Klee y CoBrA: Un juego de niños
El pintor Paul Klee ( 1879-1940) es una de esas figuras que sirve para poner rotundamente en cuestión—según cliché bien arraigado en la imaginación popular e ilustrado repetidamente en la cultura contemporánea a través, por ejemplo del penetrante y memorable discurso de Orson Welles en la película El Tercer Hombre (1949)— el supuesto espíritu antiartístico de los suizos, si bien sospechamos que alguien, el propio Welles tal vez interpretando o no uno de sus admirables y sentenciosos personajes, podría tal vez argüir que la mayoría de los grandes artistas suizos, como en efecto fue el caso del propio Klee, deben tradicionalmente abandonar su país para poder florecer como creadores.

Sea como fuere, durante gran parte del siglo XX Klee fue reverenciado consistentemente como uno de los grandes artistas por diferentes generaciones que han tenido su extremadamente libre y original obra como una constante fuente de inspiración y asombro.
El contacto en la primera década del siglo XX con los expresionistas alemanes y los artistas del movimiento Blaue Reiter (Kandinsky, Marc, Macke...) y en la segunda con el colorista Orfismo de los Delaunay y los paisajes de Túnez le hizo abandonar por completo la precisión monocromática y disciplinada de sus primeros trabajos en blanco y negro para abrazar el color con conmovedores imaginación y entusiasmo que le hicieron acreedor del honor de ser incluido por los nazis en la infame lista y exposición de artistas degenerados organizada en Munich en 1937.
Los principios básicos tanto de su producción pictórica como de su sumamente influyente actividad teórica y docente (fue profesor en la Bauhaus de 1920 a 1931) quedan bien expresados en su metáfora del árbol cuyo tronco es el artista. Las raíces crecen según el modelo de la naturaleza (fuente para el artista de formas e ideas), el cual se refleja a su vez en el crecimiento de las ramas y las flores, sólo que en este florecer final que constituye la obra de arte la riqueza del instinto imaginativo del artista ha transformado a la propia naturaleza, desempeñando la improvisación en todo el proceso un papel considerable, pues éste se despliega movido por la fuerza del subconsciente del artista en lugar de ser conscientemente controlado.
La interesantísima exposición que con el título Klee y Cobra: Un juego de niños podrá verse en el Museo CoBrA de Ámsterdam desde el 28 de enero hasta el 22 de abril http://www.cobra-museum.nl/en/home.html explora la sensible influencia que el artista suizo ejerció sobre el grupo internacional CoBrA (nombre formado con las iniciales de Copenhague, Bruselas y Ámsterdam que fue fundado en 1948 con la intención de dar nueva vida al Expresionismo), a través de la mirada que ofrece la profunda fascinación que en ambos tuvo el maravilloso mundo de la imaginación infantil, punto de partida para establecer, a través de 120 obras de Klee y un centenar de CoBrA, diferencias y similitudes entre ambos.
Si usted también se siente atraído por la abismal imaginación de los niños, no deje de visitarla cuando alquile apartamentos en Amsterdam Difícilmente encontrará muchas exposiciones tan seductoramente estimulantes
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Autor: Fernandoar (595 noticias)
Fuente: only-apartments.es
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Tipo: Reportaje
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