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La cobardía del presidente

10/09/2010 15:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La valentía, el arrojo, dar la cara por cualquier causa justa es una virtud que, evidentemente, no adorna en absoluto la personalidad de José Luis Rodríguez Zapatero. Y tratándose del presidente del Gobierno, debiera ser esta la principal cualidad que destacara en todas sus actuaciones oficiales. En su lugar, en cambio, da muestras de estar tremendamente lleno de cobardía, de miedo cerval a las críticas y a la contestación pública. Le sobra presunción y petulancia y le falta la necesaria humildad para enfrentarse con éxito a los problemas diarios que ofrece el ejercicio de Gobierno. Además, él es plenamente consciente de que no da la talla para desempeñar el cargo que ocupa.

A pesar de sentirse incapaz para desarrollar dignamente las funciones asignadas a la presidencia del Gobierno, Rodríguez Zapatero quiere pasar a la historia como un consumado hombre de Estado, a años luz de cualquiera de los que le han precedido en el cargo. De ahí que, ayudado por asesores áulicos, quiera labrarse esa imagen de personaje único e insustituible, lo que le ha llevado muchas veces a hacer el ridículo, dentro y fuera de nuestras fronteras. Da a entender que no anda muy sobrado de luces, lo que le lleva a evitar tener gente a su lado que pueda hacerle sombra. Con tal fin, desde un principio, se rodeó de simples bachilleres y de personas claramente mediocres, obedientes, eso sí, y prestas a escuchar la voz de su amo. Buscó un sectarismo excesivo y sumiso y ese es su primer error.

Plenamente endiosado, tan pronto pisa la moqueta de La Moncloa, comete otros dos errores garrafales, de desastrosas consecuencias para la economía y la convivencia españolas: comprar a los sindicatos la paz social y la desgraciada negociación con ETA. Para la compra de la paz social, Zapatero, de momento, lo tenía muy fácil. José María Aznar le dejó la caja muy bien provista de caudales públicos. CC.OO y la UGT comienzan a recibir enjundiosas cantidades de dinero de los españoles a cambio de comprensión y docilidad. De hecho, Ignacio Fernández Toxo, y sobre todo Cándido Méndez pasan a ejercer prácticamente de ministros en la sombra, con más poder de decisión incluso que los propios ministros. Descuidando, eso sí, lo que debiera ser su principal ocupación, la defensa de los trabajadores.

Aún no ha podido demostrarse que detrás de la encubierta negociación con ETA haya algo más que el deseo de apuntarse el tanto de la desaparición de la banda. Pero la sospecha de cierta connivencia con los terroristas, en la voladura de los trenes de aquel fatídico día 11 de marzo de 2004, sigue ahí tremendamente amenazadora. Podemos dirigir a Rodríguez Zapatero, con toda propiedad, la frase aquella que Cicerón dedicó a Marco Antonio en la primera de sus filípicas: "Atque utinam ut culpam, sic etiam suspicionem vitare potuisses!". Que en idioma vernáculo dice así: "¡Ojala hubieras podido evitar la sospecha como evitaste la culpa!". Algún día sabremos toda la verdad sobre aquellos estremecedores hechos, quién fue su autor o autores intelectuales, y a qué se debe que se ocultaran pruebas y se crearan intencionadamente otras pistas falsas para condicionar las conclusiones en un sentido determinado.

Pero Zapatero antes de salir del último charco, ya ha metido los dos pies en el siguiente. Desde su llegada a La Moncloa, poco a poco, ha ido alejándonos de los países de nuestro entorno, con los que habíamos llegado a tutearnos y de los que podíamos esperar algún tipo de ayuda. De ser un país influyente, con voz propia en los organismos internacionales, pasamos a ejercer de simples comparsas. Eso sí, simultáneamente y de la mano de Rodríguez Zapatero, comenzamos a estrechar lazos con otros países bananeros, donde no se escucha más que la voz del tirano de turno y sus secuaces. Y esto nos ha costado mucho dinero. Son muchos los millones que llevamos enterrados, por supuestas cuestiones ideológicas, en los países sojuzgados por los hermanos Castro, por Chaves y por Evo Morales entre otros.

Actualmente mantenemos unas relaciones atípicas con Marruecos, nuestro especial vecino del sur. Debido a la falta de coraje de José Luis Rodríguez Zapatero, el sultán de Marruecos se ha crecido y ha terminado por tomar la medida a nuestro presidente. Lo intentó con Aznar, pero éste, con la venia de Estados unidos, le puso en su sitio sin miramiento alguno. Mohamed VI sabe que con Zapatero no corre ese riesgo y, en consecuencia, cuando quiere conseguir algo, envía a sus esbirros a causar problemas en Ceuta y sobre todo en Melilla. No importa cuál sea la disculpa. Pueden ser unas mujeres policías, un falso mal trato a ciudadanos de Marruecos o un ocasional apoyo a los saharauis.

La reacción ante una de estas simuladas disculpas no se hace esperar. O bien se bloquea la entrada de alimentos a Melilla, o comienzan a aparecer abundantes pateras, bien cargadas de subsaharianos. Y si llega el caso, se maltrata brutalmente a los canarios que se atrevieron a tomar partido por la causa del Sahara. El sultán sabe que el truco es infalible. A parte de otros engaites, este tipo de gorroneo le ha dado muy buenos resultados. Para enderezar el entuerto, el Gobierno español cede una y otra vez y va haciendo concesiones a cambio de promesas que invariablemente, o no se cumplen o se cumplen de un modo muy precario. Ahí está, como ejemplo, la repetida promesa de crear dos comisarías conjuntas. La dejadez y la indolencia de Zapatero nos han costado a los españoles, durante estos tres últimos años en suelo marroquí., más de 700 millones de euros, empleados oportunamente en la mejora de infraestructuras

La cobardía de Zapatero es similar a su deseo de labrarse una imagen particular impecable, revestido de todas las cualidades atribuibles a los grandes e insustituibles estadistas, y aún más si cabe. De ahí que rehúya el enfrentamiento con la prosaica realidad, que aparece tozudamente en la vida de cada día. Ya dio muestras sobradas de este complejo absurdo, cuando se empeñó una y otra vez en negar la evidencia de nuestra crisis económica. Supondría que aceptar la verdad podría salpicarle de algún modo. Llegó incluso a frivolizar, tildando de poco patriotas y malos españoles, a los que afirmaban tal circunstancia. Según su apreciación, nuestra economía era, aún en 2008, una de las más solventes de la Unión Europea.

Es la misma circunstancia la que le ha llevado a afirmar, una y otra vez, que nuestros soldados en Afganistán están allí exclusivamente en misión de paz, cumpliendo más o menos las funciones propias de una ONG cualquiera. Los casi cien militares fallecidos en ese escenario bélico, pertenecientes al Ejército y a la Guardia Civil, murieron como consecuencia de un accidente o víctimas de un incomprensible acto terrorista. La realidad es muy distinta. Los mismos militares, que allí defienden valientemente su libertad y la nuestra, confiesan sin ambages que aquello es una guerra declarada, tan cruel y peligrosa como cualquier otra guerra reconocida.

A parte de no valorar en toda su dimensión el mérito de los militares que han dejado allí su vida al servicio de la libertad, encima, evita asistir a sus funerales de Estado. Con el de los dos últimos miembros de la Guardia Civil que murieron en Afganistán, son ya cinco consecutivos a los que no ha asistido. Teme –y por algo será- la posibilidad de alguna protesta o recriminación contra su persona. El temor a que alguien pueda increparle o abuchearle, es algo superior a sus fuerzas. Ya no asiste ni a la fiesta minera de Rodiezmo, donde otros años cosechaba abundantes aplausos ya que, como actualmente no tiene nada que vender, teme una reacción adversa hasta de su propia gente. Se inventa cualquier escusa para no asistir y se acabó el problema.

Otra muestra palpable de la cobardía innata de Rodríguez Zapatero la tenemos en el trato de guante blanco que tiene su Ejecutivo con los terroristas y los piratas. Los españoles figuramos desgraciadamente en la agenda de estos desalmados para ser objeto de un posible secuestro, ya que saben que España, en la actualidad y sin demasiados remilgos, ofrece pingües cantidades de dinero público por la liberación de los secuestrados. No importa que se trate de un barco pesquero que faena lejos de nuestros mares o un grupo de cooperantes.

La cobardía de Zapatero llega hasta tal extremo, que es incapaz de dar la cara por los intereses de España y de los españoles. A la hora de tomar una decisión, optará siempre por una ambigüedad claramente calculada e hipócrita. Es su manera habitual de afrontar sus obligaciones institucionales para aparentar que es, lo que desgraciadamente no es.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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