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Intolerancia.40

24/01/2010 23:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No se como puedes ayudarlos

No se como puedes ayudarlos. Además no creo que sea tan grave, que si tienen un hijo, ambos le transmitan sus creencias y le permitan tomar sus propias decisiones cuando sean mayores-.

-Pero qué me estás diciendo Gladys?- le dijo Natasha enojada-, qué los hijos van a primero a la iglesia y de ahí a la sinagoga hasta que sean grandes y estén en condiciones de decidir a cuál de las dos quieren seguir yendo-?

-Natasha, amiga mía-, sabes muy bien que yo soy católica apostólica romana por bautismo, comunión y confirmación. Sabes que creo profundamente en Dios, pero que no voy nunca a la iglesia. Y no creo que por no ir a la iglesia Dios haya dejado de quererme. Mejor dicho, estoy segura que no ha dejado de quererme. Si tus nietos no van a la iglesia o no aceptan tu religión, Dios no dejará de quererlos. Por uno u otro camino él los protegería de la misma manera-.

-Sabes muy bien que aparte de creer, toda mi familia concurre a la iglesia en forma sistemática. Todos necesitamos ir. No vamos por obligación. Vamos por placer. Cómo voy a aceptar que mis nietos no vayan- dijo Natasha casi llorando.

-Pero porqué no han de ir. Puedes llevarlos tú si tu hijo no quiere llevarlos- le dijo con dulzura Gladys-. Vamos, me parece que se están ahogando en un vaso de agua. Tus nietos serán tan ortodoxos como tú o no, eso lo decidirá la vida. Pero, no crees que falta muchísimo para ello y que no vale la pena estar amargándose hoy?-.

-No, lamentablemente no veo las cosas como tú- dijo Natasha llorando-. Yo necesito que ellos continúen nuestras creencias y ritos. No podré acostumbrarme sino es así-.

Natasha, durante años hemos sido amigas tu, Ruth y yo. Las tres pertenecemos a distintas religiones y

eso jamás ha sido un conflicto para ninguna de las tres. Cada una respetó siempre, las creencias de las otras y nunca hemos pensado que una religión, fuese más importante que la otra. Porqué ahora te preocupa tanto?- le pregunto Gladys.

-La razón es simplísima. Nosotras nunca tuvimos conflictos religiosos, en parte porque como acabas de decir, cada uno respetó siempre las creencias de las otras, pero principalmente porque jamás hemos pensado tener un hijo en común entre nosotras tres. Por ese motivo, cada uno con su familia profesaba sus creencias y nada se interponía en nuestra amistad. Pero ahora están los hijos de por medio o mejor dicho los hijos de nuestros hijos. Eso hace la diferencia- le contestó su amiga.

-Natasha, porque no esperas que las cosas sucedan. Estás hablando como si tu hija ya estuviera embarazada y se hubiera negado a continuar siendo ortodoxa y ninguna de las dos cosas es cierta. Porqué no te tranquilizas y dejas que la vida continúe su curso normal. Es imposible querer cambiar lo que esta trazado y no vale la pena que te estés amargando con tanta anticipación-.

Siguieron hablando durante mucho tiempo sobre los chicos, pero las diferencias de opiniones se seguían manteniendo sin variar. Natasha no atendía ninguno de los consejos de Gladys.

Cuando cortó la comunicación, no alcanzó a levantarse de la silla para dirigirse a la cocina para continuar con la interrumpida preparación de la cena, cuando sonó nuevamente el teléfono. Esta vez era Ruth.

-Con quién estabas hablando-? fueron sus palabras a modo de tajante saludo, -hace una hora que estoy discando tu número y lo encuentro siempre ocupado-.

-Estaba hablando con Natasha- dijo Gladys-, está muy preocupada por el futuro de sus nietos-.

-Debí imaginármelo- dijo Ruth-, siempre las largas conferencias son de nosotras tres. Que te contó? He intentado hablar con mi hijo a la vez que intentaba comunicarme contigo, pero tampoco lo he conseguido. Sólo me atiende el contestador. Le he dejado tres mensajes. Espero que me conteste pronto-.

-Me contó todo lo que ha pasado entre vosotras dos y vuestros hijos- le dijo.

-Y que le contestaste?- inquirió curiosa Ruth-.

-Traté de explicarle que falta mucho para que todo esto que la está preocupando tanto, suceda y que luego, será la vida la que se encargaría de decidir como lo hace siempre y que no valía la pena estar preocupándose de antemano-, le dijo Gladys en un intento de que ella también entendiera desde el principio, su punto de vista neutral con respecto al conflicto planteado.

-Con esta contestación has reducido a cero nuestra conversación- dijo Ruth ligeramente enojada-. Ahora se que no puedo pedirte ningún consejo-.

-Tampoco lo seguirías, como tampoco lo hará Natasha- dijo Gladys risueña.

-Pero por lo menos a ella la escuchaste-, le dijo enojada Ruth.

-Y a tí también puedo escucharte todo el tiempo que lo desees. Hoy es domingo, así que es uno de esos raros días en que el tiempo me sobra. Sobre todo porque mi hija se ha llevado a mi nieto. Fueron al jardín zoológico con su nueva pareja. Habla todo lo que quieras, te escucharé atentamente. Me dirigía a preparar la cena, pero es temprano todavía-.

-Para que- dijo Ruth, – No vas a ponerte de mi parte-.

-Pero es que yo no tengo que ponerme de parte de nadie- le contestó Gladys, -específicamente en este caso me han pedido un consejo y yo os lo he dado. Que a vosotras les guste o no, no significa que no las apoye. Siempre estaré de parte de vosotras dos. Pero los chicos harán lo que ellos quieran hacer. Tengo una gran experiencia al respecto-.

Siguieron hablando y contradiciéndose durante casi una hora como eran sus costumbres. Era como una tradición que no podían evitar, tener largas charlas telefónicas. Era la forma de seguir unidas, como cuando eran jóvenes y lo compartían todo.

La situación siguió siendo muy tensa entre Tati y sus padres y entre Seba y su madre, quien por todos los medios trataba de hacerle entender, que Tati no era la mujer que le convenía. Sebastian muchas veces dejaba de atender el teléfono cuando sabía era su madre. Estaba cansado de tratar de explicarle que ambos se querían y que pensaban seguir juntos pese a su oposición y a las oposiciones de todos.

Tati iba cada vez con menos frecuencia a visitar a sus padres. La mayoría de las veces se quedaba a dormir en el departamento de Seba. Ya casi había mudado todo su guardarropa a ese lugar.

Ellos seguían disfrutando de su amor y hacían planes para cuando Tati se recibiera. Irían a los lugares más remotos del planeta, y allí se quedarían el tiempo necesario, hasta encontrar el nuevo rumbo que le darían a sus vidas. Tomarían infinidad de fotos. Harían microfilmaciones y escribirían mucho sobre todo lo que fueran encontrando. Ambos soñaban con un futuro brillante en la biología. Lo que nunca se plantearon, era con qué dinero se mantendrían mientras hacían todos esos estudios. Pero eran jóvenes para pensar en eso. Ya lo verían mas adelante. Necesitaban tan poco para ser felices.

Natasha y Ruth casi no se hablaban por teléfono. Después de haber tenido varias discusiones y haberse dicho cosas muy desagradables mutuamente, sus conversaciones se habían interrumpido.

El día que Tati, después de una violenta discusión en casa de sus padres, volvió muy enojada diciendo que jamás volvería a visitarlos, Seba se acercó a ella y, besándola con mucha dulzura, le dijo: -Que te parece si nos casamos? Una vez que hayamos formalizado nuestra situación, nuestros respectivos padres ya no tendrán argumentos para oponerse y no intentarán separarnos-.

-Casarnos? dijo Tati asustada – hace cuánto que estamos juntos?

Siete meses dijo Seba, si no contamos el primer período de salida. Yo considero que estamos juntos desde el día en que te dije que te amaba. Lo anterior no tiene validez. Son sólo siete meses o un poco más-

No te parece muy poco tiempo para tomar una decisión tan importante como es el matrimonio? Dijo Tati. Esa si que es una palabra que me asusta-.

-Porque te asusta la palabra? En que cambiaría nuestra situación si nos casamos. Prácticamente estamos viviendo juntos desde el día de la discusión con tus padres. La única diferencia estaría en un certificado. No puedo entender que es lo que te asusta- le dijo Seba intrigado.

-La palabra en si lleva tanta responsabilidad incluida, que me produce pánico- le dijo Tati mostrando un verdadero sentimiento de miedo- Es algo para toda la vida. Es algo muy pero muy grande-.

-Y no crees acaso que lo nuestro es para toda la vida?- le preguntó meloso Seba. –Yo si lo creo, por eso no me asusta el casamiento. Todo lo contrario. Me da más seguridad-.

-En que te da más seguridad- preguntó Tati sin comprender.

-En que va a ser para toda la vida- le respondió con firmeza Seba.-Ambos estamos seguros de nuestros sentimientos. Estamos viviendo juntos y todo funciona perfectamente bien. A nosotros no nos cambiaría para nada la vida, pero con suerte, si podría ser que se la cambiara a nuestros padres. Estoy cansado de oír a mi madre con sus reiterados consejos y advertencias. Lo mismo que tú de oír a tus padres.

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