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Intolerancia.44

24/01/2010 23:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nada será mejor para mi

Nada será mejor para mí a partir de ahora- dijo Ruth en el mismo tono de ira y rabia. –Nada. Déme ese sedante. No le quitaré la oportunidad de brindarme ayuda. Pero recuerde y tengo esto muy claro, que no servirá de nada. Su efecto pasará y yo seguiré estando sola, puesto que ni mi nieto podrá ser un consuelo-.

-Si ya sabe que su nuera está embarazada, debe volver a tener fe - le dijo el médico en el mismo tono de dulzura con que la había estado tratando, mientras le inyectaba el sedante. –Su nieto será el encargado de hacer retornar la luz a su vida. Cuando lo tenga en los brazos, volverá a ver a su hijo y sentirá que su vida continúa a través de él. Cuando lo vea crecer, verá como de nuevo hay una esperanza de futuro en su vida. Aún durante la espera hasta el nacimiento, será un apoyo increíble. Puedo garantizárselo-.

-Probablemente mi nuera jamás me permita ver a mi nieto- le contestó Ruth suavizando el tono.- Y tendría toda la razón. Yo la rechacé por no ser judía. Si no quisiera hablarme ni volver a verme jamás, estaría en todo su derecho-.

-Es muy probable que su nuera cambie de opinión con respecto a usted, cuando le explique lo arrepentida que está con su pasada actitud- le dijo con palabras suaves, tratando de hacerle sentir que las cosas pueden ser distintas a como uno las imagina de antemano, al tiempo que terminaba de inyectarle el sedante. - Todos los seres humanos nos equivocamos. Todos, y lamentablemente a diario. Usted se equivocó al no entender a su hijo, sólo por el simple hecho de ser otra persona. Y como tal, puede pensar y sentir como tal, de otra manera. Pero estoy seguro que su nuera, la disculpará.

Ahora, le aconsejo que se recueste y descanse. Por la mañana, aunque nada de lo terrible que le ha pasado cambiará, se sentirá con ganas de intentar hablarle y hacerle sentir su arrepentimiento. Intente poner su mente en blanco hasta que el medicamento actúe.-

Ruth no tardó en quedarse profundamente dormida.

A la mañana siguiente cuando se despertó, luego de sentir que sus ojos se llenaban de lágrimas ante el recuerdo, intentó frenar el llanto descontrolado. Ya tenía bastante experiencia con el dolor y sabía que no la consolaba y que por el contrario, comenzado, ya no había forma de poder frenarlo, haciéndose cada vez más intenso, ocasionándole con ello, un más punzante y profundo dolor.

Se incorporó con dificultad de la cama. Se sentía levemente mareada, probablemente por los últimos resabios del efecto del sedante. Cuando sintió que podía estar firmemente de pie, se encaminó a la puerta. Quería averiguar en que habitación estaba su nuera. Temía que no quisiera recibirla, pero sentía que tenía que intentar comunicarse con ella lo antes posible.

El hospital se veía con muchísimo menos movimiento que la noche anterior. Se dirigió a recepción para preguntar por Tati. Una vez que supo el número de su habitación, se dirigió hacia allí con paso bastante inseguro, pero con la certeza que tenía que hacerlo. Al llegar al número indicado golpeó suavemente la puerta. Nadie le contestó. Lentamente la abrió y se asomó. Vio a Tati aún dormida y se asombró de verla atada a la cama.

El ruido, pese a haber sido muy leve, fue suficiente para despertarla sobresaltada.

-Sebastian eres tú?- dijo al tiempo que abría con dificultad los ojos. Cuando vio que la figura de la puerta era Ruth, se tapó la boca con la mano ahogando un quejido.

-No-, dijo Ruth tratando de que no apareciera una lágrima en sus ojos. -Soy yo-

-Porqué estás aquí-? preguntó asustada. - Dónde está Sebastián?-

-Querida tienes que ser fuerte- le dijo muy suavemente Ruth.

-No! No!- no quiero oírlo- gritó Tati rompiendo en un llanto descontrolado. - Dónde está Sebastian? Quiero verlo. Dime donde está-.

Tati- le dijo con voz muy suave pero ya ahogada por el llanto. - No se de que forma darte esta noticia puesto que no creo que haya ninguna manera de decirla-

No! Volvió a gritar Tati- No! Quiero ver a Sebastián. No quiero oír ninguna noticia-.

-Hija- le dijo Ruth – se que no tengo ningún derecho a llamarte así puesto que te rechacé sin darte ninguna oportunidad, pero permíteme abrazarte y decirte que lamento todo lo que hice o dije antes de vuestro casamiento. No entiendo y no voy a perdonarme nunca, la intolerancia que demostré. Siento tener que ser yo quien te lo diga, pero lamentablemente Sebastian fue alcanzado por el fuego de la metralla y ……. Empezó a llorar desconsoladamente al tiempo que se abrazaba al cuerpo tendido en la cama de Tati-….El……él……él…..está…..muerto-.

-No! No es cierto!- grito Tati mientras su llanto se hacía inconsolable. - No puede ser cierto- Que alguien venga a sacarme estas malditas ligaduras-

-Porqué estás atada a la cama- le preguntó Ruth sin dejar de llorar ni abrazarla.

-Porque cuando intentaba ponerme en pie me desmayaba, y como no quería quedarme acostada me dijeron que era por mi bien, sólo hasta que me sintiera fuerte- dijo en un llanto continuo y volviendo a gritar con fuerzas. –Que alguien venga a sacarme estas ligaduras. No puedes hacerlo tú?

-No, será mejor que vaya a buscar al enfermero o al médico de guardia. Yo no tengo ninguna autoridad para hacerlo- le contestó, al tiempo que se levantaba y se dirigía a buscar a alguien.

En ese momento un enfermero que había oído los gritos, abrió la puerta de la habitación.

-Sáquenme estas malditas ligaduras. No soy una presa- gritó desaforadamente Tati.

-Iré a buscar al médico- le contestó el enfermero –Yo no estoy autorizado a sacárselas-

-Nadie esta autorizado en este maldito hospital?- gritó aún más fuerte Tati-

-Lo siento señorita, hace sólo dos horas que comenzó mi turno y no se la causa por la que usted se encuentra en esa situación- le contestó tratando de suavizarla. -Pero no se preocupe, enseguida vendré con el médico. El sabrá que hacer-. Inmediatamente se encaminó a la puerta dirigiéndose al pasillo. Tati seguía gritando y pidiendo que le trajeran a su marido.

Pocos minutos mas tarde, el médico entraba en la habitación.

-Hola como se siente?- le preguntó con amabilidad.

-Cómo quiere que me sienta atada a la cama como si fuera un reo?- le dijo gritando y llorando Tati.

-Tranquilícese por favor déjeme ver en su historial porque está en esa situación- le contestó el médico, a la vez que revisaba la historia clínica.

-Aquí dice que usted está embarazada de un mes y que, al intentar ponerse de pie, sufre una lipotimia y que además, como no quería entender razones e intentaba levantarse pese a los consejos de no hacerlo, se vieron en la necesidad de atarla. Contésteme como se siente?-

-Que cómo me siento? Está bromeando? Me acaba de decir ella que mi marido está muerto. Entiende lo que le estoy diciendo? Está muerto y yo estoy atada a esta cama sin poder ir a verlo y usted tiene la osadía de preguntarme cómo me siento? Cómo cree que me siento?- le dijo Tati irritada en medio del llanto, considerando una burla de parte del médico esa pregunta.

-Perdóneme señora- le contestó el médico con más suavidad y respeto que antes. - Hace muy poco comenzó mi turno y no estaba enterado de nada. Lamento muchísimo lo de su marido. Si usted me promete colaborar conmigo, intentaremos ver si puede incorporarse sin poner en peligro su vida y la vida del bebe. Cada caída puede hacerlo-

-Y que me importa a mi el bebe- dijo Tati más airada que nunca. –Yo quiero ver a mi marido-

-Si como usted me acaba de informar su marido está muerto, eso ya no tiene remedio- le contestó el médico en el mismo tono de suavidad. -En cambio su bebe está vivo y por eso, hay que cuidarlo-.

-Y quien le dijo a usted que yo quiero cuidarlo? Yo no quiero tener ningún hijo! Nunca lo quise tener y mucho menos lo quiero ahora que se ha quedado sin padre!- dijo Tati siempre gritando y llorando.

-Señora, en estos momentos usted ve todo muy oscuro y no puede razonar lo que esta diciendo, pero mañana puede arrepentirse de no haber tomado las precauciones necesarias para que el bebe no sufra- le contestó.

-Yo no quiero este bebe ni hoy, ni mañana, ni nunca. Es que no lo entiende! Yo quiero a mi marido. Sáqueme ya estas malditas ataduras- le dijo en un tono despectivo y autoritario Tati.

-Lo haré si me promete que comprobaremos primero, si usted puede incorporarse sin desmayarse. Si es así, si usted está lo suficientemente fuerte, yo mismo la sentaré en una silla de ruedas y la llevaré donde está su marido. Se lo prometo- le contestó en un tono que no dejaba dudas que era é, ell que dominaba la situación y que ella debía aceptar sus reglas.

-Saque estas ligaduras. Prometo portarme bien. Está conforme?- le dijo con cierto aire sarcástico pero sin gritar.


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Edelweys (185 noticias)
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