La charla del otro día.
Tuve la oportunidad el otro día de mantener una agradable charla con Carlos Andreu (con café, Nestea y pastas incluidos). Abreviando en la descripción de su perfil, diré que Carlos es un tipo que recorre "tropecientos" kilómetros cada semana y que por ello pasa más de dos tercios del año de avión en avión desarrollando su trabajo como Speaker y Consultor.
Según me cuenta, sus jornadas son extensísimas (casi tanto como su envergadura física, añado) y a pesar de ello consigue sacar tiempo para conversar pausada y atentamente con gente como yo.
Cuando terminamos y después de que Carlos se volviera a "tirar" a la carretera, he pensado sobre una de las sensaciones que la charla me transmitió y que mi interlocutor rezumaba por los cuatro costados; la actitud empática.
Se suele pensar que la capacidad de relacionarse con los otros y caer bien es única y exclusivamente consecuencia de una aptitud o cualidad de la personalidad de cada uno y que por tanto, hay gente que la tiene y gente que simplemente... pues no. Yo no digo que realmente no pueda haber cualidades innatas para el famoso "don de gentes", pero a mí no me da el "tarro" para analizar esto.
De lo que no me cabe duda es que la empatía y la capacidad para relacionarse afectuosamente con los demás, son actitudes que pueden y deben desarrollarse (en beneficio de todos). Evidentemente no me refiero a que debamos mantener falsas o impostadas actitudes afectuosas. Me refiero a desarrollar e interiorizar un patrón de conducta basado en el pleno convencimiento y aplicarlo en las relaciones personales.
Para ello, centro en cuatro puntos la cuestión (sin que por supuesto quiera decir que no existan otras muchas alternativas).
1.- La buena educación.
2.- Una sonrisa de vez en cuando.
3.- Ser abiertos y transmitir conocimientos.
4.- Ponerse "en los zapatos" del otro.
Repaso por encima las dos primeras, por que todos conocemos los efectos beneficiosos que provoca la receta de un simple "gracias", un sencillo "por favor" y una pequeña sonrisilla (aunque esto último suene un poco ñoño).
Los dos últimos puntos son para mí la esencia de la empatía. Por desgracia está muy extendida la creencia de que si no compartes tus conocimientos y te mantienes encerrado con ellos, tomarás una posición ventajosa con respecto a los demás... "Si solo yo lo sé, nadie me adelantará y todos me seguirán... "Probablemente así será en el corto plazo, pero está situación seguramente durará poco. Si actuamos de la forma totalmente contraria, esto es, nos abrimos y compartimos con los demás aquellas cosas que entendemos que pueden ser beneficiosas para los dos, todos salimos ganando y esto provocará un efecto sorprendente en tus relaciones.
Por último propongo un ejercicio no sin dejar de reconocer que ponerlo en práctica desde la sinceridad es una tarea ciertamente difícil; Ponerse en "los zapatos" del otro. La dificultad se ubica en que, inconscientemente, todos tratamos que los demás nos comprendan a nosotros, sin ni tan siquiera intentar pensar desde el punto de vista del otro. No se trata de doblegarnos. Es simplemente considerar la otra postura. Como he dicho antes, esto causa un efecto sorprendente. ¡¡Funciona!!
Gracias Carlos.
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Sobre esta noticia
Autor: Álvaro Iglesias (26 noticias)
Fuente: alvaroiglesiasalvarez.blogspot.com
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Tipo: Reportaje
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