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Intolerancia.47

24/01/2010 23:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Te repito Tati que el amor de los padres

-Te repito Tati, que el amor de los padres es un amor muy fuerte- le contesto Ruth, y aunque a veces nos sintamos heridos por las actitudes de nuestros hijos, jamás dejamos de quererlos. Ya verás cuando tengas en tus brazos al tuyo-.

-Yo no creo que continúe con este embarazo- le respondió Tati. -Te lo estoy diciendo de verdad. No estoy preparada para tener un hijo-.

-Ningún ser humano por lo general, está preparado para tener un hijo, hasta que lo tiene- le respondió con mucha dulzura Ruth. -Es que hasta que no te toca vivir esa experiencia, no tienes idea de lo que significa ser padres.

Es la profesión más importante que te puede brindar la vida-.

-Puede ser, pero hasta que conocí a Sebastian –, le respondió - yo nunca había pensado en formar una familia. Todas mis ilusiones estaban centradas en mi carrera. Sabías, estaba completamente convencida que iba a descubrir nuevas formas de vida y que las iba a estudiar con tanta profundidad y seriedad que el libro donde volcara todo ese caudal de conocimientos, iba a ser un best seller mundial? Creo esto desde que era muy joven, casi una niña. Siempre soñé que iba a brindarle a la biología, un gran descubrimiento y que el mundo entero estaría orgullosa de mí. Por eso siempre he querido ser la mejor alumna. Tenía que tener conocimientos bien sólidos y amplios como para lograr mis sueños. Nunca pensé en ser madre, ni siquiera en casarme. Sólo quería triunfar en mi carrera. Viajar por el mundo para explorarlo en profundidad y lograr hacer realidad mis ilusiones-.

-Si lo sabía –le replicó Ruth, – tu madre fue lo primero que me dijo cuando planteamos el tema de vuestra relación. Que a ti sólo te importaban las relaciones pasajeras. Sin ningún tipo de compromiso y que le habías advertido en muchísimas oportunidades, que no esperara ser abuela a través tuyo-.

-Así es- le dijo Tati, – pero entonces apareció Sebastián y todo cambió. Sabias que cuando hacia muy poco tiempo que estábamos saliendo, él me dijo que le parecía que se estaba enamorando de mi y yo decidí terminar con la relación porque no quería sentirme atada a ningún sentimiento?-.

-También lo sabía- le respondió Ruth. -Sebastian me lo había contado. En ese momento yo me alegré profundamente. Pensaba que él iba a olvidarte con facilidad puesto que no llevaban mucho tiempo de salir juntos y de esa manera se terminarían todos mis miedos con respecto a ti-.

-Y te contó también que cuando nos separamos, yo no pude encontrar paz en mi espíritu?- le dijo Tati – Intenté salir con diferentes chicos, pero ninguno me parecía lo suficientemente bueno como para irme a acostar con él.

Siempre tenía en la mente a tu hijo. Estaba en cada uno de mis actos. Recordaba cada palabra que me había dicho. Cada actitud que había tenido conmigo. Estaba de día y de noche en mis pensamientos. Él me hizo ver la diferencia que existe entre hacer el amor cuando es sólo la pasión la que te impulsa y hacer el amor, cuando junto a esa pasión, se encuentra un sentimiento tan fuerte como es el amor.

Yo jamás había creído en el amor. Siempre había pensado que cuando las hormonas se ponían en movimiento cuando estabas al lado de una persona que te gustase, generaba un sentimiento pasional de deseo y nada más. Con él supe lo que era sentir, que la pasión pasaba a un segundo plano ante el sentimiento que te inspiraba el amor.

Él me enseñó a vivir de a dos. Me enseñó a planear un futuro en compañía. A ponernos metas en pareja. A soñar juntos. Y ahora….que voy a hacer ahora? Ya no quiero volver a ser la que era antes. Me gusta mas mi nuevo “yo”. El que Sebastián descubrió dentro mío. Me pregunto, qué hará ahora ese nuevo yo en soledad?

-Recuerda que no estarás sola- le dijo Ruth. –Tu hijo estará a tu lado. El te recordará las palabras de Sebastián. Cuando tengas sus manos entre las tuyas, sentirás su calor, pero en realidad será Sebastián el que te lo esté dando. Cuando lo beses o cuando lo abraces, te pasará lo mismo. Ya no volverás a estar sola nunca más. Y de alguna manera en ese niño, Sebastián volverá a renacer-.

-Pero y qué haré yo como mujer?- le respondió Tati.

-Tu hijo va a llenar tu vida- le respondió Ruth, – de eso no tengas ninguna duda. Jamás vas a volver a sentirla vacía, pero nunca podrá satisfacer tus necesidades de mujer. Eso lo tendrás que buscar en otro lado.

-No se que decirte Ruth- le respondió taciturna Tati. –No siento que pueda manejar esta situación sola-.

-No estarás sola. Tus padres y yo estaremos contigo todo el tiempo- le dijo Ruth. -Ppor supuesto si tú me lo permites-.

-No lo se Ruth- le dijo Tati con melancolía. –En estos momentos no se que es bueno o malo para mi. Ni siquiera se si tengo ganas de seguir estudiando. Tengo la sensación que ya no me interesa ser bióloga, ni descubrir nada, ni escribir ningún libro. Creo que no me interesa nada de nada-.

-Y es lógico que te sientas así- le dijo mientras le tomaba ambas manos con dulzura. - Durante mucho tiempo vas a sentirte así. Pero te garantizo que tu hijo te va a hacer cambiar de opinión. Sebastián fue la única persona por la cual yo seguí luchando después del accidente. Hoy tu hijo, es la única luz de esperanza que iluminaría mi vida-.

-No me digas eso- le dijo Tati suplicante. –Si voy a tomar una decisión, quiero hacerlo por mi misma. No presionada por el dolor que puedo causarte a ti o a mis padres-.

-Y así tiene que ser Tati-, le respondió apretando con fuerza sus manos. -La decisión la tienes que tomar por ti misma. No voy a volver a ponerte en mi contra. Te lo prometo-.

-Hasta hace unas horas, pensaba que no les importaba demasiado a mis padres. Que cuando había dejado de ser la nenita buena que aceptaba todas sus reglas, ellos habían dejado de quererme- respondió Tati. –Pero ahora que se que apenas se enteraron de la noticia del ataque, dejaron todo para venir hasta aquí, mis sentimientos han cambiado notablemente-.

-Pero como pudiste pensar que tus padres habían dejado de quererte?- le dijo Ruth con tono de admiración. –Podíamos estar enojados, pero jamás podíamos dejar de quererlos. Te lo he dicho antes y te lo vuelvo a repetir ahora, porque parece que no terminas de entenderlo-.

-No se Ruth- le dijo Tati dubitativa, - es que siempre tuve la certeza que a mi madre le interesaba más la medicina que yo. Mi padre gracias a su profesión de escritor, siempre estaba en casa y aunque a mi me atendiera una niñera, cada vez que lo necesitaba podía ir corriendo hasta su estudio. Sabía que él interrumpía su trabajo para atender mis reclamos. Siempre. Sin excepción. Jamás me dijo: “Vete, ahora estoy ocupado. Hablaremos mas tarde” o por lo menos yo no lo recuerdo. En cambio mi madre siempre estaba en el hospital y cuando volvía, yo ya no me acordaba que era lo que quería preguntarle. Además muchas veces estuve segura que a ella, no le interesaba responder mis dudas-.

-Tati- le dijo Ruth cariñosamente, – solíamos charlar más de una hora con tu madre por teléfono una vez por semana y sabes en que ocupábamos las tres cuartas partes del tiempo o más?-.

-No- le respondió Tati – Tendría que saberlo?

-En hablar de nuestros hijos- le dijo Ruth con dulzura. - Apenas nos saludábamos, la siguiente pregunta de una u otra era “ a que no sabes que hizo o que dijo él o ella, ahora” ¿y a continuación nombrábamos quien era el responsable de formular esa pregunta y lo que había hecho. Y por supuesto que eran todas tonterías según puedo verlo hoy con mis ojos de mujer madura. Pero a nosotras nos parecía un milagro. Una palabra, un gesto, una acción. Todo era milagroso. Era como si ningún otro chico en el mundo lo hubiera dicho o hecho antes. Para nosotras era algo que no podía ignorarse o dejar de mencionarse. Y nos pasábamos todo el tiempo hablando de ustedes. Y sabes porqué? Porque son lo más importante de nuestras vidas. Después estaban nuestras parejas. Y dejo constancia que las dos estamos profundamente enamoradas de nuestros maridos. Cómo puedes creer que se puede perder un sentimiento así?-.

-Que bien me hace escucharte Ruth, - le dijo Tati con dulzura. – Te has dado cuenta que hace bastante tiempo que ninguna de las dos estamos llorando? Creo que estoy por darte la razón. Que este hijo puede llegar a ser el único motivo para seguir adelante con mi vida y tú con la tuya-.

-Me alegra mucho escucharte decir eso- dijo Ruth con lágrimas en los ojos, aunque esta vez eran de emoción, y si la situación lo permitiera, hasta podría decirse de alegría. - Ya verás cuando lo tengas en tus brazos. Ahí ratificarás que no estaba equivocada cuando te aconsejaba. No hay dulzura ni ternura mayor que esa. Es una sensación indescriptible y totalmente incomparable a cualquier otra en la vida-.

Las dos mujeres siguieron charlando toda la tarde sentadas en la cafetería. Por momentos lloraban desconsoladamente al recordar algo de Sebastián y por momentos reían, aunque eran risas trabajosamente forzadas.


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Edelweys (185 noticias)
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