesaba más seguir con

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