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Intolerancia.43

24/01/2010 23:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No te preocupes por eso

-No te preocupes por eso- le dijo calmadamente Ruth mientras pasaba una mano por su hombro – No se lo contaré a nadie. Te lo prometo. Será nuestro secreto. Ahora cuéntame lo que sabes sobre mi hijo-.

-Lo siento mucho señora- le dijo el joven – le agradezco mucho que no comente con nadie sobre mi error, pero no puedo darle ninguna información sobre él. Su nuera se quedó dormida pidiéndome que la despertara si había alguna noticia sobre él. Hay muchas personas que están ingresadas sin nombres. Muchas están en los quirófanos. Me han comentado que todas las personas que ingresaron inconscientes al hospital, que son muchas, no tenían documentación con ellos, pero ella nos dio la descripción de la ropa y nos hemos fijado en todos los que estaban o habían salido del quirófano pero permanecían inconscientes y ninguno cumplía con esas descripciones. Quedaría por averiguar en……..en…….-

- En dónde? En dónde? Dijo Ruth mientras le aferraba ambas manos. De pronto, dándose cuenta de lo que quería decirle, se llevó ambas manos a la boca y dijo casi en un suspiro inaudible …….no querrás decir en la morgue verdad?-.

-Lo siento señora. Otra vez mi inexperiencia me ha jugado una mala pasada- dijo mas avergonzado que la vez anterior el jovencito.-Creo que no sirvo para estos menesteres. No puedo seguir cometiendo errores tan garrafales. No se como disculparme-.

-No tienes que disculparte- dijo Ruth llorando –tú no tienes la culpa de todo lo que está pasando. Además es natural que si nunca te viste en una situación semejante, no sepas como actuar-.

En esos momentos se oía una voz que venia de la recepción “-Han liberado la sala que estaba retenida por los guerrilleros. No había ningún rehén dentro. Repetimos a todos los familiares que están esperando noticias. No había ningún rehén dentro-.”

-Parece que es otro lugar donde no está!- dijo Ruth, a la vez que el sollozo le ahogaba las palabras en la garganta.

-Señora- dijo el joven tratando de darle ánimos –me han comentado que muchas personas que sufren un stress como el que se ha vivido en ese hotel, pueden salir del lugar sin tener conciencia de lo que están haciendo y sin saber siquiera claramente quienes son y empezar a vagar sin rumbo. Me dijeron que es una probabilidad que debía explicarle a los familiares cuando no encontraban a la persona que buscaban-.-Lo se- le contesto Ruth- Soy médica y trabajo en un hospital en Israel. Esas cosas pueden ocurrir aunque no son muy frecuentes. Tal vez sea mejor que te haga caso y vayamos a la morgue. Te animarías a acompañarme? No se si podría hacer el recorrido sola-.

-Por supuesto que la acompañaré- dijo el joven no pudiendo evitar la aprehensión que le significaba entrar a la morgue – y le prometo que si Dios quiere y no lo encontramos allí, yo mismo me encargaré de llevarla a recorrer los alrededores para ver si lo encontramos. Dedicaré todo el tiempo que usted necesite y espero de corazón, no cometer ningún error más-.

-Todo lo que estas haciendo en este lugar para ayudar a gente como yo, vale mucho más que cualquier error que puedas cometer. No dejes nunca de ser como eres. No importa cuanto te equivoques en el camino- le contesto Ruth llorando cada vez mas desconsoladamente.

- Sabes lo que más me duele en este momento previo a ir a la morgue? El saber que mi hijo se casó y yo me negué a ir a su boda. Era el único hijo que me quedaba vivo y no fui. Y sabes porqué no fui? Por intolerante. No supe ver el amor de mi hijo. Antepuse mis principios religiosos. Principios a los que él nunca dejó de reconocer, ni hizo intento de rechazar jamás. Me opuse a tener un nieto no judío. Y por eso no fui. Crees que el podrá perdonarme. Y si hubiese muerto?.........Oh Dios, no puedo pensar que esto pueda haber ocurrido!-.

-Recemos juntos, no importa en que religión lo hagamos, para que esto no haya sucedido- le dijo el joven mientras le pasaba un brazo por el hombro – y mientras estemos rezando, entraremos juntos a ese lugar. Preguntaré a un enfermero como hacer para ir allí. Probablemente tenga que acompañarnos-.

El enfermero los acompaño hasta ese frío recinto. Al llegar, le preguntó a Ruth puesto que era médica, si quería entrar sola o si prefería que él también los acompañase.

-Gracias, el joven que está a mi lado me acompañará en todo momento- respondió Ruth sin dejar de llorar ni un solo momento –vaya usted con los demás que lo están necesitando. Se lo que son estos momentos para el personal de un hospital. No importa cuantos hayan venido a ayudar, nunca alcanzan-.

-Es verdad doctora, nunca somos suficientes. Por suerte gente desinteresada como este jovencito ha venido a ayudarnos- le respondió el enfermero. Su comprometido ofrecimiento nos permite cubrir con mayor rapidez las necesidades. Como habrá visto son todos muy jóvenes, pero por suerte sienten la necesidad de ayudar ante una desgracia-.

-Nosotros estábamos en una clase en la universidad, cuando nos informaron lo que había ocurrido- acotó el joven –Fue el profesor quien nos dijo que íbamos a aprender mucho más ayudando en una situación de emergencia como ésta, que lo que él podía enseñarnos en una clase y ahora, estoy tomando real conciencia de cuanta verdad había en esa aseveración. Creo que hoy será un día que me dejará muchas enseñanzas. Enseñanzas que supongo, jamás olvidaré en el futuro-.

Con esto se despidieron del enfermero y apoyando con más fuerza su brazo sobre el hombro de Ruth, entraron a la morgue. El espectáculo era desgarrador. Se veían cuerpos mutilados, con sus cuerpos y rostros severamente dañados. Otros, intactos como si no les hubiese pasado nada, excepto una bala en la cabeza que el cabello tapaba casi en su totalidad.

El joven que nunca había estado en un lugar así, sintió que sus piernas le temblaban y por un instante temió no poder ayudar a Ruth en su búsqueda. Ella iba mirando uno a uno los cuerpos tendidos. De pronto se abalanzó sobre el de uno de ellos. El joven lo reconoció en seguida. Tenía la ropa que Tati había descripto. Su rostro estaba intacto. Ni siquiera demostraba asombro o dolor. Probablemente no tuvo tiempo de tomar conciencia de lo que estaba pasando. Sólo presentaba su tórax ametrallado. Ruth se abrazó al rostro de su hijo llorando desconsoladamente. –No puede ser! Esto es una pesadilla. No puede ser! Me niego a aceptarlo. No puedes estar aquí! No puedes!- y sin decir mas su cuerpo cayó pesadamente sobre el cadáver de su hijo.

-Ayuda, ayuda, necesito ayuda- comenzó a gritar desesperadamente el joven. -Que alguien venga a ayudarme. Siguió gritando varias veces cada vez mas fuerte, mientras Ruth permanecía desvanecida sobre el cuerpo de su hijo. Cuando se hizo presente un enfermero, al ver la situación, inmediatamente fue en busca de una camilla.

Llevaron a Ruth, todavía inconsciente, a la sala de guardia. Allí le inyectaron un sedante y la ingresaron a una sala.

Cuando se despertó, ya en la madrugada, Ruth se puso a gritar desaforadamente. Un enfermero corrió a su ayuda en forma inmediata tratando de calmarla, pero no logró cumplir con su cometido.

-Quiero a mi hijo. Quiero que traigan a mi hijo- gritaba cada vez mas fuerte Ruth, dirigiéndose al enfermero. –No es cierto que estaba en la morgue. Por favor díganle que venga a verme, que necesito hablar con él. Por favor. Llámelo-.

-Señora tranquilícese- le respondió el enfermero mientras intentaba hacerla recostar en la cama, aunque sin poder lograrlo.

-No me puedo tranquilizar. Sólo lo lograré si usted lo hace venir aquí. Hágalo venir por favor- le decía Ruth suplicante y con los ojos desorbitados.

El enfermero había llamado al médico a gritos mientras intentaba calmarla. Cuando llegó, intentó darle un sedante nuevamente, pero Ruth se negó a recibirlo.

-No quiero un sedante- dijo entre gritos y sollozos. Quiero a mi hijo. Es que no lo entienden. Quiero a mi hijo!

-Lamentablemente su hijo ha muerto en el ataque y nada podemos hacer nosotros para evitarle su dolor- le respondió el médico. – Lo único que puedo hacer, es ofrecerle es un sedante para ayudarla a relajarse y para que le permita ir aceptando la terrible realidad, por muy dolorosa que esta sea-.

-Usted no entiende nada- le dijo con tono muy airado Ruth. –Mi marido y mi otro hijo han muerto en un accidente. No puede ser que el único hijo que me quedaba vivo, haya muerto en este estúpido ataque al hotel. Él estaba de luna de miel. Lo entiende? Estaba de luna de miel y yo no había ido a su boda. No estuve a su lado. Nunca podré remediar eso. Le fallé. Le falté. No tengo perdón-.

-Por favor, permítame inyectarle un sedante- le dijo el médico con dulzura y tratando de ofrecerle su apoyo pasando una mano por su hombro. - Es lo único que puedo ofrecerle. No me niegue la posibilidad de ayuda. Será mucho mejor para usted-.


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