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Un joven con una invalidez del 51% saca la carrera de Derecho en cuatro años

14/05/2009 13:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Éste es un ejemplo de superación. Lo protagoniza un joven de 25 años que nació con parálisis cerebral, tiene una invalidez del 51% y ha completado la carrera de Derecho en la Universidad de Navarra en los 4 años pertinentes

Nació a las 28 semanas de gestación, lo que le provocó una parálisis cerebral que se traduce en una invalidez del 51%. Le faltó flujo sanguíneo. En boca del médico que lo atendió, sobrevivir sería “un pequeño milagro”. Una vez que vencieron a la muerte, creían que sería un niño desnutrido y que no se podría mover de casa. Físicamente, la discapacidad ha reducido la movilidad del lado derecho de su cuerpo y se ceba con sus piernas, condenándolo de por vida a usar un par de muletas para moverse. Por suerte, las previsiones de los especialistas no se cumplieron y esta incapacidad es lo único que, seguramente, diferencia a Diego López de cualquier otro joven de 24 años, como él. “Soy consciente de mis limitaciones y he aprendido a vivir con ellas. Las compenso con las virtudes que tengo”, confiesa en una entrevista con El Confidencial.

 

Natural de El Salvador y sevillano desde hace siete años, ha conseguido licenciarse en Derecho por la Universidad de Navarra en los cuatro años fijados como plazo mínimo, aunque reconoce que le costó adaptarse al ritmo marcado por la universidad. Una vez terminado el primer semestre fue el único momento en que se planteó renunciar al sueño, pero la confianza que tiene en sí mismo no lo dejó darse por vencido. “Sólo aprobé dos asignaturas y pensé que tal vez no valía para esto. Una profesora me aconsejó que me relajara y me animó a que siguiera para delante. Me convenció de que yo sí que era capaz de llegar hasta el final”. Y lo fue. Ya con el título entre las manos, se congratula a sí mismo por su mérito personal y sabe y quiere ser un ejemplo de superación para otros discapacitados. “Con ganas y constancia se puede conseguir todo”, anima Diego. Cuando subió a recibir el título de licenciado, sus amigos le dedicaron un enorme aplauso único y exclusivo para él. “¿Por qué me hacéis esto? Les pregunté. Por mi sacrificio, me dijeron. Fue el mejor regalo que he recibido nunca”, confiesa todavía emocionado. Y es que cualquier joven universitario sabe lo difícil que es tener la voluntad de estudiar entre 3 y 4 horas diarias. La constancia y la dedicación, en este caso, fueron los avales de su mérito.

 

Eligió la Universidad de Navarra porque ya en El Salvador le dijeron las facilidades que existían en esta universidad para personas discapacitadas. Él no puede subir escaleras y tampoco caminar deprisa. Vivió durante los cuatro años universitarios en el Colegio Mayor Belagua, donde sus compañeros se convirtieron en su mejor impulso para hacerse con su sueño. Por tratarlo siempre como uno más. Porque nadie lo miraba con otros ojos. Hizo botellón, fue de discotecas y el Ron-Cola no le disgustaba. Aunque confiesa que las chicas siguen siendo su asignatura pendiente, confía en que “algún día encontraré a la mujer de mi vida”.

 

Castigado como un hijo más

 

El éxito de ser quien es se lo debe a sus padres, por tratarlo sin diferencia alguna. Es el segundo de cuatro hermanos, y lo premiaban y castigaban como a cualquier niño que traía buenas notas o hacía alguna travesura. Cuando insinuó que quería estudiar en Pamplona, ellos no se lo pensaron dos veces. "Te vas para allá".

 

Dice que todos los días lee la prensa, en papel y online, y asegura que, actualmente, los medios de comunicación se han convertido en el cuarto poder del Estado. “Genera mucha opinión, y hay gente que se deja llevar por lo que dicen los periódicos”. Ya que no puede jugar al fútbol, disfruta viendo los partidos de su equipo, el Real Madrid. “Espero que no nos metan otra paliza como la de la última vez”, bromea. Viaja a Madrid en AVE dos veces al mes para acudir a un curso de derecho deportivo, aunque se enfurece en la capital porque insiste en que no está condicionada para minusválidos. “¿Y quieren celebrar aquí los Juegos Olímpicos? Porque no sé si saben que después llegan los Paraolímpicos, y en esta ciudad el metro, por citar un ejemplo, no está en condiciones para personas discapacitadas”, critica. Lo dice por experiencia. Porque un día que se le ocurrió no coger taxi y moverse por la ciudad en transporte público. Sudó más que nunca y las barreras fueron casi imbatibles. “Llegué. Muy tarde, pero llegué”.

 

Trabaja con su padre en una empresa familiar en el área de recursos humanos, pero su gran pasión es la política y quiere llegar a ser un analista político. Otra vez es consciente de sus limitaciones y sabe que su estado sí le permite trabajar en un despacho. Echa en falta una España de valores, donde se respete a los mayores y a la religión, “que se ha convertido en una institución privada, y creo que tiene el mismo derecho a opinar que a cualquier otra institución”.

 

Para su gusto, a la Ley de Dependencia falta desarrollarla un poco más. No debería centrar toda su atención a las personas mayores. Debería ocuparse también de personas “como yo, de 25 ó 30 años, que queremos trabajar, llevar una vida normal, ser independientes”. Por eso pide que la ley esté dotada de recursos suficientes para que cualquier joven discapacitado “lleve la misma vida que cualquier adolescente”. Trabajar y ser completamente independiente son sus únicas ambiciones. “Aunque ahora, como está el país, veremos a ver si encuentro algo”.


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Apotheke (9 noticias)
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Nota de prensa
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