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Intolerancia.51

25/01/2010 17:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Continuamos con este capítulo a la espera del final

-Está extraña- aclaró Natasha. -Se desvive por Tati y su embarazo. Todas las semanas le compra algo al bebe y a ella. Sigue haciendo la terapia que había iniciado en Israel. Igual se la nota como si se hubiera enrollado dentro de si misma para no permitir que nadie vea su sufrimiento. Por momentos parece que tiene mucho entusiasmo por hacer cosas y por momentos, la ves muy callada. A veces tengo miedo que tenga ideas de suicidio-.

-No digas eso- le dijo asustada Gladys, - porque te da esa impresión?-.

-No lo se- le contesto Natasha, - pero pedí hora con su psicoanalista y le conté mis miedos, así que ahora me siento mas tranquila. Se que ella va a trabajar con mayor precisión sobre ese punto-.

-Lo siento Natasha pero tengo que dejarte- le dijo Gladys al observar su reloj y ver que estaba retrasada- Tengo pacientes citados y ya estoy llegando tarde-.

Adiós y perdóname la cháchara- le dijo Natasha-.

-No lo he considerado una cháchara en ningún momento. Espero haberte sido de ayuda. Adiós- Gladys colgó el auricular y se dirigió a la clínica.

Era el día en que Tati tenía que hacerse la ecografía de control. Esa vez querían estar todos a su lado puesto que le dirían el sexo del bebe. Natasha y Ruth lo estaban esperando ansiosas juntas, en el hospital, sabían que Tati y Boris llegarían de un momento a otro. Todos estaban anhelantes por conocer el sexo.

Se dirigieron al consultorio donde el médico los estaba esperando. Todos entraron juntos.

El médico se rió al ver tanta compañía.

-Parece que están muy interesados en saber el sexo del bebé- dijo el médico sonriente. - Es el primer bebé, verdad? Todas las parejas vienen ansiosas por conocer el sexo y lo curioso es que, sea el sexo que sea, todos lo festejan con la misma alegría. Son muy pocos los que se decepcionan cuando es el primer bebé-

El médico comenzó con la ecografía y al cabo de unos cuantos minutos, les comunicó que era un varón.

Todos se alegraron con la noticia. Probablemente se hubiera alegrado de la misma manera, si el médico les decía que era mujer. Probablemente, pero no lo sabían.

Natasha que por casualidad estaba mirando a Ruth, notó en ella un rictus extraño. No supo definir si se había alegrado o no con el sexo de su nieto.

De todas maneras no le pareció relevante y decidió no preguntarle nada. Supuso que si estaba triste porque era un varón, a lo mejor no quería hacer ningún comentario y si por lo contrario, se había alegrado, en algún momento lo haría espontáneamente.

Se fueron los cuatro juntos a casa de Natasha y Boris. Los turnos de Natasha y Ruth estaban casi por finalizar y decidieron tomarse ese tiempo, anticipándose a su salida regular, para regresar todos juntos.

Ruth seguía sin mostrar ningún signo de alegría o decepción por lo que Natasha supuso, que no estaba muy contenta con que su nieto fuese varón.

A partir de ese día Ruth se volvió un poco más callada. No obstante venía regularmente a visitar a Tati cargada de regalos. Era inútil que Tati le explicara que dejara de comprar cosas. Ella seguía haciéndolo.

-Has considerado ya el nombre que vas a ponerle a tu hijo?- le preguntó en una de sus visitas Ruth.

-Si- le contestó sonriente Tati. - Aunque a mis padres en un principio no les pareció buena idea, ahora están completamente de acuerdo. Supongo que tú también lo estarás. Se llamará igual que su padre. Pienso que es un homenaje hacia él y una forma dulce de seguir pronunciando su nombre. Hasta ahora me ha dolido hacerlo. De hecho habrás notado que no lo mencioné. Por eso mis padres se opusieron en un principio. Se que con el tiempo eso cambiará. -.

-Gracias Tati- le dijo Ruth al tiempo que le besaba la frente. - No sabes cuanto deseaba que le pusieras ese nombre. No quise comentártelo en ningún momento porque no era mi intención influenciarte-.

-No me hubieras influenciado con ese o con ningún otro nombre- le dijo Tati sonriendo. – Soy muy terca y jamás hubiera aceptado que otra persona decidiera el nombre de mi hijo. Lamento no haber tocado nunca

ese tema con Sebastián. Desconozco si a él le hubiese gustado o no que le pusiéramos su nombre, pero es que no estaba en nuestros planes tener hijos por muchos tiempo-.

-Lo se- respondió Ruth con profunda tristeza en la voz, - pero como verás, es inútil los planes que los seres humanos hagamos cuando la vida es la que ha decidido por nosotros. Siempre será ella la que gane.

Ambas mujeres se abrazaron y comenzaron a llorar.

Cuando se aproximó la fecha de parto, toda la casa comenzó con un movimiento irregular. En el mismo instante que Tati hacía el más mínimo gesto de dolor, Natasha y Boris corrían a tocar la prominente pancita para corroborar que no fuera una contracción que indicara el comienzo del parto.

Natasha estaba muy atareada con los preparativos de un congreso de Cardiología, de la que era su organizadora principal. Ella era la encargada entre otras cosas, de supervisar las mesas de debates y debía asegurarse la concurrencia de todos los participantes, además de la organización principal. No obstante en cuanto podía, volvía corriendo a su casa para estar al lado de Tati. Quería ser ella la que la llevara al hospital cuando comenzaran las contracciones.

Esa noche cuando Tati la llamó diciéndole que no se sentía bien, Natasha corrió a su cuarto. Comenzó a controlar la duración y frecuencia de las contracciones. Cuando corroboró que se presentaban cada tres a cinco minutos, decidieron que era el momento de ir al hospital.

Cuando llegaron, Tati presentaba sólo un centímetro de dilatación. El control era cada dos horas aproximadamente. La dilatación progresaba muy lentamente. Al cabo de doce horas y no habiendo logrado más que cuatro centímetros de dilatación, le propusieron hacer una cesárea. Tati les preguntó si se podía esperar un poco más. Prefería tener un parto natural. Le dijeron que mientras el bebé no presentara signos de sufrimientos, podían seguir esperando, pero no pasó muchos tiempo hasta que en el control encontraron que los latidos estaban alterados y la llevaron en forma inmediata al quirófano.

El bebé nació bien. No había signos de sufrimiento fetal y respiró inmediatamente, presentando un Apgar de nueve a diez. Inmediatamente se lo pusieron sobre el pecho a Tati. Cuando ella sintió ese calor y esa sensación pegajosa de la piel provocada por el unto sebáceo, no pudo dejar de llorar y llorar desconsoladamente.

Cuánto hubiera deseado compartir este momento con Sebastián! Pero él no estaba y no estaría nunca. La alegría de la maternidad se vio empañada por la tristeza de su ausencia. No podía dejar de llorar. Decidieron inyectarle un sedante suave.

Pasaron tres días hasta que le dieron el alta. Ambos, madre e hijo estaban perfectamente bien. La lactancia había comenzado a normalizarse. Tati era feliz dando de mamar a su hijo.

Otra vez decidieron volver todos juntos a festejar la llegada del bebé a la nueva casa. Natasha había colgado una banda que cruzaba el living, donde decía BIENVENIDO SEBASTIAN. Estaba llena de corazoncitos. Había preparado una botella de champagne y unos bocadillos salados.

Todos brindaron y bebieron. Tati sólo bebió un mínimo sorbo después de brindar, como un signo de acompañamiento a los demás. Estaba dando su leche al bebé. Ruth se retiró muy tarde de la casa.

Cuando se había cumplido una semana del nacimiento del bebé y Tati debía ir al hospital a controlar la herida de la cesárea, Boris le preguntó a Ruth si podía hacerse una escapada en el horario de hospital, para cuidar al bebé mientras él se encargaba de llevar a su hija.

Natasha estaba muy atareada con el congreso y no podía suspender sus actividades.

-Por supuesto- contestó Ruth orgullosa. -Para eso estamos las abuelas. Para cubrir todas estas necesidades. Cuándo quieres que vaya-?

-Te parece bien a las dos de la tarde?-le preguntó Boris. -Eso me daría tiempo a llegar a horario a la cita con el médico-.

-Me parece bien- replicó Ruth mostrando una gran alegría. – Ya mismo estoy haciendo los arreglos necesarios para que me reemplacen-.

-Serán sólo dos horas o tal vez menos- le contestó Boris, – tú mejor que nadie sabes bien que cuando uno va a una consulta, nunca puede predecirse con exactitud a que hora volverá, pero no creo que nos insuma más tiempo-.

-No te preocupes por eso- le dijo Ruth, - dejaré cubierta mi ausencia por el día de hoy.

Apenas cortó la comunicación Ruth corrió a abrir su bolso. Hacía mucho tiempo que estaba planeando todo. Estaba segura de haber cubierto todos los detalles, pero quería asegurarse que no le faltara nada.


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Edelweys (185 noticias)
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