La Alegría por los que se van
Mi viaje a USA fue casi imprevisto, por eso nadie lo sabía. La paranoia en que crecí y parte también de superstición me hizo no comentarle a casi nadie sobre mi proyecto de viaje. Los pocos que tenían que saberlo les dije que iba a ir Argentina, (para desviar las malas intenciones) y a los poquísimos que era imprescindible que supieran la verdad jamás les hablé de no regresar (porque ni siquiera yo lo sabía).
De esta forma cuando me fuí hubo pocas despedidas, y las pocas que hubo fueron sencillas porque sólo era por dos semanas. Una vez que decidí cruzar la frontera y ya lo había echo me puse en contacto con mi familia y les informé de las nuevas noticias, y son ellos los que poco a poco han ido dando la noticia.
Lo que me mueve a escribir este artículo hoy es el darme triste cuenta de que todos los amigos que se enteran que estoy de este lado del mar se alegran sinceramente por mí. Lejos de entristecerse porque posiblemente no nos veamos más s alegran de que ya no esté en la isla-prisión. Lo triste es que ya todos los cubanos ven el irse del país como la única forma de prosperar y de crecer en la vida. La esperanza ya no vive en Cuba, se fue en una balsa o simplemente murió. Ahora el futuro está afuera, y así lo ve el pueblo cubano, el pueblo gobernado por unos ciegos o hijos de puta (con perdón de las trabajadoras del gremio más antiguo).
El mayor logro de la dictadura de los Castro es que si el pueblo pudiese se iría en bandadas de la isla y se las dejaría sólo para ellos. Su proeza ha sido matar la esperanza de un pueblo de once millones y eliminarle el deseo de luchar por una vida mejor. Ya la forma instituida de los cubanos es sólo emigrar, a pesar de la distancia, de la separación, del exilio, del cambio de costumbres. El cubano que no puede escapar se alegra por el que lo logra.
Y debía dar vergüenza que el pueblo en pleno quiera abandonar un isla y un modelo condenado al fracaso, pero se empeñan en no ver, o en seguir viviendo a su forma del sufrimiento ajeno. Siento dolor por los que se quedan, por los buenos que se alegran de mi "triunfo" al decidirme a dar este paso, al alejarme de ellos y de los míos buscando poder ser realmente yo. Siento pena por los que quedan y no pueden salir. Y cada vez siento más odio, aunque trate de evitarlo, por los que siguen aferrados al poder y a la mentira sin observar los deseos del pueblo que dicen representar.
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Autor: Enrique Santana (9 noticias)
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Tipo: Opinión
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